Carlos Goñi: "Las filósofas han tenido que pedir permiso para exponer sus ideas"

El filósofo navarro traza el recorrido de la historia del pensamiento a través de 50 pensadoras esenciales en el libro ‘Los ojos de las filósofas’ 

Carlos Goñi Zubieta en una imagen reciente
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Carlos Goñi Zubieta en una imagen recienteMarta Royo/ fotoimaxen
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Ion Stegmeier

Actualizado el 06/04/2026 a las 22:10

Hace unos meses la editorial Ariel reeditó el libro 'Las narices de los filósofos', que Carlos Goñi Zubieta publicó hace 18 años para hacer revisar la historia de la filosofía a través de 50 pensadores considerados esenciales. El título era una manera de decir que los filósofos son los que meten las narices en todos los asuntos, y lo publicó acompañado de unas caricaturas hechas por Joan Oriach y un poquito de humor. Al preparar esa reedición del libro a la editora se le ocurrió hacer lo mismo pero con 50 filósofas, y Goñi aceptó el reto. Se puso a trabajar, a estudiar, a leer mucho y a descubrir estos nombres propios que, en esta ocasión, han sido silenciados en muchos casos. Así ha escrito 'Los ojos de las filósofas', con otras 50 biografías, ahora de mujeres, aunque asegura que podían haber sido 100. Carlos Goñi, nacido en Pamplona en 1963 aunque se considera de Obanos, es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Compagina la docencia con una intensa creación literaria. Su obra abarca temáticas diversas como la filosofía, la historia antigua, la mitología o la educación.

¿Qué miran los ojos de las filósofas, son distintos?

Eso es lo que se trata de descubrir con este libro. Estamos acostumbrados a mirar la filosofía con los ojos de los hombres, pero tenemos el otro 50% de la humanidad que también ve la verdad. En el fondo miran lo mismo, la filosofía, pero lógicamente lo hacen de otra manera. Tampoco vamos a hablar aquí de mujeres, vamos a hablar de filósofas. Lo que pasa es que cuesta, porque las filósofas han tenido que pedir permiso para exponer sus ideas; y han perdido un tiempo y unas energías en pedir ese permiso.

Umberto Eco dice en una cita que recoge que “Los filósofos han preferido olvidar a las filósofas, tal vez después de haberse apropiado de sus ideas”. ¿Ha sido así?

Catalina de Siena
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Catalina de Sienajoan oriach
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Eso me llamó la atención. Al cabo de tantas páginas, y de 50 filósofas, te das cuenta de que sí. Tampoco es cuestión de decir cuáles antes y cuáles después, pero hay ideas que son de ellas, que después han triunfado más en los hombres que en ellas.

¿La historia escrita está un poco a medias, entonces?

Exactamente. Nos hemos leído la mitad de la historia y lo que yo intento hacer es una historia a medias entre filósofos y filósofas. Yo tengo 50 filósofos en el libro Las narices de los filósofos y 50 filósofas en éste, son 100. Me hubiera gustado entretejerlos, así saldría una historia de filosofía realmente verdadera. Algunos pueden pensar: “Ah, Los ojos de las filósofas, será una historia de filosofía amateur, de segunda división”. Y no. Eso es lo que yo no quiero. Tenemos que trenzarla con la de los hombres, lo tenía previsto para hacer una especie de epílogo, pero se me iban las páginas.

¿Cómo puede ser que para Aristóteles la mujer fuera biológicamente inferior, que Hegel pensara que “no estaban hechas para las ciencias más elevadas” o que Schopenhauer las considerase seres de “miopía intelectual”?

No hemos prestado atención a este desprecio que han mostrado muchos grandes filósofos hacia las filósofas. Algunos han llegado a decir que no tienen el cerebro preparado para la metafísica. Este libro lo desmiente. Es un libro pertinente, pero también impertinente, porque mete el dedo en la llaga, porque la filosofía la hemos hecho a espaldas del 50%.

Tullia d'Aragona
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Desde su experiencia personal como filósofo, ¿qué presencia tenían las mujeres en las aulas y en la profesión?

Yo recuerdo en mi clase de filosofía que había muchísimas chicas, éramos la mitad, más o menos. Pero, en cambio, no estudiábamos a mujeres. Lo tomabas como una cosa normal en aquellos años 80. Por eso cuento la anécdota de Elizabeth Anscombe, que protagoniza uno de los capítulos y visitó la universidad junto con Peter Geach, que era su marido. Nosotros íbamos a Peter Geach. El que daba el seminario era él, sobre lógica, y su mujer estaba allí en primera fila escuchando, pero era alguien de segunda fila.

El capítulo de Elizabeth Anscombe lo titula La mirada severa. ¿La recuerda así?

