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EL CRIMEN A ESCENA

Un inspector que elabora perfiles psicológicos explica un caso real en Pamplona Negra

El inspector Juan Enrique Soto, experto en elaborar perfiles psicológicos de delincuentes, llevó ayer a Pamplona Negra el caso de un homicidio que sus compañeros investigadores no habían resuelto en un año. ¿Lo conseguiría el público?

Imagen del inspector del Cuerpo Nacional de Policía Juan Enrique Soto, con la fotografía del caso de homicidio que hizo que el público resolviera.

El inspector del Cuerpo Nacional de Policía Juan Enrique Soto, con la fotografía del caso de homicidio que hizo que el público resolviera.

Actualizada 19/01/2017 a las 12:20
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Es verdad: el investigador de un hecho criminal no queda muy bien si dice que es fantástico, que le ha encantado. Pero Juan Enrique Soto Castro estaba convencido ayer de que el público que le escuchaba en El crimen a escena durante la segunda jornada de Pamplona Negra iba a estar de acuerdo con él al terminar de contarles el caso. Y no porque sepa mucho de personas, que también. Inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía, es el responsable de la Sección de Análisis de Conducta de la Unidad Central de Inteligencia Criminal. Doctor en psicología, elabora perfiles psicológicos de delincuentes y analiza la conducta criminal. Y sus compañeros investigadores le piden ayuda cuando ya no saben hacia dónde tirar.

Antes de entrar en materia, contó que el detalle es fundamental para resolver cualquier caso criminal y que cuando se investiga uno grave, un homicidio, por ejemplo, el objetivo es conseguir indicios físicos: sin ellos no hay acusación que valga, como se ve en las series de televisión. “Pero no es tan habitual que se detengan en el aspecto de las personas: en la medida en que somos capaces de entender, comprender, saber más de esas personas, podemos llegar a encontrar esa clave que nos permite coger el buen hilo en la investigación para encontrar los indicios físicos que sustentarán la acusación”.

Soto llegó a Pamplona con dos casos. Uno, esclarecido. “Los compañeros llevaban un año investigándolo y nos llamaron para que les ayudáramos”. Era un mes de septiembre. Se resolvió en tres días. El segundo sigue sin cerrarse, doce años después de ocurrido. Las siguientes líneas están centradas en el primero, en el que le fascina. “Me gusta porque se resuelve solo con el análisis de la conducta”, prometió.

Advertido el público de que la imagen podía resultar dura, mostró la fotografía de la habitación de una casa, la misma imagen que le enseñaron sus compañeros. Sobre la cama, un hombre, del que se veían las piernas. “40 años, un metro ochenta y tantos de altura. Hacía mucho deporte, estaba fuerte, en forma. Tenía las manos amarradas a la espalda con una comba de saltar, estaba amordazado con una cinta americana y alrededor de la cabeza, una bolsa, sellada con la cinta. Causa de la muerte: asfixia”, detalló. Explicó que no había ni una gota de sangre, que el líquido que se veía era de putrefacción: ciudad de costa, en verano había hecho mucho calor, que catalizó el proceso. Y así, “lo que se produce en 30 días se hizo en 8”.

Soto enseñó una fotografía de las manos: cada muñeca estaba atada individualmente. “Si tenéis que atar a alguien para amordarzarle y ponerle una bolsa, ¿cómo lo haríais? Las dos manos a la vez”, respondieron él y el público al unísono. “Si primero enrolláis una, la víctima tiene libre la otra y se puede defender. Esto era extraño”. Debajo de la cama, la cinta americana y unas tijeras para cortar los trozos. “Quien lo ha hecho es meticuloso”.

