El día más duro y feliz de Unai

El estellés Unai Esparza corrió ayer por primera vez el G.P. Induráin. No pudo coger el avituallamiento, llegó el último pero llegó

Unai Esparza, rodeado de familiares y amigos este sábado 30 de marzo por la mañana en el control de firmas de la Plaza de los Fueros./
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Unai Esparza, rodeado de familiares y amigos este sábado 30 de marzo por la mañana en el control de firmas de la Plaza de los Fueros./
Unai Esparza, rodeado de familiares y amigos este sábado 30 de marzo por la mañana en el control de firmas de la Plaza de los Fueros./

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Luis Guinea

Publicado el 31/03/2024 a las 05:00

Desde que tiene uso de razón, Unai Esparza Garín -ciclista profesional del Illes Balears de 23 años- no ha fallado ni una sola vez al Gran Premio Miguel Induráin. Hasta 2024 había sido como espectador, aficionado, colaborador de la organización... Esta vez fue el dorsal 201 en su primera edición como participante. Fue un día tan duro como inolvidable.

Unai Esparza fue protagonista en Estella, porque se notó el cariño que le tiene la gente. Su familia y su grupo más íntimo de amigos se presentó en la salida con una camiseta conmemorativa que rezaba Aupa Unai. En un balcón de la Plaza de los Fueros habían colgado una lona grande con un retrato del ciclista y la leyenda Aupa Unai. Una expresión que apareció pintada por muchos puntos de los 198 kilómetros del recorrido. En el momento del control de firmas el Illes Balears fue la última formación en presentarse, y Juan Mari Guajardo -el speaker de la prueba- tuvo una mención especial para él.

SIN AVITUALLAMIENTO

Esparza tenía la ilusión de haber cogido la primera escapada de la carrera para pelear por alguna clasificación parcial. Pero no pudo ser. Solo le quedó intentar aguantar el trote que marcó el pelotón a la caza de los fugados. Tal fue la intensidad, que en el avituallamiento no pudo coger la bolsa. Se había llevado para media carrera cuatro geles (cogió otro gel tras pinchar), dos barritas energéticas. No pudo coger la bolsa en la que había otras dos barritas, dos geles y dos pasteles de arroz, el combustible para la segunda parte de la prueba. En Riezu se cortó del grupo, y terminó llegando a Estella a 17 minutos de McNulty, con un pajarón tremendo. Tan grande como su felicidad.

“He terminado reventado, porque no he podido coger el avituallamiento y he terminado como he podido. Menos mal que Sergio Chumil, del Burgos, me ha dado una barrita en Erául que me ha sabido a gloria”, decía ayer Esparza. “Es la carrera más dura que he hecho en mi vida. Nunca había hecho tantas horas. Ha sido durísimo, pero es la mejor experiencia de mi vida. Ha sido increíble, he salido emocionado, era increíble ver el aupa Unai por todos sitios. Ha sido un día muy bonito para mí”.

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