Galardones
Los premios Rex estrenan linaje
Los premios creados por Diario de Navarra ‘coronan’ a Andrea Jaurrieta, Julia Juaniz, Alberto Cañada, Mariela Besuievsky y Fernando González Molina
Actualizado el 09/09/2025 a las 07:02
Los premios Rex, que nacen para galardonar a la industria audiovisual de Navarra, demostraron este lunes el poder que tiene el cine para borrar los límites. En la pantalla lo local se convierte en universal; lo cercano y lo lejano van de la mano y lo clásico se ve como si fuera la primera vez. Uno de los premiados, el director Fernando González Molina, por ejemplo, creció en en el portal de enfrente del Civivox Iturrama -donde se desarrolló la gala- y acaba de rodar el largometraje Mi querida señorita, que se verá a través de Netflix en todo el mundo. La productora Mariela Besuievsky, por contra, es uruguaya pero como responsable de Tornasol Media se ha hecho un poco navarra, ya que ha rodado en la comunidad foral una veintena de largometrajes y series porque aquí, asegura, se siente como en casa.


Esa pujanza del cine que se hace actualmente en Navarra es el caldo cultivo en el que nacen los premios Rex, creados por Diario de Navarra y con el apoyo de Fundación TW y Bestax, y que fueron entregados en el marco del NIFF, el Navarra International Film Festival que este lunes inauguró su séptima edición. El salón de actos se llenó con amigos y familiares de los premiados, gente del sector del cine y cinéfilos en general para asistir a la puesta de largo de los premios.
El cantante Razkin rompió el hielo con la canción Si se quiere se está. “Queremos y estamos”, recogió el guante Belén Galindo, conductora de la ceremonia. Los Rex son los primeros premios de su género que se entregan en la Comunidad foral, según apuntó Galindo. Alicia Nicolás, directora comercial del grupo La Información, editor de Diario de Navarra, explicó que nacen para reconocer la excelencia en la producción, dar visibilidad a los profesionales, impulsar la industria y estrechar la relación entre el cine y la ciudadanía. “El audiovisual navarro importa, y mucho. Y los premios Rex han llegado para ser una pieza clave en ese camino”, declaró.
Los galardones, diseñados por la artista Patricia Miranda en base a una corona, hacen un guiño en su nombre a los cines que abrieron sus puertas en 1957 y fueron un refugio para los cinéfilos pamploneses durante tres décadas.
La directora Andrea Jaurrieta, recibió el premio Rex Nuevas miradas y dio las gracias a Navarra por el apoyo que ha tenido siempre desde la primera beca que recibió hasta el nuevo proyecto que está preparando actualmente. “Es una suerte nacer en una comunidad que apuesta por la cultura y el cine, cosa que no pueden decir todas”, dijo, antes de hacer una defensa de las salas de cine.
Julia Juaniz, una de las montadores “más prestigiosas de nuestro cine”, según la presentó Belén Galindo, admitió su emoción por recibir un premio en su tierra, en “el lugar donde empezó el ciclo”. Pero también miró al futuro. Reivindicó la importancia de que la gente joven pueda aprender un tipo de cine que sea más de arte, de creación, de cultura. “Eso se tiene que enseñar en las escuelas y en los colegios”, reclamó, porque advirtió que el mundo actual está hecho de imágenes. “Nos llegan de todos sitios pero hacen con ellas lo que quieran y pueden engañar, eso es el montaje”, señaló.
Alberto Cañada, programador de la Filmoteca de Navarra, exprogramador de los antiguos Saide e investigador de cine, recibió el Rex de honor. Se acordó de sus seres queridos, de los espectadores como la señora que hace unos días le dio las gracias por la película que había puesto, pero especialmente de dos personas: de José María Iñiguez de Ciriano, conocido como el padre Ciriano, el director del cine club Lux - “ahí adquirí esa enfermedad incurable que es la cinefilia” , dijo- y Alberto Zozaya, que le ofreció trabajar en los Saide.