Que la cama fuera grande y que hubiera una almohada pequeña y en el centro significaba “que dormía solo”, como acertó parte del público. “Decir que vivía solo ya es dar un paso de más”, corrigió al resto. Señaló sobre la cómoda tres frascos de colonia de distintas marcas. “Era coqueto y las elegía según la ocasión”. Además, tres botes del mismo desodorante. Sobre una silla, la ropa doblada. En el suelo, zapatillas de deporte, con los calcetines dentro, también doblados. “No hay fotos de personas. Se puede pensar que no tiene vínculos”. También señaló cómo en la mesilla se reflejaban las luces del despertador. “Nos dice que está limpio. Este hombre vivía en esta casa de alquiler desde hace 13 años y era soltero”. Otra cosa para sumar junto al hecho de que en un cajón estuviera su cartera con toda la documentación.

El armario ropero mostraba las puertas abiertas y los cajones inferiores abiertos y con cosas de su interior fuera. “¿Lo han registrado? Si lo digo, introduzco motivaciones en las conductas, así que damos un paso atrás: digo solo que hay desorden”. Y es que “es muy raro que alguien que ha registrado unos cajones los deje abiertos a la misma altura”. “Si tiene prisa”, añadió, “los sacaría del armario y los volcaría”. Un hobby de la víctima era ver películas, y en el salón varias que tenía en una estantería estaban esparcidas por el suelo. En el trastero, “muchos objetos de valor”.

Los investigadores contaron a Soto que dos meses antes de fallecer se despidió de la empresa en la que trabajaba como encargado. “Lo poco que había ahorrado se lo gastó”. Pero lo realmente interesante que habían descubierto de la víctima era su “historial de mentiras”. “Todo en su vida era una gran mentira”. Tenía madre, una hermana y algún amigo de la infancia. Y a todos contaba que su puesto en la empresa era de gran responsabilidad y se iba a casar con su novia, “guapísima”. ¿Cuál podía ser la hipótesis de la muerte? Ciertamente, saber que la víctima era especialista en mentir hizo que muchos contestaran que el suicidio. “Pero para eso hay que contestar a tres preguntas: por qué se suicida, por qué simula su suicidio y cómo lo ha hecho. ¿Podréis hacerlo?”.

LAS TRES RESPUESTAS

El público respondió a las dos primeras rápido: se había suicidado porque para la víctima su vida era un fracaso y lo simuló porque quería seguir manteniendo la imagen que había dado hasta su muerte a los suyos. “¿Pero cómo lo hizo? Para esto utilizamos las sugerencias operativas: cuando los compañeros nos llaman, nos piden que les digamos qué pueden hacer, porque ellos ya no saben. Y nosotros damos nuestra hipótesis acompañada de sugerencias operativas: qué pueden hacer para comprobarla”.

Con este caso aportaron varias sugerencias. Una, que un compañero tratara de reproducir el suicidio. “No hubo voluntarios”. Otra, investigar en su pasado reciente si la víctima se había informado de cómo suicidarse con apariencia de homicidio. “Solo un compañero se creyó esta hipótesis”. Pero esa misma semana sus compañeros le llamaron: caso resuelto con la segunda idea.

Habían descubierto que este hombre amante del cine había visto en un canal de pago muchas veces un filme concreto: La vida de David Gale, la historia de un hombre comprometido en contra de la pena de muerte que tiene una amiga, enferma de cáncer. “Se está muriendo”. Y elaboran un plan: que ella se suicide, pero haciéndolo de tal modo que parezca que él la ha matado. “Hasta el punto de que la policía lo investiga, lo detienen, lo juzgan y es condenado a pena de muerte. En la película una periodista trata de desentrañar la verdad. No voy a desvelarlo por si alguien quiere verla”.

Soto y sus compañeros vieron la película entonces. “En dos secuencias se reproduce exactamente con detalles técnicos cómo se suicida la mujer: nuestro hombre había aprendido cómo hacerlo”. Caso resuelto con el análisis de conductas. “Los indicios físicos dependen de una conducta: el modo en el que se había atado fue la que analizamos. Los indicios físicos se pueden eliminar, pero los psicológicos, no: siempre hay conducta”.

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