Ciencia
Pere Estupinyà, divulgador científico: "Saber que tienes muchas posibilidades de llegar a los 90 te cambia el chip"
Preparémonos para abrir otra etapa tras la jubilación porque queda mucha vida aún y hay que saber emplearla, dice el autor de ‘¿Qué quieres ser de mayor?’ “Salvo en el caso de los centenarios, la longevidad depende en un 20% de la genética y en un 80% de los hábitos”, señala


Publicado el 15/07/2026 a las 08:11
Pere Estupinyà (Tortosa, 1974) es uno de los divulgadores científicos más relevantes de este país. Licenciado en Química y Bioquímica, tiene un máster en Nutrición y Metabolismo y ha trabajado un puñado de años en EE UU, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En 2010 escribió su primer libro (El ladrón de cerebros) y va ya por la decena. En TV ha dirigido y presentado El cazador de cerebros, que ha superado el centenar de programas. También hace colaboraciones en radio. Acaba de publicar ¿Qué quieres ser de mayor? (Ed. Debate), una inyección de optimismo basada en datos.
Los avances médicos y el cambio en los hábitos están haciendo que alguien de 70 años, que hace no tanto era considerado un anciano, ya no lo sea. ¿Se refiere a eso cuando habla de diferenciar la tercera y la cuarta edad?
Esa idea apareció cuando ya llevaba el libro muy avanzado y vi que hablaba de una etapa muy heterogénea. Intentaba dar una imagen positiva pero veía que hay fragilidad, demencia y otros problemas. Fue entonces cuando percibí que era el concepto de cuarta edad el que estaba en torno a esa fragilidad. Quizá sea incluso una cosa más de funcionalidad que de salud. Es el inicio de una etapa nueva que es la propia vejez y que cada vez llega más tarde y que aún seguimos llamando tercera edad, y habría que replantearlo. Piense en alguien mayor que vive fuera de la capital y a cuyo hijo van a darle un premio en Madrid. La diferencia entre la tercera y la cuarta edad es que en la tercera esa persona tiene autonomía para coger el coche, un tren o un avión e ir al acto.
El columnista Manuel Alcántara, en una de sus más celebradas imágenes, decía que la medicina se había empeñado en alargar la vida por el final, cuando debería haberla alargado por el medio.
Ese es el objetivo pero aún queda bastante para conseguirlo. El concepto de fondo es que la medicina trata la enfermedad, no el cuidado de la salud. Todo el mundo dice que tiene que cambiar pero nadie lo implementa. Será caro a corto plazo, pero más económico a largo. La idea de ir al médico cuando estés bien para retrasar la enfermedad es la base. La tendencia claramente es a extender la salud.
La primera vez que oí la expresión de que el cerebro, o el espíritu, no se arruga, fue a Rita Levi Montalcini. Hace no tanto, por consiguiente. ¿Estamos ante un descubrimiento relativamente reciente?
La salud física hace que el cerebro esté bien. Pero luego está la conectividad. Si consigues que se mantenga o incluso crezca estarás bien. Ahora se dice ‘úsalo o piérdelo’, y no es una frase de autoayuda. Es relevante.
Sin embargo, hay cosas que aparecen en la mayoría de los casos: reacciones lentas, problemas de memoria, dificultad para comprender algunas cosas o manejar la nueva tecnología… Parece indiscutible. ¿O no es así?
Sí, es así. Hay un momento en que se produce un deterioro cognitivo siquiera leve. Los neurólogos suelen decir que en muchos casos es lo normal para la edad de esa persona. Pero cuanto más ejercitamos el cerebro, más reservas cognitivas tiene.
Los factores que aparecen en el libro para conseguir esa madurez espléndida son de todo tipo, además de genéticos: hábitos alimenticios y sociales, estrés, ejercicio, seguridad económica, entorno, atención médica… Es decir, la mejor etapa de tu vida solo si vives en el primer mundo.
Hablamos del primer mundo, claro. E incluso en algunas cosas de un sector privilegiado del primer mundo. Es cierto que se puede plantear en un número cada vez mayor de personas. Pero también lo es que en sectores de la población con riesgo de pobreza o afectados por enfermedades graves no es así. No obstante, los datos demuestran que crece el número de personas que llegan a ese estadio del que estamos hablando.
Un aspecto relevante y quizá menos tratado es el de las relaciones sociales. Se trata de no centrarse solo en la familia inmediata.
Muchas veces se trata de establecer conexiones débiles: debemos ser pragmáticos y mirar cómo podemos estar conectados socialmente. Yo termino por estar más tiempo con mis vecinos que con mis amigos de toda la vida de Tortosa. No se trata por tanto solo de amigos. Porque esos colegas, esos vecinos, esos conocidos con quienes planteas hacer cosas te empujan a salir y relacionarte. Y eso te fortalece. Si no tienes esas relaciones, te quedas en casa. Los necesitas y te necesitan.
Una campaña publicitaria de una plataforma audiovisual asegura que salir está sobrevalorado. En nuestra situación como sociedad, ese mensaje parece poco adecuado.
Hay mucha soledad no deseada, pero curiosamente más entre los jóvenes que entre los mayores. Hay tecnologías para evitarlo, pero no cumplen la función de apoyo que deberían cumplir. Hay voluntariado, organismos que se dedican a ello, y es cierto que con poco ya das mucho. Tengamos en cuenta que la distracción no es suficiente. No estamos hablando solo de ocio, sino de tener relaciones sociales, hablar con otros, compartir opiniones.
