Aniversario

El récord fallido de Induráin 30 años después

El plan Colombia de Induráin contemplaba los dos mundiales, y una tentativa de récord de la hora. Había que aprovechar su buena forma y la altitud. Fue el 15 de octubre en Bogotá. El reto era batir los 55,291 km de Rominger. No pudo ser

IMiguel Induráin, en el récord de 1995.
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IMiguel Induráin, en el récord de 1995.EFE (AGENCIA)
IMiguel Induráin, en el récord de 1995.

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Luis Guinea

Publicado el 14/10/2025 a las 22:39

La jugada era maestra. Aprovechar la preparación de un mes en Colorado para el Mundial de crono (1º) más el de línea (2º) y hacer una tentativa de récord de la hora, pero en altura. Miguel Induráin había establecido en septiembre del año anterior una marca (53,040 km) en Burdeos que fue superada por Tony Rominger en dos ocasiones en ese mismo escenario: 53,832 km 50 días después; 55,291 km el 5 de noviembre. Un gran desafío. 

El escenario escogido por José Miguel Echávarri y el staff técnico del récord fue el velódromo Juan Carlos Galán en Bogotá, a 2.640 metros de altitud. Una pista descubierta de 333,3 metros de cuerda con firme de hormigón. Allí se habían celebrado unas semanas antes el Mundial de Pista con resultados muy buenos. Induráin tuvo una semana para hacerse con el nuevo escenario. Fueron de Duitama a Bogotá, para aclimatarse a la pista y las condiciones de la nueva Espada, una versión evolucionada de la del récord de Burdeos. Miguel hizo probatinas los días 11, 12 y 14 de octubre en el Juan Carlos Galán. A diferencia de Burdeos, eran test de 14 kilómetros en tiempos de récord, no una hora completa. A todo esto se sumó un factor determinante. Empeoró la meteorología, con lluvia y viento esos días. “Creo que tuvimos muy mala suerte con el tiempo, porque pocos días antes en ese mismo velódromos consiguieron muy buenas marcas con muy buen tiempo”, recuerda Miguel Induráin. “No fue una situación fácil, porque era un velódromo descubierto, pegaba mucho el aire... tenías por un lado el beneficio de la altitud, pero las condiciones de tiempo no eran buenas, con ese aire no se podía rodar”. Induráin y su equipo iban contrarreloj en todos los sentidos. Era complicado sostener muchos días más una buena condición física, y la meteó tampoco acompañaba con frío, peligro de lluvia y viento racheado. Así que se optó por una tentativa el 15 de octubre a las seis de la mañana para buscar mejores condiciones. 

“Según me contó Sabino Padilla, que al ser un velódromo descubierto hubo que hacer el intento muy temprano para evitar el viento que se levantaba por la mañana. Sabemos que a nivel fisiológico ese no es el momento más adecuado para que el organismo de un deportista alcance su máximo rendimiento. Por otra parte, se partía de la base teórica de que el equilibrio entre las ventajas aerodinámicas y las desventajas fisiológicas de aquella altitud serían positivas. Pero existen dudas de que a esa altitud sea posible mantener el mismo porcentaje del esfuerzo máximo que a nivel del mar”, explica el fisiólogo Iñigo Mujika, que colaboró con el récord de 1994, no con el de 1995.

Miguel Induráin en el momento de abanonar el récord.
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Miguel Induráin en el momento de abanonar el récord.EFE (AGENCIA)
Miguel Induráin en el momento de abanonar el récord.

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UNA SOLA PRUEBA 

El día de competición número 67 de Miguel Induráin de la temporada 1995 comenzó pronto. La tentativa fue a las seis, con una temperatura inferior a los 10 grados y una humedad del 92%. Montaba la versión mejorada de la Espada, un buzo y casco especiales evolucionados. Montó un plato de 62 dientes y un piñón de 14. José Miguel Echávarri coordinaba el operativo, con Sabino Padilla y López Cerrón controlando los tiempos, y Pruden se situaba en un punto u otro del velódromo para informar de los tiempos.

 El pentacampeón rodó en tiempo de récord durante los cinco primeros kilómetros. Pero a partir de ahí su rendimiento fue cayendo. Miguel Induráin se paró a los 31:40 minutos. Había rodado 28,33 kilómetros a un promedio de 53,525 por hora. Acumulaba un retraso de un minuto respecto a la marca de Rominger.No podías rodar bien, porque en una recta del velódromo me daba el viento a favor e iba bien, pero en el otro lado me daba viento de cara y me frenaba. En un récord de la hora es clave coger un buen ritmo, y ahí no era posible”, explica Induráin. “Si las condiciones llegan a ser buenas creo que podría haber hecho mejor marca que en Burdeos. Pero para hacer un buen récord tendría que hacer una preparación específica más larga, trabajar más la aerodinámica... No era fácil”.

Tabla con los récords de la hora desde septiembre de 1997 hasta el último, de octubre de 2022
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Tabla con los récords de la hora desde septiembre de 1997 hasta el último, de octubre de 2022DN
Tabla con los récords de la hora desde septiembre de 1997 hasta el último, de octubre de 2022

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 Después de aquel intento fallido, José Miguel Echávarri y el staff técnico de la intentona trató de convencer a Miguel Induráin para que hiciera una nueva prueba en el velódromo de Cali, el Alcides Nieto que es cubierto, y está a menos altitud. El pentacampeón de cerró en banda. No quiso. Su deseo era volver a Pamplona. Le esperaba su mujer, Marisa López de Goicoechea que estaba embarazada de su primer hijo. “Dijeron de ir a un velódromo cubierto y eran otras dos semanas, y les dije que no. Llevaba mucho tiempo allí, y empezaba a entrenar siempre el 1 de diciembre y era prácticamente unir dos temporadas, y eso no. Es que llevaba ya con todo el año encima, y estaba muy cansado”.

Induráin, con el modelo Espada IV en Colombia.
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Induráin, con el modelo Espada IV en Colombia.EFE (AGENCIA)
Induráin, con el modelo Espada IV en Colombia.

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El ambiente de inseguridad de Colombia que tampoco ayudó

La experiencia colombiana de Miguel Induráin tanto en los campeonatos del mundo como en el posterior récord de la hora, tuvo un factor determinante. El país vivía en un clima de inseguridad importante, que obligaba a los ciclistas a salir a entrenarse con escolta de la policía o del ejército. Y que además les obligaba a una rutina que acabó siendo dura de llevar. Del hotel a entrenar, y de entrenar al hotel. No se podía salir a la calle por cuestiones de seguridad. “El ambiente en Colombia era tenso, íbamos todo el día con protección por lo que podía pasar. Solo salíamos para entrenar y el resto del tiempo estábamos encerrados”, comentaba. “Entre una cosa y otra el proceso se me hizo muy largo”.

La penúltima Espada, la del récord de la hora de 1995

Miguel Induráin empleó en octubre de 1995 el modelo IV de la mítica Espada de Pinarello. El peso de la bici empleada en Colombia era muy similar al de Burdeos, con 7,2 kilos de peso. Era más fina que la que se usó en el récord de Burdeos. El desarrollo de 1994 fue un 59 de plato por 14 de piñón, mientras que en Bogotá en altura y al aire libre se usó un plato de 62 dientes. Aquella bici, que descansa hoy en la sede de Pinarello en Treviso y que tiene una réplica -de repuesto- en Pamplona, fue la penúltima evolución de la Espada. Entre 1995 y 1996 se adaptó el modelo para las contrarreloj de carretera con la que ganó etapas en el Dauphiné.

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