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Epidemia de coronavirus

Jugadoras navarras de balonmano, en primera línea contra el coronavirus

Cuatro integrantes del Loyola de balonmano atienden a pacientes afectados por el Covid-19

Las jugadoras del Loyola de balonmano.
Las jugadoras del Loyola de balonmano.
19/04/2020

Compañeras de club. Han dejado aparcados el balón, la pega y la ropa deportiva para ponerse los guantes, mascarilla y todo el equipo de protección necesario para ayudar y cuidar a enfermos por el coronavirus. Están en la primera línea de la pelea frente a la Covid-19. Integrantes del club pamplonés Loyola San Ignacio, el balonmano es una parte importante de su vida, su profesión es la enfermería y, por ello, ahora dedican todos sus esfuerzos a hacer frente a la pandemia que azota actualmente la sociedad.
Saioa Sagasti Arrondo, Lucía Repáraz Goñi y Raquel Martín Martín -todas ellas jugadoras del equipo de la División de Honor Plata femenina que dirige Daniel Areste- y Nerea Gamallo Valls, central en el Primera Nacional y entrenadora del conjunto infantil- realizan labores en distintos centros hospitalarios. “Está resultando duro, la verdad. Llevamos ya un mes y la carga emocional se va notando”, explica Sagasti, que porta el dorsal 21 a la espalda en el extremo del Loyola pero que estos días trabaja en turnos de 7 y 10 horas -según el día- en la Tercera Planta General del Complejo Hospitalario de Navarra. “Es un servicio en el que tenemos todo pacientes de Covid-19”, explica esta enfermera de 23 años, que acabó el grado en 2019, siendo compañera de clase de la lateral pamplonesa Lucía Repáraz.


PACIENTE Y ENFERMERA


Ésta -con el 3 en la espalda en los partidos- le ha tocado vivir las dos caras de esta moneda. “Desde el pasado domingo me he reincoporado al trabajo en la UCI. Di positivo el pasado día 26 y, desde entonces, había estado de cuarentena en casa”, explica, antes de reconocer que se le ha hecho “más duro” no poder ayudar que por los efectos de la enfermedad. “Apenas tuve síntomas, algún dolor de cabeza. Sentirte bien, saber que las compañeras lo están dando todo, con turnos de 12 horas, que la situación era grave... y no poder hacer nada, no poder ayudar. Lo llevé fatal”, reconoce esta enfermera, que ahora realiza un máster y experto en la UCI en la Clínica Universida de Navarra. “Se viven situaciones para las que no estás preparada realmente. Hay muchos momentos duros y en los que notas y vives el miedo que sienten los pacientes”, dice, aunque afirma que “la situación parece que mejora” si bien “no se sabe qué va a pasar”.


En el caso de Gamallo, al igual que otros muchos profesionales que han debido reubicarse por necesidades del servicio, pasó de iniciar el pasado febrero su trabajo en el servicio de Radiología a entrar de lleno en la intensidad de una UCI con algún turno de 12 horas los fines de semana. “Ha sido un mes de locura. Al principio fue todo muy complicado. Casi había un desconocimiento total sobre el virus, el número de contagios y muchos temas diferentes que organizar. No fue nada sencillo. Pero, bueno, somos profesionales y nos preparamos para asumir situaciones así. Ahora parece que todo va un poco mejor aunque aún habrá que tener paciencia”, explica, mientras confirma que ha vuelto a su servicio en Radiología. “Ahora trabajamos todo programado, con cita. La intensidad no es como en la UCI pero sí que hay una labor muy importante en cuanto a prevención y limpieza”, expone.


1.350 KILÓMETROS POR AYUDAR


El caso más destacado, en buena parte por el eco del que se hizo la Real Federación Española de Balonmano ayer, es el de la portera viguesa Raquel García. Ella, cuando se decretó el estado de alarma viajó en tren a León y de allí a Vigo para estar con su familia. Sin embargo, la petición por saber si estaba dispuesta a trabajar en la Clínica Universidad de Navarra dada la gravedad de la situación le hizo volver a Pamplona y, posteriormente, trasladarse a la UCI que la clínica dispone en el centro situado en Madrid. En total 1.350 kilómetros de viaje, y la renuncia a estar con los suyos, para esta estudiante de Cuarto de Enfermería por su vocación de ayudar. “Dije que sí, sin ningún problema, aunque en Madrid primero tuve que preguntar si facilitaban alojamiento. Fue así, y en dos días ya estaba allí”, explica, afrontando ahora turnos de 12 horas de trabajo.


“No paras, solo te sientas un rato a comer y vuelves al hotel muy cansada, con ganas de dormir”, asegura. Algo que compensa cuando ve la mejoría de los enfermos. “Es muy gratificante ver que un paciente se va después de un mes, de pasar incluso por la UCI, contento y muy agradecido por tu trabajo”, dice.


Uno de los aspectos más complicados de esta situación es la necesidad de cuarentena y lo que ello conlleva para pacientes y familiares. “Resulta muy duro tener que decir a alguien que no puede visitar a un paciente ingresado y que debe irse”, apunta Sagasti, quien vive estos días en su casa familiar. “Estoy en casa sí. No tengo problema. Mi padre es trabajador esencial así que también está en riesgo y mi madre es auxiliar de enfermería”, apunta.


A ese respecto, Gamallo recuerda un detalle “que me pareció muy humano”: las videollamadas en las que el personal hacía de puente para que familiares y pacientes se viesen, hablasen o incluso recibieran información. “Es un detalle que me gustó mucho. Resulta duro no poder tratar como te gustaría a los pacientes o a los familiares por todas las medidas de prevención”.


“Después de esta situación, vamos a aprender a valorar mucho más todo lo que tenemos: los ratos que pasamos con familia, amigos, nuestro trabajo... Vamos a darnos cuenta de lo realmente importante y necesario, a querer de verdad a la gente”, sentencia.


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