Liga Asobal
Domínguez y Ortega, duelo de miradas y alta tensión entre los técnicos


Actualizado el 23/11/2024 a las 22:40
No es habitual ver a Quique Domínguez tan crispado. Por eso, sorprende más el final que se ha vivido este sábado 23 de noviembre entre los dos banquillos tras el partido que ha enfrentado a Helvetia Anaitasuna y Barcelona (31-38) en la décima jornada de la Liga Plenitude Asobal. Duelo de miradas, una advertencia arbitral y la negación de saludos han hecho evidente las ‘chispas’ que han saltado entre el técnico gallego y Antonio Carlos Ortega.
Un tiempo muerto solicitado por el azulgrana a falta de 5 minutos, con un claro 28-36 en el electrónico, no gustó un ápice al del Helvetia, quizá entendiéndolo como una falta de respeto -una de esas 'leyes no escritas' en el mundo del balonmano afea el para el encuentro cuando está ya más que encarrilado-. Domínguez no reunió ni habló entonces a su plantilla -“he entendido que no había nada que decir, estaban jugando bien”, decía el entrenador pontevedrés después del choque- e iniciaba un duelo de miradas con el entrenador del otro banquillo, desentendiéndose del juego y manteniéndole la mirada a Ortega sin decir nada durante bastantes segundos.
Una tensión tan evidente que el árbitro José Manuel Iniesta decidía parar el duelo y se acercó al banquillo de Anaitasuna para advertir al local. “No sé qué está pasando pero para...”, dijo. Al del Barça, ni palabra.
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Ése fue el fin del duelo visual, con Ortega recriminándole al local qué era lo que miraba con tanta insistencia. Pero, al minuto del tiempo muerto azulgrana y con Petrus viendo la roja directa tras un golpe en el rostro a Alonso, Domínguez decidía ser él quien parase el encuentro. Preparó una jugada y su equipo buscó un 'doble fly' en ataque, un recurso táctico que es una jugada espectacular pero que suele 'doler' a la defensa del equipo a quien se lo hacen y que, en este caso, no acabó en gol por muy poco. ¿Una respuesta en la pista al gesto de pedir tiempo muerto yendo con el duelo tan encarrilado?
Aún más. Al acabar, la tensión no decreció. El técnico local, muy serio, negaba el saludo al meta Emil Nielsen -¿quizá recordando que éste no aceptó las disculpas de Albizu tras un balonazo y le despachó con quejas destempladas?- y al acercarse para hablar con Ortega, éste le apartó la mano con un gesto despectivo antes de dirigirse a vestuarios. “No he dicho nada, no sé qué habrá entendido pero yo he estado muy tranquilo. Somos muy respetuosos con el equipo rival, con el técnico rival, con el portero rival... Máximo ‘fair play”, decía el del Helvetia tras la finalización del duelo.