Entre bambalinas
Una función antes de la función en el Teatro Gayarre
Todavía no había obtenido el Premio Max al mejor espectáculo musical o lírico durante la gala celebrada en 2025 en el Teatro Gayarre cuando ‘Farra’ ya tenía programado su paso este año por el escenario pamplonés, donde ofreció tres pases


Publicado el 31/08/2026 a las 05:00
Son las nueve de la mañana. Una puerta del Teatro Gayarre se abre de par en par. No es la principal, en la avenida de Carlos III, sino una con vistas a la calle Estafeta y acceso directo al escenario. Delante de ella aparca su furgoneta Pepe Morató Alabau, responsable de Logística. El equipo de montaje comienza a descargar el vehículo. Continuos viajes de fuera a dentro para dejar el material sobre las tablas del Gayarre. Una coreografía que bien podría ser una obra de teatro en sí misma. La escenografía queda embalada en cajas sobre el escenario. El vestuario va a los camerinos.
Al mismo tiempo comienza la colocación de luces, se cambia de vara una bambalina y Raúl Garbayo Mingo, jefe de Maquinaria y valenciano con raíces en Estella, pega con esmero una cinta adhesiva de color rojo a las tablas para delimitar el espacio escénico. 'Farra', obra de la Compañía Lucas Escobedo que el año pasado recibió en el propio teatro pamplonés el Premio Max al mejor espectáculo musical o lírico, necesita seis metros de largo y ocho de ancho. En el Gayarre, no obstante, recorta treinta centímetros el largo. “Si [los actores] no tienen la referencia, la luz les viene por detrás y no está bien”, justifica Garbayo. Para el público, aclara, estas modificaciones son “imperceptibles”. No es la única adaptación necesaria: la inclinación del escenario obliga a ajustar la base de un mástil chino.
Quedan 24 horas para la primera función de las tres, dos escolares y una para público general, que se van a representar el día siguiente. A las nueve y media del jueves 21 de mayo hay una treintena de focos sobre el escenario. Noventa minutos después, casi todos están ajustados en varas. “Aún nos faltan los que van en el suelo. Queda un montón de trabajo”, asegura Álvaro Villahoz González, responsable de Iluminación.


Mientras tanto, el desembalaje de la escenografía ya ha comenzado, y un bombo se une a los focos en las alturas del teatro. Después, unos ochenta farolillos cuelgan al fondo del escenario. Y los altavoces comienzan a retumbar. Reproducen fragmentos de la obra. Sonido de fondo para la mayoría, pero una persona escucha con atención. Es Manuela Paparo Méndez, la encargada de Sonido de esta obra con tintes de musical. “La programación de la mesa es más complicada [que en otros espectáculos], ocurren más cosas entre las partes habladas y las cantadas”, explica Paparo.
Junto a los cuatro técnicos de la compañía trabajan nueve personas de Global, la empresa encargada de los montajes en el escenario pamplonés. “Esto es una cosa estándar, normal, lógica, pero con la Compañía Nacional de Danza o la de Teatro Clásico podría haber aquí treinta o cuarenta personas”, revela Juan Pedro Juanmartiñena Arraiza, que lleva trabajando en espectáculos en el Gayarre desde que comenzó “en este mundillo”, en 1991. Siempre en coordinación con las compañías. “Ellos no conocen el espacio y nosotros no conocemos la obra”, señala.
Durante la mañana aparece en el escenario Santos García Lautre. El jefe técnico del Teatro Gayarre, la persona al mando de todo lo que ocurre más allá del telón, no es alguien desconocido para la compañía. El contacto entre ambas partes comienza con meses o años de antelación, cuando los responsables del espectáculo le envían una ficha técnica. “Es donde se recogen todas las características del espectáculo —maquinaria, escenografía, iluminación, sonido…— y también el tiempo y el personal que necesitan para montar”, explica García. Antes de cerrar una fecha de actuación —las de 'Farra' se agendaron antes de la gala de entrega de los Premios Max celebrada en el Gayarre en junio de 2025— es imprescindible conocer cuántas horas se van a destinar a adecuar la caja escénica.
LOS MONTAJES, DE UNO EN UNO
De esta manera comienza una negociación en la que el responsable técnico detalla las particularidades del Teatro Gayarre. “Les cuento —enumera— qué es lo que tenemos en el teatro, qué dimensión tiene, el número de aparatos que tenemos, que el escenario tiene un desnivel…”. El final de la conversación tiene por resultado “el plan de trabajo” y “los planos de implantación del espectáculo”. Este mismo proceso lo completa García a la vez con numerosas obras. “Ya estamos superando las 200 funciones al año, y puede haber hasta seis espectáculos a la semana”, explica Maialen Marín Arriaga, responsable de Comunicación del Teatro Gayarre. Y no se aprovecha para completar varios montajes a la vez, sino que cada uno comienza cuando ya se ha desinstalado el anterior. “Todos son diferentes”, justifica el jefe técnico.


