Toros

Del encierro pamplonés a los corrales de Bilbao

Alberto Pérez e Iñigo Orive, pastor y chulo de banderillas en Pamplona, se encargan de los corrales de Vista Alegre durante las Corridas Generales

Los corraleros pamploneses Alberto Pérez Garayoa (izq.) e Iñigo Orive Fernández (dcha.), en los corrales del coso de Bilbao, ayer, antes del inicio de la feria taurina.
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Los corraleros pamploneses Alberto Pérez Garayoa (izq.) e Iñigo Orive Fernández (dcha.), en los corrales del coso de Bilbao, ayer, antes del inicio de la feria taurina.CEDIDA
Los corraleros pamploneses Alberto Pérez Garayoa (izq.) e Iñigo Orive Fernández (dcha.), en los corrales del coso de Bilbao, ayer, antes del inicio de la feria taurina.

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Abraham Del Pozo Zabaleta

Actualizado el 24/08/2026 a las 09:03

LOS pamploneses Alberto Pérez Garayoa e Iñigo Orive Fernández han cambiado estos días de agosto los corrales del Gas por los de Vista Alegre. Ambos conocen bien el mundo del toro en Pamplona: Pérez Garayoa es pastor del encierro y Orive Fernández, chulo de banderillas en la Feria del Toro. Aunque ambos están acostumbrados a otras responsabilidades durante los Sanfermines, en las Corridas Generales de Bilbao, que comenzaron ayer, se encargan de la gestión diaria de los corrales y de que todo esté dispuesto antes del paseíllo.

Llegaron a Bilbao el 19 de agosto, un día antes de que comenzaran a desembarcar los primeros cabestros. La primera tarea fue revisar las instalaciones: puertas, cuerdas, accesos y mecanismos. Todo debía estar a punto. Su estancia en Vista Alegre se prolongará hasta el sábado 29, cuando, tras el último festejo, terminen de cargar los sobreros antes de volver a Pamplona.

UNA VIGILANCIA CONSTANTE

El trabajo comienza con la llegada de los toros. Hay que desembarcarlos, alimentarlos, controlar que beban lo preestablecido y comprobar que se recuperan correctamente del viaje. Cada ganadería lleva su propio pienso y conocer qué alimentación corresponde a cada animal forma parte de su rutina. Después llegan los reconocimientos veterinarios, los apartados y los movimientos continuos por los corrales.

Pérez y Orive forman parte de un equipo de cinco personas, al que se incorporan los mayorales de las ganaderías conforme van desembarcando sus ejemplares. La vigilancia es continua. Ambos duermen, de hecho, encima de los corrales, en habitaciones habilitadas para los corraleros. “Basta con salir por la puerta para tener a los animales a la vista”, comentan entre risas. Una pelea entre toros o cualquier otra incidencia puede requerir su intervención en cualquier momento. Su cometido exige, por tanto, una vigilancia continua de los animales y capacidad para resolver “con rapidez” diversas situaciones en el manejo de los astados.

Para ambos Bilbao es ya una plaza habitual. El año pasado, tras la jubilación de José Antonio Quintana, Pérez Garayoa asumió su puesto como encargado de los corrales de Vista Alegre, una labor que desarrolla junto a Juan Enrique Franco, de BMF (empresa  propiedad de los hermanos Chopera que gestionan el coso). Quintana fue quien le abrió la puerta de los corrales bilbaínos años atrás, primero desde la amistad y la afición y después ya de manera profesional. Su experiencia no se limita a Bilbao y Pamplona. También desempeña estas labores en Tudela y Azpeitia. Y su calendario apenas da tregua: después de Bilbao viajará a Peralta y, por San Mateo, a Logroño.

Orive, por su parte, lleva cinco años vinculado profesionalmente a los corrales bilbaínos, una labor radicalmente distinta a la que desempeña en la Feria del Toro como chulo de banderillas. En el coso pamplonés se encarga de recoger y entregar los trastos y las banderillas a los toreros durante la lidia, permaneciendo atento a las necesidades de la cuadrilla. En Bilbao, su trabajo se desarrolla en los corrales con el cuidado y vigilancia de toros y cabestros.

"MOMENTOS MÁGICOS"

Entre los recuerdos que se llevan de Bilbao hay uno especialmente señalado. El año pasado fueron testigos del primer indulto de la historia de Vista Alegre. El protagonista fue Tapaboca, de La Quinta, al que Borja Jiménez perdonó la vida tras una gran faena. Para quienes pasan tantas horas observando y cuidando a los toros, vivir un momento así desde los corrales fue “muy emotivo”.

La diferencia con San Fermín se nota desde primera hora. En Bilbao no hay encierro ni encierrillo, ni tampoco las vaquillas que completan el trabajo de los pastores durante San Fermín. Las mañanas son más “pausadas”.

Su trabajo en Bilbao terminará cuando se cierre por última vez la puerta de chiqueros. Después tocará recoger, cargar los sobreros y regresar a casa. Pérez Garayoa apenas tendrá tiempo para detenerse: el día 30, a las siete de la mañana, ya deberá estar en Peralta. El calendario del corralero continúa.

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