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Entrevista
Helvetia

Quique Domínguez: “Cada día que pasa, estoy más convencido de haber acertado”

La pasada primavera, en pleno confinamiento, aceptó el reto de dejar Galicia y tomar las riendas del Helvetia Anaitasuna. Licenciado en Historia del Arte, afirma que está “disfrutando” tanto en el vestuario navarro como en su vida fuera de él

Foto de Quique Domínguez en la iglesia de Santa María de Eunate
Afable y directo en sus respuestas, Quique Domínguez no dudó en acudir a la iglesia de Santa María de Eunate. Una joya del románico, un estilo del que el gallego es “un enamorado”.
Actualizada 26/12/2020 a las 06:00

Es un entrenador atípico. Rompe esquemas, dentro y fuera de la pista. Y, por eso, que mejor que una entrevista en un escenario atípico. Ni un polideportivo, ni un vestuario... Enrique 'Quique' Domínguez Munaiz responde directo y muestra su faceta más personal junto a la arquería de la iglesia de Santa María de Eunate. Una peculiar joya del románico que él, licenciado en Historia del Arte y apasionado de ese estilo, ya había visitado previamente. Unos meses en Navarra que, además de cerrar la primera vuelta de la Liga Asobal con su equipo entre los ocho mejores, le ha permitido descubrir y disfrutar de otros lugares como San Miguel de Aralar, Ujué, Leyre, Olite, Javier, la Selva de Irati, la Foz de Lumbier...

Eunate es, además, punto de unión y referencia en el Camino a Santiago. Un camino que Domínguez, pontevedrés y residente mucho tiempo en la ciudad del Apóstol, decidió realizar a la inversa el pasado abril, en pleno confinamiento y con la incertidumbre por la covid-19, para tomar las riendas del Helvetia Anaitasuna de Asobal.

Ya conocía Eunate...
Sí. Ya había estado visitándola. La verdad es que he aprovechado para moverme y conocer distintos lugares. Soy un enamorado del arte y, especialmente, del románico. Aquí en Navarra tengo para ver y disfrutar casi en cada esquina. Conocía la naturaleza y el arte que me podía encontrar aquí, pero hasta que no llegas y lo ves, no te das cuenta ni lo valoras como se merece. En cuanto pude, me hice mis excursiones para, como dicen mis hijos, ‘ver piedras’. Me encanta. Y también, para disfrutar de la naturaleza. Es una preciosa combinación. Cuanto más conozco esta tierra, más me gusta. Y, pese a la situación tan rara de estos meses, la gente con la que me he encontrado me ha parecido fantástica. Habré tenido mucha suerte o no, pero me he encontrado con gente muy amable, muy llana y de fiar.

Arte. ¿Se veía como profesor?
(Ríe). Sí, sí. Cuando estaba estudiando sí. Era una posibilidad real y en la que me veía. Pero ya estaba jugando y, enseguida, llegó la oportunidad de ser entrenador sin tiempo intermedio. Y hasta hoy.

Salir de Galicia, en plena pandemia, con la incertidumbre de qué iba a pasar... y a dirigir a un equipo renovado, muy joven, que recortó su presupuesto, en una liga con cuatro descensos... No era un reto fácil. ¿Ha dudado alguna vez de haber acertado con la decisión?
Era un reto importante, pero, a la vez, también muy atractivo e ilusionante. ¿Dudas? Cada día que ha pasado desde entonces, más convencido estoy de que tomé la decisión acertada. Estoy encantado y disfrutando. Trabajando mucho también y tratando de dar lo mejor que tengo para que el equipo crezca y para que este proyecto, a medio plazo y al que hay que dar tiempo, pueda seguir adelante con fuerza. Pero me siento muy a gusto en el club, en el equipo pero también en Pamplona y en Navarra, donde ya había tenido muchas oportunidades de visitar. Está siendo una experiencia muy bonita y me siento muy feliz. Y si encima lo deportivo no va mal...

