El pamplonés Natxo Leuza ayuda a Fariña a sacar la película que llevaba dentro

El proyecto 'El que no ve', que reflejaba la exclusión social a través del caso de Montxo Rejano, continua en esta iniciativa en la que también trabaja Rejano

Rodaje de Nana, nino, nana, una noche en pleno bosque
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Rodaje de Nana, nino, nana, una noche en pleno bosque
Rodaje de Nana, nino, nana, una noche en pleno bosque

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Ion Stegmeier

Actualizado el 14/09/2025 a las 11:30

A la espera de que la ley lo prohíba, los humos de un cigarro y de un purito se entremezclan al sol en una terraza de la Rochapea. El único que no fuma es Natxo Leuza, director de cine con una larga carrera en el documental (Born in Gambia, El Drogas, Why, Our Voices o Black Water, pendiente de estreno). A su lado, dos personas que con sus biografías han generado sendas películas.

Han pasado cinco años desde que Leuza (Pamplona, 1977) conociera al primero de ellos, Montxo Rejano, donostiarra de 68 años. Por aquel entonces Leuza quería hacer algo sobre la gente mayor que veía sobreviviendo en la calle. Un amigo les presentó y empezaron a quedar todos los martes. Rejano tuvo una vida corriente hasta que a los 50 años se vio arrastrado a la exclusión social. “Hablaba con él sobre su vida y lo aventurero que ha sido, porque ha vivido en muchísimos países y ha hecho un montón de cosas; al principio le costó, pero con la confianza, empezó a sacar todo”, explica Leuza. Aquella experiencia animó a Montxo Rejano a escribir un libro sobre su experiencia, a Leuza a rodar un documental sobre él, y a Fermín Urdánoz a montar una exposición con las ilustraciones basadas en todo ello. El proyecto se tituló El que no ve, y recorrió decenas de festivales y centros de cultura. Rejano acudía a los pases que podía, presentaba la película y propagaba un doble mensaje: de la calle no se sale solo y, quizá lo más importante, le puede pasar a cualquiera. Como a él.

MONTXO Y JUAN

Uno de los que hablaba en el documental era Juan Jiménez Roy, Fariña, pamplonés de 68 años. A él también le pasó. Es el que fuma cigarros en la terraza de la Rochapea. “Montxo siempre me hablaba de él de una manera muy ilusionada, me decía que conocía a una persona que también tuvo una vida normal, que le iban muy bien las cosas, pero casi por las mismas circunstancias su vida también se vino abajo”, explica Leuza.

Fariña llevaba nueve años viviendo en una tienda de campaña y, además de salir del hoyo, soñaba con rodar algún día una película. Siempre le había gustado el cine y ha tenido varias cámaras, la última, regalada por el propio Leuza. Antes de caer en la exclusión social hacía sus pequeñas grabaciones. Se iba al Fuerte San Cristóbal por la noche a “cazar espíritus”, como dice, porque intenta conectar con ellos.

“Siempre dice que los espíritus que te quieren y que están alrededor tuyo no se van al cielo, sino que prefieren quedarse aquí en la tierra”, explica Leuza ante la mirada de Fariña, que asiente.

Leuza vio que el proyecto de El que no ve podía tener continuación. En eso están los tres. Juan Jiménez rodará al fin su película, la que siempre tuvo en la cabeza, un cortometraje que unirá ficción y realidad. Natxo Leuza y Ataria Films le están apoyando para que pueda hacerlo.

La sinopsis la cuenta él mismo: “Mi idea era que venían unos estudiantes de Madrid, conocían Pamplona, buscaban una pensión y ahí me conocen a mí”, apunta. “Yo les empiezo a enseñar lo que es lo Viejo, y en una noche de marcha, como están medio borrachos, surge en una conversación que les gusta lo paranormal, y les digo: ‘¿Queréis ver algo de verdad? y vamos al Fuerte de San Cristóbal”, añade.

Juan conoce bien el Fuerte, sobre todo de noche. Allí les pasarán cosas a los estudiantes de la película, como en las películas de terror en la que los personajes van desapareciendo.

Pero la película, que no tiene título aún, no nacerá sola. Leuza también hará la suya, en la que mostrará el universo personal de Fariña y esas cosas que sólo él ve en las noches cuando el viento sopla distinto, esos espíritus a los que sale a cantar flamenco por la noche.

FLAMENCO EN EL BOSQUE

Acaban de terminar el rodaje de la película de Leuza, que ha entrado en fase de montaje. Han estado grabando de noche en un bosque. “Juan nos pide siempre que le dejemos un momento a solas en la oscuridad con su cámara, y le vemos sonriendo con su linterna y con su luz grabando árboles y situaciones, él conecta con esa naturaleza y con ese espacio”, explica Leuza.