La conocíamos porque había sido albacea de Wittgenstein, nada más y nada menos. Wittgenstein en aquel momento se estudiaba en la facultad. Creo que éramos de primero, en la Universidad de Navarra. “Mirada severa” se la consideraba ya en los círculos filosóficos porque era de armas tomar.

¿En qué sentido?

Ella se puso en contra de todos sus compañeros en su universidad [Oxford]. Querían agasajar al presidente estadounidense Harry Truman, el que había mandado lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Ella en la asamblea que tenía que decidir darle o no el doctorado honoris causa se puso en contra. La trataron de todo: la llamaban grosera, pretenciosa, católica y mujer. Al final la universidad decidió darle el honoris causa, pero ella hizo una aportación a la ética del siglo XX, que estaba tambaleándose, con severidad. Hizo una gran aportación al razonamiento práctico de la ética del siglo XX. Luego fue madre de siete hijos, se casó con Peter Geach, tuvo un accidente de coche y al cabo del tiempo murió... Era muy querida en la Universidad de Navarra.

El libro comienza con una esclava sin nombre que se rió de Tales de Mileto (siglo VI a.C.) cuando éste se cayó en un pozo por mirar el firmamento. La mujer se burló de él por mirar el cielo y desatender lo que había a sus pies.

No se conoce su nombre; solamente se conoce esa anécdota. Yo la propongo como la primera filósofa de la historia. Es una muchacha tracia que era la esclava de Tales y que se rió del filósofo cuando cayó despistado en el pozo. Representa ese sentido común, esa filosofía que luego desarrollará Heráclito, de fiarse de los sentidos, de estar mirando al más allá. Este primer capítulo contiene cosas que se van a repetir en las filósofas posteriores. Así como no conocemos el nombre de la mujer, sí que conocemos el de Tales, que precisamente daba gracias a los dioses por haber nacido hombre, haber nacido libre, y haber nacido no bárbaro, sino griego. Esta primera filósofa que yo propongo es justo lo contrario. No conocemos el nombre de muchas otras.

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Entre las 50 incluye varias santas y teólogas, curiosamente la religión, que puede parecer cerrada a nuevas aportaciones, fue el campo para pensar de muchas de ellas.

Sí, es quizás la forma más fácil de acceder al pensamiento. A las mujeres se les permite más fácilmente leer la Biblia que otras cosas. Es un acceso al pensamiento, a empezar por Dios y por la línea religiosa, por eso hay muchas. En la Edad Media tienes muchas místicas o pensadoras que han sido precursoras del misticismo. Es un acceso al pensamiento mediante la religión, como muchas otras filósofas han tenido el acceso a través de la defensa de su propia feminidad y de los derechos de las mujeres.

¿De las 50 tiene alguna favorita?

No sé. Son todas. A Simone Weil, por ejemplo, yo la llamo la dama de la fe. También hablo, lógicamente, del último disco de Rosalía, que se llama Lux, y parece ser que ella ha estudiado algunas filósofas y en concreto a Simone Weil. Simone Weil también estuvo en la Guerra Civil española; es una mujer que se está redescubriendo ahora. Está también Flora Tristán, por ejemplo, en el siglo XIX. Flora Tristán se casó y su marido en plena calle le disparó, le dio cerca del corazón, pero no murió. Lo hizo a los cinco o seis años, pero hasta entonces siguió viva con un balazo en el corazón. Ella habla sobre todo de la lucha obrera, le dedica sus trabajos a los obreros y a las obreras, y habla de ideas que después aparecerán en Marx. Además visita las fábricas en Inglaterra. Todas, al final, tienen algo especial.

Dedica el libro a su madre, a sus cinco hermanas, a su mujer, a su hija y a su nieta. ¿Han estado las mujeres muy presentes en su vida?

Estoy siempre acompañado de ellas. Somos cuatro hermanos y cinco hermanas, pero yo he estado rodeado de chicas. Estuve con las tres primeras y después ya aparecen los chicos. La relación con ellos ya no fue tanta como con las chicas. De todas maneras, todos estamos rodeados de mujeres, creo. Ahí hay un descubrimiento. Este es un libro que, pienso yo, es oportuno, pero no oportunista. Cuando iba a salir, el día 18 de marzo, mi hija me dijo: “Papá, ¿por qué no lo sacas el 8 de marzo?”. Y yo dije: “¿por qué no?”. Pero no va de eso el libro. Sí que hay elementos feministas, pero supongo que unos lo verán demasiado y otros demasiado poco.

Portada del libro
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Portada del libroariel
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‘LOS OJOS DE LAS FILÓSOFAS’
Autor
: Carlos Goñi Zubieta
Editorial: Ariel 
Número de páginas: 304 
Precio: 19,90 euros 

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