Ha sido un año distinto y muy difícil para todos. En su caso, con la incertidumbre sobre el desarrollo de la liga, los distintos aplazamientos... ¿cómo lo está viviendo?
En ese sentido creo que soy una persona que me adapto relativamente bien. Vine ya con la mentalidad de que nos tocaba vivir un tiempo atípico a todos y, que por lo tanto, había que irse adaptando a todo lo que nos fuese sucediendo. Algunas cosas se podían prever o intuir, otras no tanto. Pero que tenía que ir resolviendo los problemas según se fuesen planteando. Y eso mismo también lo logramos interiorizar dentro del equipo y del club y, en vez de ir creando problemas, los hemos ido tratando de resolver lo mejor que hemos sabido o podido. Estando unidos con un horizonte y un objetivo muy claro, superando esos obstáculos que, por otra parte, no son solo nuestros. Los tiene todo el mundo, en distintos ámbitos y afectan a muchos sectores.

¿Y a nivel personal? Todo ello lo ha sufrido además con la familia lejos y con las distintas restricciones que se han ido produciendo...
Sí es verdad que tener la familia lejos es uno de los grandes inconvenientes de esta profesión pero, por otro lado, si en la parte profesional y humana estás agusto, eso ayuda a sobrellevar mejor la ausencia. He podido escaparme un par de fines de semana a verles aprovechando algún aplazamiento, ellas pudieron venir también unos días en agosto... Además, con las tecnologías, hablo todos los días con mi familia y mantengo el contacto. Y estar aquí no es como estar en Arabia. Es mi segunda experiencia fuera de Galicia, y la distancia se lleva mejor cuando estás identificado y trabajando respaldado y agusto. La primera experiencia no fue bien. Fueron cinco meses consecutivos duros y en los que tenía la sensación que no estaba en el lugar adecuado. La de ahora, desde luego, no está teniendo nada que ver. Es todo lo contrario. Aquí tengo la sensación de estar donde quiero estar y me siento querido y respetado.

¿Qué tal se lleva Quique Domínguez con las tecnologías? Sí suele escribir y responder en su perfil de Twitter (@EMunaiz)...
No soy muy bueno, la verdad. Cuando me fui a Arabia me aconsejaron que me abriese la cuenta de Twitter. Y desde entonces procuro escribir, siempre desde el máximo respeto e intentando que sean comentarios en positivo. Pero es como todo. Las tecnologías y, en este caso, las redes sociales tienen una parte muy buena y que puede ayudar y servir mucho. Pero tiene otra faceta: quienes aprovechan para dar caña y y soltar bilis. Yo intento estar siempre en la primer grupo.

Es de carácter tranquilo. Pocas veces se le ve perder los nervios, por ejemplo, en el banquillo...
Soy bastante sereno en el banquillo sí, bastante tranquilo. Pero también tengo una parte bastante emocional. Y la dejo salir bastante en las charlas con los jugadores. Te voy a contar una anécdota sobre mi última exclusión...

Por supuesto, dígame.
La última vez que vi una exclusión fue en el última temporada en Teucro. Hace 3 años. Un árbitro, en apenas 5 segundos, me sacó la amarilla, la exclusión y la tarjeta roja. Y hace unos días, en un partido de liga, volvimos a coincidir. No nos habíamos visto en este tiempo. Se acercó antes del duelo y me dijo que llevaba tres años que tenía que hablar conmigo. Que quería disculparse porque aquel día perdió los nervios, que tenía que haber estado más frío y no echarme como hizo. Fue un momento muy bonito, muy especial, y que le agradecí muchísimo, de corazón.

Fuera de los entrenamientos y del pabellón, ¿cómo es su día a día?
Yo desconecto. Tengo muy claro que hay vida más allá del balonmano y para mí es fundamental dedicar tiempo a otras actividades y no estar todo el día viendo partidos de balonmano, hablando de balonmano... Evidentemente hay una parte importante del trabajo que nunca dejo y a la que dedico mucho tiempo. Pero si tengo un rato para irme a conocer Navarra, para ir al cine, al teatro Gayarre, ver alguna exposición... trato de hacerlo. Me viene bien para mi cabeza. E intento mantener una rutina

¿Cuál es a grandes rasgos?
Me gusta hacer ejercicio, ir a correr o al gimnasio a hacer pesas. Una horita y media. Antes de ponerme ya a trabajar, a estudiar al rival o a preparar las sesiones de la semana, me voy a Anaita, al paseo del Arga o a la Vuelta del Castillo y hago mis kilómetros, mi ejercicio. Ya en casa cocino mal y pronto, no me gusta, pero sobrevivo perfectamente. Y luego ya a las tardes voy a Anaitasuna para seguir con el trabajo. Una vida entre semana bastante rutinaria pero que llevo bien.

