La escritora canaria Arantxa Rufo participará como ponente en la XII edición de Pamplona Negra
Estará acompañada por los también escritores Arturo del Burgo y Laura Balagué en la mesa redonda 'Verdades y mentiras', que pretende profundizar en la idea de cuándo es ilícito mentir y el riesgo de decir la verdad


Publicado el 07/01/2026 a las 16:59
La escritora canaria Arantxa Rufo estará presente como ponente en la XII edición de Pamplona Negra, que se desarrollará del 19 al 24 de enero de 2026. Como invitada del certamen, Rufo participará el 19 de enero en la mesa redonda 'Verdades y mentiras', que tendrá lugar a las 18:05 h, en la sala de cámara del Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte. Rufo estará acompañada por los también escritores Arturo del Burgo y Laura Balagué en esta charla que pretende profundizar en la idea de cuándo es ilícito mentir y el riesgo de decir la verdad. Al frente de este diálogo abierto como moderador estará el periodista Julen Uterga.
Con doce ediciones, Pamplona Negra se ha convertido en uno de los festivales más sólidos y reconocidos del panorama nacional. La propuesta para 2026, bajo el título de 'El rostro del noir', invitará a participantes y público asistente a explorar en profundidad los estereotipos, las falsas apariencias y las convicciones que llevan a considerar a unas personas como peligrosas y a otras como inocentes. A través de mesas redondas, charlas especializadas y encuentros con autores y autoras, el público descubrirá cómo cualquier persona -hombre, mujer, niño o niña- puede ser capaz de cometer un crimen, en una edición que combina literatura, análisis criminológico y una mirada crítica al comportamiento humano.
Madrileña por circunstancias de la vida y canaria desde siempre (llegó a Tenerife cuando apenas contaba con un año de vida), la escritora Arantxa Rufo (Madrid, 1979) ha conseguido remover los cimientos del género negro en España con su novela más reciente, 'Las tres muertes de Sarah Colbert' (Duomo Ediciones, 2025). Su capacidad para seducir al lector con maestría y sin artificios, haciéndolo partícipe del viaje al dolor y la culpa de la protagonista de su obra, fluye de manera natural, como la vida misma.
En su quinta novela, la primera que cuenta con respaldo editorial tras el éxito de sus cuatro obras anteriores que fueron autoeditadas: 'Punto de mira', 'Zed está muerto', 'Sangre en las manos' y 'Espira', la escritora canaria vuelve a sumergirse en el género en el que siente más cómoda: la novela negra.
Pero en 'Las tres muertes de Sarah Colbert', Arantxa Rufo va un paso más allá casi sin proponérselo, incluso a nivel estilístico, retratando una historia más intimista, aunque sea raro para un thriller. Una historia que transita de forma más pausada y reflexiva. Un relato cocinado a otro ritmo, que permite a la autora tomar más riesgos, fruto de la confianza narrativa que le han aportado sus obras anteriores.
La culpa que siente la protagonista de la novela es algo que podemos compartir, porque nos solemos culpar de cosas de las que en absoluto somos responsables. Vivimos culpándonos de hechos que ocurrieron en nuestra infancia y no teníamos ninguna responsabilidad. Pero eso no impide que continúe afectándonos muchísimo tiempo después. De alguna manera, esa culpa ha influido en Sarah Colbert, y por pura empatía y experiencia compartida la comprendemos y la acompañamos en su dolor.
La investigación que dibuja'Las tres muertes de Sarah Colbert' se convierte en la excusa ideal para relatar en la novela la vida de la protagonista, desde la infancia a la actualidad. En ese contexto, Rufo retrata personajes creíbles, humanos y reconocibles, que sienten y padecen el peso de la vida, aunque sus recuerdos sigan atrapados en los acontecimientos pasados que desataron el caos y ahora regresan para cerrar el círculo. Lo que nos sucede en la infancia y la juventud queda grabado a fuego en nuestra memoria para siempre. Esa huella indeleble, que permanece latente esperando su oportunidad, es capaz de desatar todo lo que se avecina y arrasar a su paso nuestra propia integridad.
Arantxa Rufo sitúa el relato de su última obra en Estados Unidos, donde Sarah Colbert, la sheriff de 35 años y madre soltera del condado de Wenatchee (una población que existe en realidad), cerca de Seattle, en Washington, un lugar pequeño e inhóspito rodeado de un bosque y un lago, trata de sobrevivir cada día traumatizada por un pasado doloroso y oscuro marcado por tres hechos: la muerte violenta de sus padres cuando ella y su hermana gemela Raquel tenían siete años; la desaparición de su hermana a los veintidós años, sin explicación ni causa aparente; y la reciente reaparición de Raquel que ha vuelto a poner patas arriba la turbulenta existencia de Sarah.
La escritora canaria desmadeja sutilmente a lo largo del relato los entresijos de un lugar aparentemente aislado del mundo y a la vez tan cercano que huele a lluvia, decadencia y misterio, y en el que se citan personajes que son lo que parecen, aunque a veces no lo creeríamos.
Los escenarios recreados con maestría cinematográfica nos permiten disfrutar y saborear la esencia de cada protagonista que vive y respira según sus propias creencias y miserias. Y como piedra angular de la historia siempre está Sarah Colbert, que se ve obligada a aparcar de nuevo su vida para dar sentido a la aparición del cuerpo sin vida de su hermana y de paso reordenar las piezas del puzle de una existencia al que le siguen faltando algunas certezas.
Narrar desde el tuétano. El género de novela negra le va como un guante a Arantxa Rufo. Minuciosa, detallista y oscura en su mirada cercana, la escritora canaria despliega una forma de escribir y de crear vida marcada por expresiones, silencios y gestos que desatan la empatía inmediata. El mejor escenario literario, sin duda, para que pueda dar rienda suelta a su imaginación y escrutar la psicología de los personajes.
Nada en su escritura es fruto de la planificación. Muy al contrario, la narración de Rufo fluye de manera natural dejándose guiar por la historia y un devenir del elenco de personajes tan necesarios como el propio relato, hasta el punto de sentirse la propia autora parte de la historia a la que suma distintos guiños que solo ella conoce y comparte.
Una obra en la que tienen cabida personajes que atrapan y expresiones, silencios y gestos que aportan la densidad justa y necesaria, hasta lograr un relato que no se puede dejar de leer.
Los giros dramáticos y el dinamismo en los diálogos proyectan un aura visual muy fácil de digerir y disfrutar. Porque se trata de historias que parecen sacadas de la sección de sucesos de un diario o de un expediente policial por la precisión y el detalle de los escenarios por los que transitan los personajes.