Es la hora de comer. “Tenemos esa mala costumbre”, ironiza García. Aunque el trabajo continuará por la tarde. “Hoy deberíamos dejarlo todo funcionando”, explica Álvaro Villahoz. Y para ultimar los ajustes técnicos, según el plan establecido, deberán permanecer en el Teatro Gayarre hasta las nueve. Después, tiempo para descansar. A las siete de la mañana del día siguiente comienza una nueva jornada laboral que se extenderá hasta que finalice el desmontaje del escenario, sobre las once de la noche.
Son las ocho y media del viernes 22 de mayo. Los seis actores calientan sobre el escenario. Poco después suben a los camerinos (el Gayarre dispone de catorce salas de preparación distribuidas en cuatro pisos). “Cada uno tiene su ritmo”, asegura Jesús Irimia 'Xuspi', integrante del elenco de 'Farra'. Algunos comienzan ya a caracterizarse. Otros prefieren calentar la voz. Lucas Escobedo, antes de terminar de maquillarse y comenzar a hacer malabares, aparta su mirada del espejo para exteriorizar la alegría que siente por regresar a Pamplona. “Ayer, saliendo de la estación del tren, era como: "¡Aquí estuvimos!"”, cuenta el actor y director de la obra.
Mientras los intérpretes terminan de prepararse y en el escenario se pulen los últimos detalles, la jefa de sala, Helena Ahechu Esain, y su equipo ultiman la puesta en marcha de todo el espacio que media entre el vestíbulo del teatro y el telón. Es el último paso de un proceso que ha comenzado hace apenas unas horas. “Nosotros contactamos con las compañías para las necesidades técnicas, pero de cara al público: si necesitan alguna mesa para colocar el 'merchandising', algún 'roll-up' (lona publicitaria extensible)…”, explica Ahechu.
“TRES MINUTILLOS DE CORTESÍA”
Justo un día después de que Pepe Morató aparcase su furgoneta junto a la puerta posterior del Teatro Gayarre, el telón baja y se abre el acceso principal. Ahechu recibe a los primeros estudiantes. “Buenos días. Buenos días. ¿Qué tal? Buenos días”. Imposible seguir la cuenta de saludos. Cuando el aforo se completa, la responsable de sala recibe a 840 personas. En su mano sostiene un papel que indica dónde se van a sentar los alumnos, distribuidos por colegios. Entran escalonados al teatro, y sus compañeras dirigen a los representantes de cada centro a sus respectivas butacas.


Antes, nada más acceder al Gayarre, los jóvenes han caminado junto a dos mesas que guardan los programas de mano de 'Farra' y dos centenares de lapiceros para escribir sobre ellos. También han podido observar un 'roll-up' de la obra. Y en el patio de butacas les reciben decenas de banderillas que jugarán un papel en la función. Es lo que ha solicitado en esta ocasión la compañía, que también remite al equipo de sala los movimientos de los intérpretes fuera del escenario. “Me comunico siempre con regiduría o con alguien de la compañía para que me diga si necesitan entrar por un sitio los actores, o si a tal hora van a salir por otro y necesitan las puertas abiertas rápidamente…”, ejemplifica Ahechu.
Ha llegado la hora. Todos los jóvenes ocupan sus asientos. Les han dado, como siempre, “tres minutillos de cortesía”, aunque la puntualidad manda en el Teatro Gayarre. “Las funciones de teatro son como el tren: una vez que empiezan, no se puede pasar”, apunta la jefa de sala. Para que eso no ocurra, el público escucha tres timbres, que esta vez no se reproducen por tratarse de una función escolar. Ahechu abre la puerta de acceso al patio de butacas porque así se lo ha pedido la compañía. La función ya está en marcha. Una hora después, los asistentes rompen a aplaudir.
Cuando abandonan el teatro, es momento de “hacer la pasada”. “Consiste en dejarlo todo preparado para el bolo”, explica Juan Pedro Juanmartiñena. Y debe dar tiempo a hacerlo antes de que la función comience. Por eso “está todo previsto”, señala el operario de Global, aunque siempre pueden surgir inconvenientes. “Si hay problemas, como en todos lados: a salvarse, sabiendo que en este mundillo —continúa Juanmartiñena— hay una hora a la que comienza el espectáculo y hay que hacerlo como sea”. A 'Farra' le toca “hacer la pasada” dos veces en el Gayarre. Y cuando acaba la función general, ya con las farolas de la calle encendidas, Pepe Morató vuelve a aparcar su furgoneta junto a la puerta posterior del teatro. “Soy el primero que llega y el último que sale”. Cuando él se va, el escenario ya ha quedado como nuevo. Como si ninguna farra hubiera existido.
El escenario seguirá inclinado
Unos días antes de que ‘Farra’ llegase al Teatro Gayarre, Santos García Lautre hizo pruebas para nivelar el escenario, que tiene un 3,5% de inclinación. No lo consiguió. Cuando abrió las tablas, descubrió que debajo hay una tarima de madera sujetada por riostras del mismo material. Y, a continuación, hormigón. “Entre lo que estamos pisando y el hormigón hay muy poca distancia. Habría que picar y hacer una obra enorme”, asegura el jefe técnico. Tampoco es una opción igualar el límite delantero del escenario al trasero, ya que entre ambos hay una diferencia de altura que ronda los cuarenta centímetros, porque las primeras filas perderían visión. Esto obligaría a levantar también la sala.
LA CIFRA
840 butacas, distribuidas entre el patio, la platea (primer piso) y el anfiteatro (segundo piso), componen el aforo del Teatro Gayarre
EN FRASES
Maialen Marín Arriaga, responsable de comunicación del Teatro Gayarre: “Ya superamos las 200 funciones al año, y puede haber hasta seis espectáculos a la semana”
Helena Ahechu Esain, jefa de sala del Teatro Gayarre: “Las funciones de teatro son como el tren: una vez que empiezan, no se puede pasar”