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Basket Navarra

Jordi Juste: “En baloncesto soy intuitivo y opto por entender al rival”

Jordi Juste cumple 25 años como entrenador y los celebra liderando por tercera temporada consecutiva al Enerparking Basket Navarra. Su trayectoria comenzó en Tarrasa y ha pasado por países como Serbia, Suecia, Irlanda o Finlandia

Jordi Juste, entrenador del Basket Navarra Club, el jueves por la mañana en el Polideportivo Arrosadía en Pamplona
Jordi Juste, entrenador del Basket Navarra Club, el jueves por la mañana en el Polideportivo Arrosadía en PamplonaJosé Antonio Goñi
  • Laura Villanueva. Pamplona
Publicado el 12/11/2021 a las 06:00
Los balones salen a rodar, las canastas terminan de subirse y los jugadores se atan las zapatillas. A las 10 de la mañana comienza la rutina de Jordi Juste (10/09/1978) que cumple su tercera temporada dirigiendo al Enerparking Basket Navarra de la Liga LEB Plata. El catalán, que llegó a Pamplona tras ser sustituido en Finlandia, se enfrentaba por primera vez a una liga española y tras dos temporadas admite haber cambiado su manera de trabajar.
Hace 33 años empezó a jugar a baloncesto.
Nací en Tarrasa y allí la gente ama el baloncesto. Lo veía siempre por la tele, pero el primer deporte que practiqué fue el fútbol. A los 10 años combiné ambos porque un amigo del colegio me convenció.
¿Cuántos años jugó?
Fueron 13 temporadas, hasta los 23 años, aunque a los 18 ya empecé mi etapa como entrenador en una escuela. Disfrutaba más entrenando que jugando y me dediqué a ello, aunque no pensaba en llegar muy alto.
¿Qué se lleva de esa primera etapa?
Me lo tomaba todo muy en serio, demasiado. Fueron años bonitos, aunque creo que fui muy exigente con algunos jugadores de Minibasket. Me siento orgulloso porque hay un par de jugadores que compiten en LEB Plata.
Su segunda experiencia como entrenador fue en Tárrega, aunque también probó como director deportivo.
Entrené tres años al primer equipo y conseguimos ascender a la 2ª categoría nacional. Aprendí muchísimo, pero me moví al Club Castelar Básquet porque tenían un proyecto muy ambicioso, era un club muy grande y con muchos equipos. Allí traté con jugadores, familias y con chavales que jugaban al baloncesto por pura afición. Fue empaparme de todos para trasladarlo a la pista.
El gran salto llegó cuando se marchó a Serbia.
Castellá fue la última etapa en la que ejercí de director deportivo. Tenía un año más de contrato, pero me fui a Serbia a buscarme la vida. Estuve en la escuela balcánica y esa es la experiencia vital más importante que he hecho a nivel personal y deportivo. El jugador, la raza y sus vivencias son totalmente diferentes, eso no se puede trasladar a ningún sitio. Me quedo con esa raza de jugador y con esa pasión por este deporte.
¿Y de Irlanda, Suecia y Finlandia qué se lleva?
Allí toqué muchos palos y aprendí inglés para comunicarme siempre con mis jugadores. Fueron tres etapas muy buenas, aunque de allí aterricé en Pamplona.
Ha pasado usted por muchos equipos, pero no sé si se atreve a decir un quinteto ideal de jugadores a los que haya entrenado.
No, no me atrevo. Los jugadores a los que he ido entrenando desde que empecé han sido muy diferentes y de cada uno he aprendido muchas cosas.
¿Qué cualidad valora más en un equipo?
El respeto individual. Lo que más me importa es que eso se traslade al resto del equipo y que todos sean conscientes de ello. El respeto es que asuman que son profesionales y que tienen que cuidarse.
¿Qué significa ser un buen entrenador?
Ser un maestro. Esta cualidad es difícil de conseguir y se necesita tiempo, hay que tener capacidad para enseñar cada día y para eso es necesario no dejar de aprender.
¿Aprende más de las victorias o de las derrotas?
Ambas.
¿Le queda algún sueño por cumplir?
Entrenar en la ACB. Me quedan muchos, pero creo que el paso siguiente sería ser ayudante en un equipo profesional o estar en un sistema de doble competición (doméstica y europea).
¿Se considera entrenador de jugadores o de equipos?
De equipos, pero cuido mucho al jugador.
¿Qué es lo que más le gusta como entrenador y lo que menos?
Lo que más la relación con los jugadores y lo que menos es ser injusto. Es complicado dirigir y a veces no quieres ser injusto, pero no hay más remedio.
Una jugada.
Cada año cambia. La que te haga ganar un partido.
¿Sigue a algún equipo?
KK Partizan. Lo sigo desde que estuve en Belgrado, me enamoré.
¿Quiénes han sido sus referentes como entrenadores?
Muchos. Podría empezar por Obradovic, campeón de Europa y entrenador del Partizan y en España “Aíto” o Pedro Martínez, pero todos son referentes, incluso los de mi propia liga.
¿Admira a alguien?
Ahora mismo no, antes lo he hecho, pero ya no.
¿Defensa o ataque?
Creo que he evolucionado. Antes me consideraba un entrenador más defensivo y ahora me gusta que todo lo que pase sea a partir del ataque, eso nos define mucho.
¿Pizarra o intuición?
Soy más intuitivo.
¿Tácticamente qué es lo más importante?
Que el jugador entienda porqué se mueve, porqué hace el gesto y porqué crea el espacio.
¿Es más partidario de ir mejorando al equipo o de hacer frente al rival?
En el equilibrio está la clave. Cada semana es distinta, hay que observar al equipo y entender qué información puedes darles y cual no.
¿Estamos en el mejor momento del baloncesto?
La pandemia ha hecho que salgamos muy tocados. El fútbol se lo está llevando todo, aunque creo que las competiciones son cada vez más bonitas de ver y hay que centrarse en las oportunidades que tienen los jóvenes.
¿Cambiaría algo?
Las medidas de la pista porque se está quedando pequeña y eso favorecería el juego, también estoy en contra de que las competiciones tengan reglamentos distintos. Hay que hacer del baloncesto algo más sencillo porque la gente se pierde, nos pasamos de modernos.
Un consejo para jugadores y entrenadores.
Que vean mucho baloncesto. Al igual que un buen escritor lee mucho creo que los buenos entrenadores tienen que ver mucho.

De Finlandia a Pamplona: aterrizaje en LEB Plata

Jordi Juste puso rumbo a Serbia en 2011 donde ejerció de entrenador ayudante durante dos temporadas, después lideró dos equipos en Irlanda, dos en Suecia y, por último, uno en Finlandia, su último destino Europeo.
¿Cómo fue su llegada?
Me encontré bien, aunque era mi primera experiencia a ese nivel y eso creó dudas e incertidumbre. Yo nunca había entrenado en España y eso suele generar miedo entre la gente, pero somos muchos los entrenadores que estamos fuera y se merecen todo el respeto del mundo porque cuesta muchísimo.
Llegó en un momento complicado del equipo.
Los jugadores no estaban pasando por una buena racha, pero yo vine con mucha fuerza. En Finlandia me habían destituido, era la primera vez que me pasaba, y eso te curte. Fueron tres meses de introspección personal que me hicieron valorar todo lo que habíamos hecho bien y mal.
¿Y ahora cómo están?
La temporada no ha empezado del todo bien, pero la victoria en Sevilla nos ha dado fuerzas y este sábado buscamos nuestra segunda victoria contra el Arquimisa en casa.
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