Entrenamientos, viajes, partidos... Antes como jugador y ahora como entrenador. ¿El deporte le ha obligado a sacrificar mucho?
No, no tengo esa sensación. Me siento un privilegiado por poder dedicarme a lo más me gusta, a lo que amo tanto. La verdad. El balonmano ha sido mi vida. Desde los 6 años, desde el colegio, estoy jugando al balonmano... Es lo que mejor sé hacer y donde más agusto me encuentro en este mundo. Cierto que, ahora al estar más lejos, sacrificas el poder estar con la familia, tener ese día a día con mi mujer y mis hijos... Pero seguro que no va a ser definitivo, va a ser temporal. Y el balonmano me ha dado mucho, me ha hecho crecer. He tratado de irme formando, de sacar experiencias mejores y peores de cada sitio...

¿Cómo fue el salto de dar el salto de uno a otro lado, de pasar de jugador a entrenador?
Pues la verdad es que me costó. Pasé a entrenar a muchos jugadores que, hasta un día antes, eran mis compañeros. Y alguno tuve que decirle que no seguía en la plantilla que se hizo al año siguiente... Fue un salto difícil. Hay que pensarlo bien . Las decisiones, todas, las medito mucho. Pero una vez que la tomo, hago todo lo posible para que sea buena. Y creo que así ha sido. Aquel primer año, además, ascendimos a Asobal...

Es un experto en ascensos...
Sí. Tengo el récord mundial en ascensos a Liga Asobal (ríe). He vivido 8. Tres como jugador, dos en Teucro y uno en Octavio, y otros cinco como entrenador, tres en Octavio y dos en Teucro.

Y también muy fiel a sus equipos. Apenas ha cambiado y sus experiencias han sido largas. ¿Le gustaría que en Anaitasuna fuese así?
Por supuesto. Sin ninguna duda. Me encuentro tan agusto y tan identificado con el club, con el proyecto y con las personas que me rodean que me encantaría estar muchos años. Siempre he pensado que es bueno que haya estabilidad en la plantilla y cuerpo técnico pero, a partir de ahí, son decisiones que no me tocará tomarlas a mi. El trabajo e, inevitablemente, los resultados irán marcando esa posibilidad.

SUS DATOS

Nombre: Enrique Domínguez Munaiz.
Nacido en: Pontevedra, el 26 de enero de 1969 (51 años).
Familia: casado con Diana, tiene tres hijos: Clara (22 años), Gonzalo (19) y Natalia (14). Segundo de 14 hermanos, cinco han sido jugadores de balonmano al igual que su padre, que jugó en el Teucro. Ahora su sobrino Carlos Álvarez (Cisne) sigue la ‘tradición’.
Estudios: licenciado en Historia del Arte en la Universidad de Santiago.
Como jugador: extremo derecho, como cuatro de sus hermanos. Jugó en el Teucro de 1987 a 1998 y en el Octavio Pilotes Posada, de de 1998 a 2002.
Como entrenador: de 2002 a 2014 dirigió al Octavio, de 2014 a 2018 al Teucro y, posteriormente, estuvo 7 meses en el Mudhar árabe antes de regresar al Atlético Novás (2019). Ésta es su primera temporada en el Helvetia Anaitasuna.
“Cuando hablo delante de mis jugadores me abro en canal”

 


Los jugadores han destacado el buen ambiente del vestuario esta campaña. Ellos contentos con usted y usted consiguiendo lo que quería del equipo...

Hemos trabajado mucho esa parte. Muchísimo. Un equipo cohesionado, unido, ayuda a hacer mejor las cosas en la pista. Es en lo que creo y los jugadores también lo han hecho, y han aportado muchísimo. Hay un nivel de comunicación y confianza que cada vez ha ido a más y que nos ha hecho ser un equipo sólido y muy muy cohesionado. Y ha habido muchos partidos en lo que eso se ha visto ese grado de implicación, esa unión. Pero ha llevado tiempo, hemos hecho muchas sesiones de team building, de coaching, muchas reuniones y conversaciones. Y ese trabajo ha dado como fruto un equipo en mayúsculas, como lo suelo escribir, un equipo muy grande que todavía tiene que crecer más.

