Concierto

Amaia, emoción pura, reina en el Navarra Arena

El pabellón se llenó para ver a la pamplonesa el día de su cumpleaños en el arranque de su gira 'Arenas'

Fotos del concierto de Amaia en Pamplona

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Fotos del concierto de Amaia en PamplonaIRATI AIZPURUA

Santi Echeverría

Actualizado el 05/01/2026 a las 10:03

Amaia volvía a su Pamplona natal el mismo día de su cumpleaños iniciando así la gira 'Arenas' de su nuevo disco ‘Si abro los ojos no es real’. En el día de su cumpleaños y con llenazo en el Arena, empezó con la intro del nuevo disco y ‘Tocotó’ con esa letra tan naif ,que son los recuerdos de su infancia y las voces de sus padres con esa canción del caballito que nos han cantado y hemos cantado en tantas generaciones. Vestía una blusa que dejaba ver su ombligo con mangas acampanadas y una minifalda blanca.

Después de La magia de Benidorm comenzó a hablar con su discurso Amaia cien por cien: “Ay, ay, ay, que estoy cargada... bueno no, es que estoy muy nerviosa porque para mí es el concierto más importante de mi vida”. Los músicos se disponían a la izquierda y derecha en sendas semitorres y dejaban todo el resto del escenario para que se moviera a sus anchas. En sendas pantallas de vídeo en los laterales se podía seguir las evoluciones de la pamplonesa con la realización multicamara.

Bebió agua, trago saliva y p’alante. Muchas gracias en estos primeros compases, el plano sonoro era un poco desigual y toda la instrumentación a veces estaba excesivamente alta y se comía su voz. Pero ella comentaba: “Hoy os voy a repetir una y cien veces que estoy súper emocionada por todo... además de ser mi cumpleaños, estoy en mi ciudad, es Navidad y en Navidades una se pone muy especial. Agua por favor, necesito agua”.

Precedía a una canción  del segundo disco, 'La vida imposible' y a continuación ‘Dilo sin hablar’ con el plano sonoro al borde de la distorsión. Ella estaba muy activa y espectacular en la interpretación.  La iluminación jugaba sobre todo con focos laterales haciendo calles. Y Amaia bailaba muy libre  reproduciendo algunas coreografías.

En ‘Nanai’ volvió al centro del escenario, donde en su parte alta había un piano de pared con el que empalmó el tema con una versión muy suya de ‘La tarara’,  en la que sonaba también ritmo de batucada brasileña.

Tras un momento de pausa y  que apareciera un cartel en el que se leía ‘Acto 2’ que dio comienzo a una puesta en escena mucho más espectacular. Quedó atrás el minimalismo y las luces ya jugaron de otra manera con mucho más efectos, con proyección en una pantalla que estaba por encima de todo el escenario en su amplitud y en la que aparecieron también músicos de cuerda y de viento que se sumaron a los seis músicos que ya estaban desde el principio.

Doce acompañando a la de Pamplona que siguió sentada al piano. Llegó uno de los momentos más potentes del concierto cuando interpretó el tema ‘Me pongo colorada’ en estilo de copla pero que llevó a un terreno musical absolutamente personal y casi épico.

La Amaia sin filtros dedicó la siguiente canción a su madre porque aunque era el cumpleaños de ella dijo  que también tenía que ser de su madre que para eso la parió con sus cuatro kilos y medio, “que nací casi criada...” Hilaridad popular y empatía absoluta del respetable con esta persona que irradía siempre naturalidad a raudales. Era el momento de ‘Auxiliar’ y justo a continuación ‘Ya está’ que interpretó tocando el arpa. Fue un momento mágico. Porque su voz tiene pasajes interpretativos en los que es pura magia.

Subió al techo de la plataforma bajo la que estaban parte de sus músicos -cuerda y viento- y desde esa altura  interpretó una versión también muy personal del tema de Los Planetas ‘Santos que yo te pinte’. Para el siguiente tema salieron al escenario 16 bailarines y bailarinas que también tuvieron papel de coro, con una coreografía muy limpia, cuasi naif. Hermoso.

