En primera persona
"El concierto de mi vida, sin invitado y sin 'Te Dejo Madrid'": crónica de uno de los conciertos de Shakira de una periodista de Diario de Navarra
Y es que una no quiere dejarse llevar por todo lo que envuelve a los conciertos, que cada vez tienen menos de concierto y más de experiencia multisensorial, si me lo preguntan, pero qué difícil es. Aquí va la crónica de una muerte —de mi juventud— anunciada.


Actualizado el 07/10/2026 a las 12:07
"Shakira es intergeneracional, pero qué de millennial, Bego", me dijo una compañera en el trabajo este martes mientras le mostraba ilusionadísima los vídeos del concierto que la colombiana dio el domingo en Madrid. Tuve la suerte de poder asistir. Y el dinero, que no todos los millennials pueden, ojo. Pero, pese a las grandes expectativas y el FOMO —palabro bastante Gen Z, por cierto— alimentado en redes, puedo decir que cuando sonaron los acordes que predicen 'Whenever, Wherever (Suerte)' retrocedí con Doc en su DeLorean a mis 9 años. Y qué suerte.
Y es que una no quiere dejarse llevar por todo lo que envuelve a los conciertos, que cada vez tienen menos de concierto y más de experiencia multisensorial, si me lo preguntan, pero qué difícil es. Aquí va la crónica de una muerte —de mi juventud— anunciada.
A pesar de haber comprado las entradas con una antelación que le quita las ganas a cualquiera —el 27 de marzo— y de haber esperado la cola de rigor —mi amiga, con "solo" 1000 personas delante; yo, 3500—, nos hicimos con ellas. Compramos las baratas, eso sí: 6 entradas a 119 euros en pista. Macondo, como ha bautizado la artista al espacio que creó desde cero para dar sus conciertos, tiene capacidad para 57.000; hagan sus cuentas. Entonces pensé que estaba pagando 119 euros por ver un concierto de 2 horas, ilusa de mí, pero las redes me enseñaron después que debía esperar mucho más para rentabilizar esos 119. O no.
Y es que conforme más se acercaba septiembre, las redes —y nosotros, los medios, también, lo sé— más se alimentaban de esas ganas de saber qué tenía preparado la colombiana para su residencia madrileña de la gira 'Las mujeres ya no lloran'. Primero salió a la luz que se iba a construir un espacio desde cero, que se iban a dedicar distintos pabellones a las artes latinoamericanas y se colgó el cartel anunciador de todos los participantes. Una auténtica locura. Después, y ya con los primeros conciertos pasados, leí y vi en redes filas interminables para hacerse fotos con una loba gigante, artistas invitados impensables y precios más desorbitados de lo que ya preveía.
Así que cuando llegó el domingo 4 de octubre ya sabía que por mis 119 euros merecía, al menos, un concierto con un artista invitado —el día anterior había llevado a Dua Lipa—, de unas dos horas, un concierto de Guitarricadelafuente —el día anterior fui a ver 'La Bola Negra'— y muchas fotos en museos y espacios dedicados a la artista. Nos dio un poco de bajón que la previsión de lluvia a las 20 horas, media hora antes de que empezase el show, estuviera al 80 %, pero qué le íbamos a hacer.
Llegamos al espacio tras cruzar el polígono de Villaverde en coche. "Ya había visto en Instagram que esta zona era un poco conflictiva", dijo mi amiga. Eran las 16:30 y no había fila para entrar. Qué suerte. Así que, pulsera verde de pista, pulsera LED y —sorpresa— chubasquero recogidos en 5 minutos. Foto de rigor en la entrada con los arcos de colores —vista en redes, por supuesto—, check. Por lo de las colas para hacerse el resto de fotos no íbamos a pasar, así que fuimos directas a por una cerveza: 7,5 la pequeña y 3 euros el vaso, que puedes devolver al terminar el concierto, pero que todas nos guardamos de recuerdo. Ya lo sabíamos. ¿Qué se piensan, que no nos informamos en redes? Ja.
El resto del tiempo lo disfrutamos pajareando por ahí, no se lo voy a negar. Todo era impresionante. La zona de merchandising, el espacio dedicado a los niños, la librería con charlas con escritoras... Os diría que solo con moverse por ahí y disfrutar del atardecer ya era toda una experiencia. El problema fue que cuando fuimos a entrar en el museo empezó a mover aire poco agorero y —¡sorpresa!— los trabajadores cubrieron todo lo que había en ese pabellón. "Bueno, no pasa nada, en realidad veníamos solo a un concierto", nos dijimos. Guitarrica salió a su escenario a pesar de la previsión y cumplió. Menos mal.
Dieron las 19:45 y —para sorpresa de nadie— empezó a llover. El espacio mudó a una masa de personas con chubasquero rojo. Y eso dejó más de un momento a carcajada viva, no se lo voy a negar. No sé si han visto —en redes, por cierto— que la loba elige a gente famosa y al azar para entrar con ella al concierto y les pone unos chubasqueros plateados. Los del pueblo eran rojos, pero qué más da.
A las 20 horas se anunció por megafonía que había que entrar al estadio. Lo hicimos a las 20:15 bajo la lluvia, pero como si hubiera un sol tremendo. Lo mejor fue que la loba no iba a salir hasta que parase de llover, lo sospechábamos, pero nos pusieron sus videoclips en la pantalla. Canté y bailé igual. "Oye, que me parece que estoy de concierto, pero todavía no", me salió. Paró de llover a las 20:45, pero Shakira no salió hasta las 21 horas.
—"¿Con quién va? ¿Conocéis a alguien?"
—"Creo que va Luján Argüelles".
—"No conozco a nadie más".
Y a partir de ahí una no para de cantar y bailar. Lo que más me sorprendió es que no me daba cuenta de que todavía faltaba una canción hasta que llegaba. "Madre, si no había cantado esta". Y así una tras otra.
—"Pero no ha cantado 'Te dejo Madrid'".
—"Se me ha hecho corto, ¿no?"
—"Qué más da, si mañana creo que voy a estar afónica".
De verdad, las redes sociales han maximizado tanto el llamado FOMO (Fear of Missing Out o temor a perderse algo) que ver fragmentos de conciertos anteriores o de las giras de grandes artistas nos lleva a la gilipollez. Las dos horas escasas del concierto de mi vida, si alguien me pregunta. Con lluvia, sin invitado y sin 'Te dejo Madrid'.
—"Oye, ¿y si pillamos entradas para el del día 12 de locura?"
—"Estás fatal, tía".
Pues eso.