¿Le da miedo no poder mantener el grupo en próximas temporadas? Cancio y García han renovado, pero Anaitasuna es un club que no tiene el potencial de otros...
Es una realidad. Está ahí y puede ocurrir. Somos un club que, en determinados escenarios, no podremos competir. Pero también hay que pensar que las cosas se están realizando razonablemente bien como para que haya continuidad, que no se den muchos cambios. Eso siempre da buenos resultados. Es lo que me gustaría pero hay jugadores que llaman la atención, que están en el escaparate.

¿Qué porcentaje cree que debe tener un entrenador de psicologo?
Le doy mucha importancia a ese plano emocional y anímico. Pero lo primero que un técnico tiene que tener muy claro es que entrena a personas. En este caso a un grupo variado de jugadores de balonmano, de distintas edades, procedencias y con diferentes y formas de pensar y circunstancias. Todo lo que tú les vayas trasmitiendo y contando, en mi caso, sólo puede ser desde el convencimiento absoluto y desde la máxima sinceridad. Delante de ellos, me abro en canal. Me lo preparo mucho e intento ser coherente. Si les digo algo no es porque toque decirlo o quede bien. Si lo digo, el primero que lo va a intentar aplicar soy yo.

Sus charlas motivacionales están siendo muy bien valoradas...
(Ríe). Las cuido mucho. Cogiendo citas, estando atento a lo que dicen los jugadores, a lo que veo en ellos, al momento del equipo, según el rival... Hay mucho que me aporta para desarrollarlas. Me gusta y disfruto preparándolas y disfruto realizándolas, sobre todo cuando veo el brillo en los ojos de los jugadores... Es un momento increíble.

Le gusta sorprender. Tanto en la pista al rival como a sus jugadores en las charlas...
(Ríe). Sí, sí. La verdad.

Horas antes del verse con el Bidasoa, pidió ‘ayuda’ a la plantilla...
Sí. Esa mañana avisé en el grupo de Whatsapp y les dije que había perdido, que no encontraba, mis apuntes sobre el Bidasoa. Y así comenzaron a llegar mensajes con lo que cada uno recordaba o le había llamado más la atención. Que si había que estar atento a tal situación, que este jugador suele hacer esta acción, que juegan tal cruce en ataque... Gracias a ellos quedaron unos apuntes mejores que los que realmente yo tenía. Fue una forma de que repasasen, de ir entrando en el partido.... Son técnicas, herramientas, para tener al equipo metido. Y ayudan.

EN BREVE

Su refrán favorito... No soy mucho de refranes. Mejor una frase que tengo muy presente siempre. De Aristóteles:“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.
¿Cuál es el libro que está leyendo? ‘Serotonina’, de Michel Houellebecq, y ‘El río baja sucio’, de David Trueba. No obstante, mi libro preferido es ‘El amor en los tiempo del cólera’, de Gabriel García Márquez.
¿Una obra de arte? Uf. Hay tantísimas. Diría mil. Quizá la Catedral de Santiago, me voy hacia la arquitectura. Y si fuera un estilo, sin ninguna duda, el románico.
Serie o películas... No soy de series, pero me gusta muchísimo el cine. Me gusta ir a verlo en pantalla grande. La última, hace unos días en Pamplona, fue ‘Sentimental’ de Cesc Gay y con Javier Cámara. Ahora, una de mis favoritas es ‘Un lugar en el mundo’, de Adolfo Aristarain. La he visto no sé ni cuantas veces y me sigue pareciendo una delicia.
¿Su mejor receta? Soy un desastre absoluto como cocinero. Hago salmón al vapor o pechugas a la plancha y poco más. Eso sí, mi plato favorito es la tortilla de patatas.
¿Música? Suelo ir a correr siempre con Bruce Springsteen, The Creedende, Dire Straits, Bob Dylan... Soy un clásico.
¿Qué idiomas habla? Castellano, gallego, inglés y un poquito de árabe, aunque escribirlo me resulta imposible.
¿Playa o montaña? Soy mucho de las dos. No sabría decirte. Todos mis veranos han sido en Sanxenxo, en la costa gallega, pero cada vez soy más de montaña. Me encanta, sobre todo en otoño e invierno.
Dentro de unos años, ¿cómo se ve? Entrenando. No sé hasta cuándo. Pero en los próximos años desde luego. Es una profesión que tiene parte de incertidumbre, pero me veo así.
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