Palabra de cine en el Festival Punto de Vista
Las películas trataron sobre personas sordas, una cirugía, el miedo de un niño, Van Gogh y cines desaparecidos


Actualizado el 10/03/2017 a las 06:00
Desde la calle, el alboroto dentro del autobús parece evidente: los pasajeros no dejan de gesticular con los brazos, con las manos, de mover los labios sin parar... Igual que hacen las decenas de personas de una barbacoa al aire libre: si se las mira desde el edificio de enfrente con las ventanas cerradas, se puede imaginar sin dificultad cómo suben los decibelios. Y sin embargo, el espectador, que está dentro del autobús con los pasajeros y sentado en una de las mesas campestres con los vecinos, no escucha nada. ¿Se escucha el silencio? Porque entonces eso es lo único que oye, como las personas a las que ve. Pertenecen a la comunidad sordomuda de Wroclaw, Polonia, y protagonizan Cicha Symfonia (Una sinfonía en silencio), el cortometraje con el que el vizcaíno Aitor Gametxo compite en La Región Central (sección oficial del festival). Y es que ayer el silencio y la total ausencia de palabras, o casi, fueron elementos comunes de cuatro de los cinco filmes a concurso proyectados: Cicha Symfonia, 5 October, Cidade Pequena, From Vincent’s House in The Borinage. Islands of Forgotten Cinemas fue otra historia.
La de Gametxo (que ganó en 2015 el XFilms con El otro mapa de Abauntz) se fraguó en el mes y medio que duró la residencia en Wroclaw, retratando la ciudad y a la comunidad de personas sordas como parte del proyecto Joan etorrian de Donostia 2016 en un intercambio de creadores de Polonia y el País Vasco. “La idea era plantear una revisión de las sinfonías urbanas y ver, en esa idea de cine sin sonido, cómo las personas sordas y las usuarias del lenguaje de signos se insertaban en las dinámicas de la ciudad”, explicaba ayer. Porque, si bien esas personas viven ajenas a los ruidos, el movimiento de sus manos se funde a diario con los sonidos y ritmos urbanos. Y así, los niños juegan, corretean, se persiguen, se hacen bromas, contestan a la vez al profesor... alborotando con sus gestos, sin ruido. Como el que podemos imaginar de la bolsa de plástico que se lleva el viento, del trabajo de la excavadora, del sacerdote predicando.
En ese mes y medio Gametxo se acercó a Polonia por medio del libro El octavo día de la semana, de Marek Hlasko. “Me pareció un texto muy sugerente porque habla de todos los cambios que ha habido en el país, reflexionando sobre el lenguaje, la necesidad de comunicación... Pero, ¿para quién ha cambiado?, ¿lo ha hecho para las personas sordas?”.
AL 50% DE POSIBILIDADES
Silenciosa es también la historia que firma el cineasta eslovaco Martin Kollár, 5 October, una película sobre su hermano mayor, Ján, del que, a través de escuetas notas en su diario, descubrimos que debe enfrentarse a una cirugía donde las posibilidades de vivir o de morir son las mismas. “Tengo miedo de que me corten la cabeza”, llega a anotar Ján, que durante el filme cumple 52 años y a quien su hermano sigue en un viaje en bicicleta por varios países europeos con un plazo: el 5 de octubre, la fecha de la operación.
Ján se enfrenta a la cuenta atrás recordándose en el diario que se le han acabado las medicinas del asma, que se ha caído de la bici, que ya ha recorrido 888 kilómetros, que apesta y se tiene que duchar, que le quedan 100 días hasta la cirugía, que lleva ya un tiempo sin oír eslovaco, que los días que faltan ya son 44, que debe hacerse con un cepillo de dientes, papel de váter, la tarjeta del seguro y ¿tal vez un albornoz?, que quién le llevará al hospital...
AL NIÑO LE DUELE EL PECHO
En la cuarta jornada del festival (que ayer recordó con dos proyecciones a Luce Vigo, hija del cineasta Jean Vigo y madrina del Punto del Vista fallecida a mediados de febrero) se presentaron otros dos cortos, los de los portugueses Diogo Costa Amarante y José Fernandes.
El trabajo del primero, Cidade Pequena, llega a Pamplona con el premio al mejor corto en la Berlinale. Costa explicó que se fraguó tras un tiempo en el extranjero y contarle su hermana historias de sus sobrinos. Y en una basa el filme, la de su sobrino Frederico, un niño de corta edad que comenzó a despertarse por las noches con “un dolor en el pecho” tras haberle explicado la profesora en clase que el corazón era un órgano tan importante que, si se para, la persona muere. “Quería intentar generar imágenes que expresaran lo que yo había sentido al escuchar a mi hermana”, apuntó.
Su compatriota, José Fernandes, presentó en From Vincent’s House in The Borinage la fusión de las experiencias que el pintor Van Gogh sintió cuando vivió en esa zona de Bélgica, antes de convertirse en artista, y las del cineasta, que residió allí una temporada tras investigar sobre la vida del artista en ese lugar. “La película en sí es el espíritu de la experiencia”, apuntó ayer.
DOS CHECOS MUERTOS
Islands of Forgotten Cinemas (Islas de cines olvidados) tiene todas las palabras que no tienen las otras cuatro películas juntas. El croata Ivan Ramljak quiso crear un filme sobre una costumbre perdida en su país: ir al cine en las islas pequeñas de la costa. “Intentamos no ser sentimentales de cara al pasado, solo una cierta tristeza por lo que había antes y ya no está”, explicó ayer.
Y huye de sentimentalismos. No los muestran los habitantes que recuerdan sin que la cámara les grabe la cara. “A veces veíamos las películas muchas veces: no había otras”, dice uno sobre décadas atrás. “Praskovia me gustaba especialmente”, sigue, y resume la historia de una mujer a la que un militar mata a su hijo en la guerra. Ella lo busca. “Cuando lo encuentra, lo mata, atropellándole con un tanque. En la sala todos nos pusimos de pie, aplaudiendo y gritando”, rememora, y añade: “Las películas de la televisión tienen contenidos estúpidos. Si las ves, te vuelves estúpido”.
No se olvida de la anécdota que le divierte: los dos checos que murieron tras ver sendas películas eróticas: “¡Se morían de tanta excitación!”. Pero no ríe al recordar la última película que proyectó, en 1988, El mundo se desvaneció. “Y este cine se desvaneció. Aunque nada puede reemplazar al cine”, concluye.