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ATLETISMO

Viena acogerá el segundo intento de Kipchoge por bajar de 2 horas en el Maratón

El actual ‘recordman’ mundial de maratón intentará romper la marca en octubre, en un reto no homologado

A la derecha, Eliud Kipchoge, durante el maratón de Londres -lo ha ganado 4 veces-.
A la derecha, Eliud Kipchoge, durante el maratón de Londres -lo ha ganado 4 veces-.
Diario de Navarra
Actualizada 02/07/2019 a las 06:00

Sólo para imaginar el reto que afrontará este atleta keniano de 34 años, trate de correr un kilómetro en 2 minutos y 50 segundos. O suba el ritmo de su cinta en el gimnasio -poco a poco para no perder el equilibrio- hasta que marque una velocidad de 21,09 kilómetros por hora. Y si lo logra correr, aguante y piense en que su carrera deberá prolongarse a esa velocidad durante 42 kilómetros y 192 metros. Imposible, ¿verdad?

Pues Eliud Kipchoge volverá a intentar hacer de lo imposible una realidad. Ningún humano ha conseguido hasta la fecha recorrer un maratón en menos de 2 horas. Y eso es lo que, tras quedarse en 2h00:26 en el Breaking2 de 2017 en el circuito Monza (Italia), el actual campeón olímpico y recordman de la distancia (2h01:39) buscará en un nuevo reto llamado Ineos 1:59 Challenge.

El pasado viernes, el evento -impulsado por la internacional química INEOS (patrocinadora del equipo ciclista sucesor del Sky) y la deportiva Nike- puso lugar y fecha a su celebración: Viena (Austria) entre el 12 y el 20 de octubre.

De nuevo, será puro espectáculo o campaña de imagen, ya que la Federación Internacional de Atletismo no homologará la prueba ni dará validez oficial a la marca. Aunque eso no restará mérito al mejor maratoniano de todos los tiempos. ni, como ya ocurrió en el circuito de Monza, evitará que el esfuerzo de Kipchoge sea foco de atención mundial.

CUESTIONES ANTIRREGLAMENTARIAS

El nuevo reto de Kipchoge -junto a todo el equipo que le rodea de preparadores, médicos, nutricionistas o especialistas en distintas disciplinas como biomecánicos meterólogos o, incluso, físicos nucleares- quedará al margen de la estadística y el palmarés del máximo organismo del atletismo mundial. De nuevo, la IAAF se queda a un lado, quitándole así relevancia deportiva, porque hay varias circunstancias que navegan entre los recovecos del reglamento oficial de cualquier maratón o, directamente, lo vulneran.

La primera de ellas, es el hecho de que el evento no tiene una fecha fija en la que celebrarse. La organización cuenta con un abanico de 8 días en el que decidirá la jornada con mejores condiciones de tiempo para afrontarlo. Algo que en cualquier otro maratón no ocurre, ya que los atletas deben adaptarse al día -al sol, la lluvia o el viento- siendo esa incertidumbre uno de los factores clave para la marca.

No obstante, hay otras cuestiones que no cumplirán el reglamento, como quedó ya patente en Monza y que podrían repetirse en esta ocasión. Así, un vehículo con un enorme cronómetro en su parte superior marcaba el tiempo a los corredores rodando pocos metros por delante y, de paso, sirviéndoles de pantalla aerodinámica. Además, los avituallamientos se ofrecieron desde bicicleta a todos ellos para evitar parones.

A ellos sí. Porque Kipchoge fue, además, arropado completamente por un grupo de liebres hasta los últimos metros de la prueba que, para ello y pudiendo cumplir con el ritmo necesario de 2:50 minutos el kilómetro-, se fueron turnando -entrando y saliendo del grupo-.

Y a todo ello hay que añadir las innovaciones -entre ellas una delgadísima y rígida placa de fibra de carbono incrustada en la goma de la mediasuela- introducidas por Nike en las novedosas y ligerísimas zapatillas (200gr) que calzó Kipchoge en Monza. Un dopaje tecnológico que, a buen seguro, la marca se encargará de evolucionar aún más para octubre.

EN VIENA, CON PÚBLICO

Una de las grandes novedades de este segundo reto es la elección de Viena. En concreto el intento tendrá lugar en el parque del Prater, con las idas y vueltas en la amplia, recta y sombría avenida de Hauptallee (4,3 kilómetros) y en las que Kipchoge podrá contar con el ánimo y apoyo de los aficionados. Un calor que no encontró en los arcenes del circuito italiano de Monza y que sí tendrá en las 4,4 vueltas que deberá dar a este nuevo escenario de 9,58 kilómetros (97% en recta y con dos giros muy abiertos para evitar romper el ritmo).

Además de ese recorrido rápido y llano, el aire fresco de los árboles, la falta de tráfico y la anchura de la calle, la organización también se ha decidido por Viena debido a las condiciones climáticas óptimas y regulares que suele presentar en octubre (10 grados de media y con 6 días de lluvia al mes), sus apenas 165 metros de altura sobre el nivel del mar (lo que asegura una mayor cantidad de oxígeno) y la poca diferencia existente con el horario en Kenia y, por tanto, el horario en el que está acostumbrado a correr Kipchoge.

Todo está estudiado, programado y listo para hacer historia. Para que el espectáculo sea completo. Pero la exigencia es máxima y esto no deja de ser deporte. Nunca se sabe. En 2017, Kipchoge se quedó a 26 segundos. ¿Aguantará esta vez el ritmo? Trate de correr a 21,09 kilómetros por hora. Y piense entonces que debe mantener el ritmo 42,195 kilómetros...

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