Y a continuación el tema ‘Despedida’ se lo dedicó a su abuela Tere fallecida hace dos años y en el fondo también a su familia . Aunque comentó que “la muerte me da mucha ansiedad. Pero en el fondo es una celebración a la vida porque mi abuela murió rodeada de amor después de haber vivido una vida plena”. Le dedicó una coreografía de tacones, muy suya, rodeada de sus 16 bailarines.

En el momento de ‘Yo invito’ aprovechó para volver a insistir en lo bien que se lo estaba pasando y en preguntar a  ver que nos parecía el vestido que llevaba.  Después llegó el momento de ‘El relámpago’, ella al piano y una puesta en escena tan minimalista como espectacular en la que los 16 bailarines y coristas subieron también al piso superior.

En el tema siguiente los chelos tomaron el protagonismo en los primeros compases y Amaia  subió al piso superior para estar rodeada de sus bailarines-coristas. Era el momento de ‘Nuevo verano’. Entre el respetable que cantaba todas las letras y el plano  tan importante que ganó el coro aquello fue para arriba como un cohete. Presentó al coro que era ‘El Taller de Music de Barcelona’ y  también a los músicos sinfónicos “por formar parte de todo esto”, antes de que apareciera el cartel de acto IV,  que precedió a ‘M.A.P.S’, que es una rebelión contra todo el daño que pueden hacer las redes sociales.

Un curioso y efectista juego de luces enmarcó el siguiente tema en el que también hubo imágenes distorsionadas de los músicos en la pantalla de gran tamaño sobre el escenario. Era ‘Giratutto’ y le siguió otra de sus canciones de amores y desamores como es ‘El encuentro’.

Su cara más electro llegó con ‘La canción que no quiero cantarte’.  Fue el momento que aprovechó para presentar a toda la banda, “personas maravillosas que cada uno de ellos toca un montón de instrumentos”.

Cogió la guitarra acústica para  interpretar una de sus primeras canciones, la primera que apareció subida en Spotify,  ‘Quedará en nuestra mente’. Amaia daba vueltas con la guitarra entre sus manos y una cámara le cogía desde atrás con todo el público de la pista de fondo, que movía sus manos de izquierda a derecha cantando unánimemente esa letra tan hermosa.

Se hizo un oscuro mientras una luz cenital iluminaba solo el centro del escenario donde estaba el piano de pared. Momento de espera antes de que volviera al escenario para interpretar otra copla. Amaia, coplera de alma flamenca. La cámara cenital tomaba un plano de sus manos y su interpretación de ‘Zorongo gitano’ con la letra de Federico García Lorca. Amaia camaleonica, que borda cualquier terreno musical. Alguien del público  despachó un “olé”  profundo. Amaia dio las gracias una vez más y antecedió una canción que le hacía especial ilusión  cantar de aquí porque era  ‘Yamaguchi’. Se la dedicó a su tío Juan Romero,  que acompañó a sus hermanos y a ella al viaje que hicieron a la ciudad japonesa.  “La persona mas buena y más noble que conozco”.  Afinó como nunca en su vida, que ya es decir, rotunda en el agudo. La gente con los pelos de punta... como no podía ser de otra forma .

Se acercaba el final. Amaia percutió las cucharas en el inicio de esa canción tan especial que es ‘Aralar’,  en la que de nuevo le  acompañaba  el coro. Y tuvo oportunidad de bailar y hasta de tocar la percusión antes de que sonara el irrintzi final de la canción. 

Anunció que era el final del concierto.  Y habló mucho para volver a repetir lo especial que era estar delante de su ciudad,  cumplir un sueño de estar delante de tanta gente que ha compartido momentos con ella, de su pasado y de su presente. Era el preludio esa preciosidad de canción que es ‘Tengo un pensamiento’.

Final feliz, emocionante con su “gracias Pamplona”. Amaia en estado puro. Despedida con ‘Bienvenidos al espectáculo’.  Y como colofón, un pastel de cumpleaños para Amaia mientras sonaba el ‘Feliz feliz en tu día’.

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