Exposición

Armaduras y milagros en papeles arcaicos

El refectorio de la Catedral de Pamplona ha vuelto a acoger una segunda exposición de códigos medievales tras el éxito de la primera edición realizada en abril. Estuvo expuesta este fin de semana y todas las obras estarán a la venta

Fotos de la exposición de códices medievales en la Catedral de Pamplona

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GALERÍA DE FOTOS de la exposición de códices medievales en la Catedral de PamplonaJ.P. Urdiroz

Pablo Durand Ortega

Publicado el 08/11/2026 a las 05:00

Princesas, caballeros, monjes, catedrales o castillos. Todo esto se nos viene a la cabeza cuando pensamos en la Edad Media. Aunque quedaban más de mil años para que se inventase la primera cámara de fotos, sabemos ponerle una imagen a esta época. Pero, ¿por qué? Pues gracias a la labor de unos personajes de los que no nos acordamos al imaginarnos este periodo: los copistas y sus códices.

 Estos personajes, olvidados por el público general, ilustraron para el presente aquella época. El sábado, gracias al trabajo de los comisarios de la exposición Juan José Ayape y Javier Mingorance Nepote, Pamplona pudo acercarse a los copistas, su obra y a la Edad Media en general en el II Ciclo Expositivo de Códices Medievales en el refectorio de la Catedral.

 La exposición contó con 19 piezas frente a las 13 del ciclo Lux et Devotio, maravillas medievales, celebrado en el mismo lugar el pasado abril. Estas obras no son originales, sino que son facsímiles, reproducciones técnicas y materialmente fieles al original. Para realizar las copias, buscan el manuscrito a replicar por Internet, piden una copia del original y desglosan el documento. En el proceso, utilizan una máquina de pliegues. “No son las típicas rotativas como las del Diario de Navarra”, explicó Mingorance a unos curiosos.

 Él se encarga de hacer las copias, es su pasatiempo, según él mismo explica. Entiende que el códice original tenga un atractivo inmanente, pero cree que la copia tiene sus ventajas, ya que estas están pensadas para tocarse, para pasar las páginas, lo que acerca la obra al público. Y al contrario que los originales, se pueden exponer. Además, estas copias llevan un gran trabajo detrás. Mingorance aseguró que lo más difícil era reproducir los daños, como las quemaduras o los zurcidos. “Una vez, tratando de replicar un agujero hecho por un fuego acabé quemando toda la hoja”, recordó entre risas el impresor. Los facsímiles reproducen hasta los errores del original para no faltar a la realidad de la obra.

Detalle de una de las copias.
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Detalle de una de las copiasJ.P. Urdiroz
Detalle de una de las copias.

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 Esta exposición cubrió todos los ámbitos de la sociedad medieval. La guerra se pudo ver en los códices de El sitio de Rodas, de 1482, que narra la heroica resistencia de la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén frente a las tropas del turco. La geografía tuvo su espacio con la Cosmografía de Ptolomeo, que contiene 27 mapas. La ciencia apareció representada en el códice de cirugía de Abul Qassim, que sirvió de guía base en Europa durante siglos. Pero en aquella época también necesitaban divertirse, como se vio en el Codex Manense de el siglo XIV, que reúne canciones de amor medievales en las que figuran célebres trovadores. Emperadores, duques y caballeros salen representados.

Estos son solo algunos de los temas y documentos que aparecieron en la exposición, pero si hay algo de lo que abundaron códices fue sobre religión. “El cristianismo englobaba todos los ámbitos” comentó Ayape. Un comentario del Apocalipsis, una Biblia, un Corán, pero por encima de todos, el libro de horas de Juana de Navarra. “Es la más importante por su cercanía con la ciudad”, explicó Ayape, orgulloso de la pieza. 

Codex rotundus
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Codex rotundusJ.P. Urdiroz
Codex rotundus

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Aunque todas las copias están a la venta, no hacen este trabajo con ánimo de lucro. El motivo principal de la exposición fue funcionar como una ventana al pasado. No tiene solo el carácter artístico de las ilustraciones o de la propia forma del códice -alguno tiene silueta de corazón- acercan a un tiempo no vivido y explican sus características. 

Casi seiscientos años después de la aparición de la imprenta de Gutenberg, el trabajo manual de los monjes europeos de unos mil años sigue sorprendiendo a historiadores, cabildos y simples aficionados.

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