Plantea en su libro pensar no tanto en los años que se tienen como en los que razonablemente nos quedan. ¿Las cuentas atrás no tienen algo de angustioso y estresante?
Sí, es una especulación, cierto, pero estadísticamente se sabe que muchos de quienes hoy están en los sesenta superarán los noventa. No es una utopía, en absoluto. Eso cambia el chip. Antes, al jubilarse, la gente no se planteaba ir a una universidad para mayores o montar una empresa. Si piensas que te queda poca vida, y era así, no te lo planteas. Pero si crees que te queda mucho aún…
No es lo mismo vivir treinta años con muy buena salud, que diez muy bien y veinte mal. Todo eso puede convertirse en una obsesión.
Esa obsesión por la salud es más propia de los jóvenes. Si a alguien le genera ansiedad pensar de esta manera, que no lo haga. Pero el mensaje es que si tú reflexionas sobre tu expectativa de vida y te quedan más años de los que pensabas, puedes tomar unas decisiones de salud y de ocio que quizá de otra forma no tomarías. Y eso te hace estar mejor.
Habla de la necesidad de pensar en lo que se hará tras la jubilación mucho antes de que esta llegue. Y eso implica también la parte financiera. Quizá esta empiece a ser la más compleja.
El gran factor ahora mismo es la vivienda. No sé si dentro de veinte años el peso de la vivienda en las rentas será menor. Pero es imprescindible plantearlo. Se trata de hacer un esfuerzo para tener un piso en propiedad, aunque sea una puñalada inicial, pero a largo plazo es mucho más rentable. Alguien que no ahorre ahora mismo y no tenga piso en propiedad puede estar en una situación cercana a la pobreza de mayor. Ya sucede, obviamente.
Reinventarse. Pero aquí aparece un asunto casi de clase social. Ponerse a tocar el piano pasados los 65, o asesorar a una ONG o escribir las memorias son cosas solo al alcance de quienes tienen una buena formación. ¿Qué pueden hacer trabajadores manuales que han tenido tareas que les han dejado incluso secuelas físicas?
El que está hecho polvo, lo está. Mi padre trabajaba arreglando coches y no quería volver a meterse bajo un automóvil, pero estaba perfecto para montar junto a otros amigos un servicio social en el pueblo. Es la actitud, la vitalidad… Hay gente dispuesta a limpiar los parques, grupos de personas que sacan a pasear a otras mayores que ellos. Hace falta que esto cunda.
El tópico de que lo más importante para conocer tu salud y cómo será tu vejez es saber tu distrito postal, ¿sigue siendo cierto?
En casos extremos, sí. En un estudio realizado en Estados Unidos vieron que en muchas zonas del país era muy difícil llevar una vida saludable porque no tenían acceso a comida sana, no había parques cerca… Ahí sí sucede. En un caso como el de Madrid, con muchos códigos postales, no habrá gran diferencia entre el barrio de Salamanca o Chamartín.
De todo lo que habla en su libro para conseguir una vejez más activa y saludable, hay factores incontrolables (la genética, una pandemia, un tumor, un accidente) y otros que se pueden controlar (alimentación, hábitos…) ¿Qué porcentaje puede corresponder a unos y otros?
Salvo en el caso de los centenarios, que tienen muy buena genética, para la mayoría de las personas se dice que la longevidad depende un 20% de la genética y un 80%, de los hábitos. No sé hasta qué punto esa proporción incluye esa parte azarosa de un tumor, por ejemplo, que tiene un punto de mala suerte. Por intuición le diría que el azar es menor que los hábitos. Los hábitos marcan mucho. Cuando hablas con cardiólogos como Valentín Fuster, te cuentan que cuando abren a alguien ven los hábitos que tiene.
Mucha gente ha tenido juventudes salvajes, con altos consumos de sustancias poco recomendables. ¿Eso tendrá o está teniendo algún reflejo al llegar a la edad madura?
Los mecanismos de reparación de los jóvenes son mayores que en los adultos, así que puede que en muchos aspectos no les pese. A nivel cognitivo, algunos excesos, sobre todo en cuanto a drogas, provocan un daño neuronal que se nota más tarde. Eso también es cierto.
Al final del libro habla del alargamiento de la vida o el mejoramiento de la salud gracias a terapias carísimas solo al alcance de unos pocos. ¿Durante mucho tiempo solo los ricos conseguirán esos beneficios?
Durante un tiempo no pequeño será así. Al final, depende mucho de cuánto te extiendan la vida de verdad. Si es un año o dos extra, no se creará un gran ‘gap’ entre los mejorados y los no mejorados. Pero si se logran extensiones más importantes, habrá otro desequilibrio entre capas sociales. Otro desequilibrio más. Ya los hay. Por ejemplo, hay algunas prótesis que no te cubre la Seguridad Social pero si vas por la privada y la pagas tú puedes tenerla. Ya hay un ‘gap’, pero yo creo que estas terapias de antienvejecimiento van a existir aunque no tendrán un impacto de décadas de vida extra como algunos dicen.
¿El transhumanismo es hoy por hoy algo más que ciencia ficción?
Es ciencia de laboratorio, pero las expectativas que plantea son de ciencia ficción. Hay investigaciones serias que plantean manipulación genética, prótesis, que se están investigando ya en laboratorios. Cuando oyes lo que eso nos va a permitir, tengo la sensación de que parece ciencia ficción. Lo que me hace dudar es el poder transformador de la inteligencia artificial. No sé si va a acelerar mucho algunos de esos desarrollos. Hace unos años era más radical diciendo que eso eran fantasías y ahora soy más cauto en mi escepticismo.