Este corto sí tiene título, Nana nino nana, que corresponde al primer verso de la Nana del caballo grande de Camarón, porque son las canciones que suele cantar Fariña en el bosque. “Juan, que he hecho una especie de duelo en esa tienda de campaña, va al bosque a conectar con un espíritu por una pérdida que ha tenido. Y la manera de hacerlo es cantando unas canciones, porque él cantaba flamenco hace mucho tiempo y canta en la noche en los bosques unas canciones de flamenco para intentar conectar”, apunta el cineasta pamplonés.

En la película de Leuza nadie habla, solo canta su protagonista. A través de todas las acciones que hace y del canto se percibe ese duelo que está pasando.

Y sigue cantando. “Cada vez que quedamos con él, canta”, asiente Leuza. Es su manera de expresarse, y además lo hace con frecuencia gritando. “Muchas veces le digo: ‘¿Puedes susurrar esta canción?’, pero no le sale, quiere gritar, creo que también se desahoga”, explica el director.

Leuza no quiere intervenir mucho en las grabaciones, porque considera que la naturalidad con la que se desenvuelve Fariña le da valor a la obra. “He grabado mucho más que en cualquier largometraje que haya podido hacer”, admite. Cada vez que han rodado lo han ido montando y así van viendo qué les interesa. “Queda muy bien a cámara y tiene una conciencia de hacerlo perfecto, siempre te regala momentos muy mágicos”, asegura Leuza, que se muestra muy contento con el material obtenido.

Ambos cortos forman el proyecto Hay una luz, cuentan con el apoyo del programa Innova de Fundación Caja Navarra y Fundación La Caixa y ayudas Generazinema del Gobierno de Navarra. Se estrenarán a la vez.

CAMBIAR VIDAS

Natxo Leuza siempre se ha preguntado si el cine cambiaba vidas. Al principio, más entusiasta, solía responderse que sí, pero luego se fue dando cuenta de que es difícil. Con este proyecto, sin embargo, está muy ilusionado. “No estoy cambiando vidas, pero sí estamos haciendo algo muy bonito. Al final, si te centras en una persona, como en el primer proyecto de Montxo, él también es capaz de ayudar a otras personas que están alrededor, como ahora con Juan”, apunta.

Entre uno y otro proyecto llevan cinco años, en los que se está remunerando a los participantes y reman todos por un mismo objetivo con el que están involucrados. Montxo Rejano, de hecho, va a ser coguionista de la película de Juan Jiménez y ha trabajado en la de Natxo Leuza.

“Natxo es como nuestro faro”, asegura Rejano. “Yo no soy escritor, he escrito el libro que podía escribir. Ahora, Juan es el que va a proyectar también sus sueños. Toda esta coordinación nos viene de Natxo, nos anima mucho y nos da esas herramientas que nosotros no hemos tenido”, resume.

Actualmente ni Montxo Rejano ni Juan Jiménez viven en la calle. “Yo ya salí de la situación de exclusión social, he conseguido alquilar un piso porque he estado en un montón de habitaciones alquiladas, residencias de Cáritas, pisos pateras y tal”, explica. “No soy una persona consumista, pero por lo menos ya no tengo ese miedo visceral a levantarte una mañana y no tener ni para comer. Eso sí está superado y con eso me basta”, apunta. Además, asegura que con esta experiencia le ha subido la autoestima y se siente mucho mejor.

A Juan, después de estar casi una década en unas situaciones muy complicadas, a través de una ayuda y del Gobierno de Navarra ha podido conseguir un piso para él y para su hijo.

“ No es que el proyecto les haya sacado de la exclusión, sino que ellos han hecho un trabajo muy importante para salir, el proyecto simplemente les sirve como un apoyo y como un objetivo para estar de otra manera”, explica Leuza, que admite que usa el cine para posicionarme en el mundo. “Al final es una manera de despertar conciencias y de estar presente en el mundo aprendiendo”, añade. Él cree que con el lenguaje del cine es como más honestamente se puede expresar y se siente más cómodo.

Una lacra del sistema difícil de arreglar

Montxo Rejano admite que le costó vaciar su mochila personal para el proyecto El que no ve, pero lo hizo para acercar la realidad de la exclusión social. Ahora está contento por la difusión obtenida, “no solamente por mi historia, que es un granito de arroz dentro de miles de personas que están sufriendo esta lacra que ha inventado el sistema y que no tiene visos de arreglarse, a no ser que se haga entre todos y, en primer lugar, las instituciones”, dice. Su esperanza está en la sociedad. “Hay un batallón de voluntarias y voluntarios muy concienciados; eso, te tranquiliza, te da un sentimiento de que no estás tan solo”, añade. “Cuando estás con un tetrabrik de vino en un banco estás totalmente ajeno a las personas, hay una barrera invisible, pero te das cuenta de que, en el fondo, existe por las dos partes unas ganas de comunicar”, apunta.

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