Salud

Una persona medieval caminaba hasta cinco veces más que hoy: así ha cambiado nuestra forma de movernos

Estudios forenses han mostrado que las poblaciones medievales tenían estructuras óseas adaptadas a un esfuerzo físico constante

Una mujer anda por un camino
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Diario de Navarra

Publicado el 28/05/2026 a las 05:00

En una sociedad donde el coche, el transporte público e incluso el teletrabajo dominan la rutina diaria, caminar se ha convertido casi en una opción. Sin embargo, durante la Edad Media no era una elección, sino una necesidad. Comparar cuánto caminaba entonces un campesino o un mercader con lo que recorre hoy una persona media permite entender hasta qué punto ha cambiado nuestra relación con el movimiento.

Para la mayoría de la población medieval, caminar no era ejercicio: era la base de la supervivencia. Sin medios mecánicos de transporte, prácticamente todos los desplazamientos -trabajo, comercio, religión o viajes largos- se realizaban caminando.

Los estudios históricos sitúan la media diaria en cifras hoy difíciles de imaginar. Un adulto podía recorrer entre 8 y 16 kilómetros al día en su vida cotidiana, dependiendo del oficio y del entorno. En casos de viajes o desplazamientos prolongados, las distancias eran aún mayores: lo habitual era avanzar unos 25 kilómetros diarios, con picos de hasta 50 o 60 kilómetros en jornadas excepcionales.

Estas cifras no se reservaban solo a soldados o mensajeros. Incluso los campesinos, considerados tradicionalmente sedentarios, caminaban varias millas cada día entre campos, mercados o pueblos cercanos. La ausencia de transporte hacía que todo el mundo caminara con frecuencia, desde el amanecer hasta el anochecer.

Además, el propio cuerpo humano de la época refleja ese estilo de vida: estudios forenses han mostrado que las poblaciones medievales tenían estructuras óseas adaptadas a un esfuerzo físico constante.

HOY: MENOS PASOS, MÁS SEDENTARISMO

Frente a ese escenario, la movilidad actual es mucho más limitada. En países desarrollados, una persona adulta promedio apenas alcanza entre 3.000 y 6.000 pasos al día, lo que equivale aproximadamente a 2 a 5 kilómetros diarios.

Incluso en los estándares de salud, considerados recomendables, la cifra se queda lejos de la rutina medieval: caminar unos 7.000-8.000 pasos diarios (alrededor de 6 kilómetros) ya se considera suficiente para obtener beneficios a nivel cardiovascular.

La diferencia no es solo cuantitativa, sino estructural. El modelo de vida contemporáneo reduce la necesidad de moverse: se trabaja sentado, se compra online y los desplazamientos se realizan en vehículo. Como resultado, gran parte de la población es catalogada como sedentaria. Una brecha de miles de pasos separa ambos mundos.

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