Ciencia
Un proyecto liderado por el CIMA Universidad de Navarra investiga para curar la enfermedad renal hereditaria
El trabajo indaga en terapias génicas que puedan evitar el trasplante e incluso la diálisis


Actualizado el 16/02/2026 a las 12:59
Un proyecto de investigación navarro, liderado por el CIMA Universidad de Navarra, pero en el que también participan centros públicos y privados de la Comunidad foral, trata de buscar soluciones innovadoras a enfermedades renales de origen hereditario y de encontrar nuevas fórmulas para remediar unas patologías que hasta ahora solo se resuelven con un trasplante. Son males que afectan a no pocas personas, y que curiosamente, a los que beneficia la función filtradora de los propios riñones, que impide que les lleguen los tratamientos. El proyecto, denominado TEGER, investiga por un lado terapias genéticas, que modifican el ADN mutado que ocasiona la enfermedad, y por otro, un sistema para trasladar los fármacos hasta el riñón, salvando la labor limpiadora de este órgano.
Rafael Aldabe es el biólogo del CIMA que está al frente de un proyecto que involucra también a Aditech (el organismo que coordina el sistema navarro de I+D+i), el Hospital Universitario de Navarra, la Clínica Universidad de Navarra, la empresa pamplonesa Vivet, dedicada a la biotecnología, y la firma de diseño e innovación Vidorreta, con sede en Arre. Con su equipo, Aldabe trabajaba en soluciones para el hígado, hasta que vieron “una necesidad”. Se encontraron incluso dentro del CIMA personas que padecían, ellas mismas o en hijos y otros familiares, enfermedades renales genéticas y se dieron cuenta que es un mal que afecta a mucha gente. “Un 10% de la población va tener problemas de riñón. Conforme se hagan mayores, sus riñones van a funcionar peor, en un proceso lento pero que va progresando y dificultando su vida”, explica el biólogo. No todos padecen la enfermedad por causas genéticas, pero sí se calcula que entre el 10 y el 20% lo desarrolla porque un gen está “estropeado” y no hace que el riñón no funcione como debe.
Ahí es donde entran las terapias génicas, que buscan fórmulas para reemplazar ese gen ‘malo’ por otro correcto. “Cuando empezamos el proyecto había tratamientos para hígado, cerebro y distintos órganos, pero ninguno para el riñón. Ahora estamos nosotros y otra gente a nivel mundial peleando por ello y hemos encontrado cómo hacerlo”. Para ello trabajan en cómo soslayar la dificultad que pone el propio riñón. “Normalmente, los tratamientos de terapia génica se administran en la sangre, pero el riñón filtra la sangre. Funciona como un colador que no deja pasar las cosas grandes, por lo que no llega el tratamiento administrado. Lo que hemos hecho es buscar una ruta alternativa: entrar por donde sale la orina usando un catéter que llega hasta el riñón para poderle hacer llegar la terapia. Claro que no es tan fácil. Es un proceso delicado. “Cuando administras algo al riñón puede que hagas mucha presión dentro y le causes daño”. Por eso, una de las patas del proyecto es el diseño de un dispositivo con una sonda de presión con el que van a probar qué valores son seguros y cuáles no. Esos ensayos los están llevando a cabo en cerdos, “un modelo que se asemeja al humano. Antes de llegar a un paciente lo optimizaremos todo en estos animales”. De momento cuentan con un prototipo “un tanto rudimentario pero en cuanto demostremos que esto vale, el objetivo es diseñar un prototipo médico: que haya un desarrollo de materiales, de diseño.... Hay entran ingenieros o diseñadores además de los médicos”.
VECTORES Y PACIENTES
El proyecto busca también los vectores, los vehículos que pueden transportar mejor los genes ‘buenos’ a las células. Suelen ser adenovirus, a los que se les modifica para que no infecten al organismo y, en cambio, sí integren en la célula el material genético correcto. “Estamos identificando cuáles son los que van a funcionar correctamente en el riñón, empezando en ratones y luego los probaremos en monos.
Por otro lado, los investigadores están tratando de identificar a los pacientes cuyos problemas renales vienen de causas genéticas. En concreto, han elegido una enfermedad concreta, la poliquistosis renal: “Se caracteriza porque en los riñones crecen unos quistes grandes. Un riñón puede pasar de pesar 150 gramos a 4 o 5 kilos. Hay varios genes que lo causan, y nosotros podemos luchar contra uno ellos. Por eso, en el centro biomédico Navarrabiomed están secuenciando a la población navarra con esta enfermedad para identificar quién podría ser tratado con una terapia dirigida a ese gen”.
Los investigadores, que ha buscado desde el primer momento el contacto con los enfermos, a través de la asociación Alcer, “para explicarles qué es la terapia génica y lo que estamos haciendo, además de saber cuáles son sus necesidades”, tienen claro que es un camino lento. “Estamos en un proceso para curar personas llevando todos los pasos de aquí a diez años. En vez de ir por un solo camino, llevamos un abanico, con varios frentes: los virus, la identificación de los pacientes... buscamos conocer toda la problemática en general para intentar solucionarla y de esta manera también situar a Navarra como un sitio de referencia para este tipo de tratamientos”. Eso sí, para conseguirlo necesitan dinero y están buscando inversores. Aldabe ha calculado que en cuatro años necesitarán cuatro millones de euros, para llegar al momento en el que podrían empezar a pensar en aplicaciones más clínicas. “Los inversores quieren ganar dinero. Les tienes que convencer de que no hay tanto riesgo en invertir en ti. Entiendo que todavía estamos un poco lejos, para ellos es un poco temprano, pero seguro que lo conseguiremos”, afirma Rafael Aldabe, que añade que de sus investigaciones pueden salir innovaciones que valgan para para otras enfermedades aunque no sean genéticas, lo que las haría más rentables.
EVITAR LA DIÁLISIS
Más allá de lo económico, los investigadores pueden intentar convencer a los inversores con las vidas que mejorarán si el proyecto termina con éxito. “Esta una enfermedad con bastante incidencia y que es una espada de Damocles. Sabes que te va a venir si has tenido familiares que la han sufrido o murieron por ella. Ahora lleva a diálisis y tiene riesgo de muerte si no te trasplantan. Cuando el riñón deja de funcionar y está enfermo, se tiene más propensión a tener hipertensión problemas cardiovasculares, por lo que puede provocar la muerte por un infarto u otros problemas. Por otra parte, la diálisis puede aplicarse un tiempo, pero también acorta la vida, mientras que los trasplantes, que son más seguros, no llegan a todos”, dice el investigador del CIMA, que apunta que en todos los casos estas enfermedades rebajan de modo relevante la calidad de vida del paciente. “Nuestro objetivo es demostrar que se puede pelear por una solución que les cure. Y si no les cura del todo, por lo menos que no tengan que entrar en diálisis”. Rafael Aldabe, por eso, califica el proyecto de “ilusionante”. “Procuramos llevar un poco de esperanza a los pacientes. Y ello lo agradecen simplemente porque hagas tu trabajo, que es buscar algo. Entiendo su perspectiva porque se han sentido abandonados”.