Mariela Besuievsky, junto con Gerardo Herrero cabeza de la productora Tornasol Media, expresó que se sentía en casa rodando en Navarra y agradeció el impulso que se ha dado en Navarra al sector audiovisual. “Trabajar aquí cada día es un placer”, señaló, y citó que por ejemplo en su última producción, la serie Millennial Mal, dirigida precisamente por Andrea Jaurrieta y Lorena Iglesias, el 85% del equipo era navarro, algo que no era posible en sus primeras películas rodadas aquí. “Navarra se ha puesto en el mapa europeo, siendo uno de los lugares donde hay que venir a rodar”, expresó.
Fernando González Molina, por último, recibió el premio a la mejor dirección, con un guiño a la Trilogía de Baztan, los libros de Dolores Redondo que él llevó a la pantalla. La propia escritora envió un vídeo de felicitación y Mónica López Marín, inspectora jefa de la división de Policía Científica de la Policía foral le entregó el premio junto con Paloma Arraiza, consejera de La Información.
González Molina quiso dedicar el premio a todas las personas que se han cruzado en su camino, como amigos, profesores de la universidad, productores, sus padres, su hermana, la primera estrella de sus películas, o su pareja, “los ojos que busco cuando nos angustiamos en los rodajes o en la vida”.
La gala terminó, a la que asistieron entre otros la consejera de RTVE, María Solana; la jefa de sección de proyectos audiovisuales del Gobierno de Navarra, Ana Herrera; el presidente del Clúster Audiovisual, Miguel Iturralde, o la responsable de la Film Commission, Sara Sevilla, la cerró Razkin con Chup, chup, chup, la canción de Historias del Kronen cuando se cumplen 30 años de su estreno.
“No hay que abandonar las salas de cine”
Directora de los largometrajes Ana de día y Nina, Andrea Jaurrieta agradeció a Navarra el apoyo recibido, “desde que me dieron la primera beca para estudiar cine hasta ahora, con el nuevo proyecto que estoy preparando”. Para la cineasta ha sido una suerte “haber nacido en una comunidad autónoma que verdaderamente apuesta por la cultura y por el cine, algo que no pueden decir todas. Siempre me he sentido muy arropada en todos mis proyectos”. A Jaurrieta, que el año que viene cumplirá 40 años, le hizo ilusión ser reconocida en la categoría de Nuevas Miradas: “Esto quiere decir que el cine nos hace eternamente jóvenes y que es una carrera de fondo. Espero seguir corriéndola con mi voz propia. Siempre es más difícil ganar dinero con una voz propia, pero hace que nos sintamos más realizadas”. Por último, reivindicó las salas de cine: “Para que podáis seguir viendo películas y accediendo a la cultura, no hay que abandonar a los cines. Como persona cinéfila, me da mucha pena que estemos dejándolos morir. Os animo a todos a que, por el precio de dos cañas, os veáis una película”.
“Este premio me ha hecho volver al principio”
La montadora Julia Juániz señaló que recibir este reconocimiento en Navarra le llegaba “muy hondo”: “Ha sido como volver al principio, donde comenzó mi ciclo de vida, y en este momento siento que es un cierre de ciclo. Pensar que empecé viendo a Chaplin y he acabado aquí viendo a Chaplin me hace mucha ilusión”, comentó tras ver algunas imágenes de Chaplin. Espíritu Gitano, filme del que fue montadora. En su discurso, Juániz viajó a su infancia en Arellano. “Mis hermanos, que eran mayores, volvían del colegio los fines de semana y me contaban las películas que habían visto. Yo me quedaba en casa por la noche soñando con esas películas”. Juániz quiso recordar a aquellos cineastas que “son perdedores porque han amado el cine; lo han llevado tan dentro que la vida se les ha complicado y han trabajado fuera de la industria”. Entre ellos citó a Pasolini, Agnès Varda, Margot Benacerraf o Chantal Akerman. También quiso recordar a cuatro directores que le han marcado: Javier Aguirre, Basilio Martín Patino, Víctor Erice y Carlos Saura.
“De mi padre heredé la pasión por investigar”
Director de programación de la Filmoteca de Navarra desde 2011, Alberto Cañada centró su discurso en los agradecimientos, comenzando por Diario de Navarra: “Fue el primer medio de comunicación que me permitió hablar y escribir sobre cine”, señaló en referencia también a la emisora que se inauguró en 1983, en la torre del edificio del Diario. En el terreno personal, dedicó el premio a su mujer, María José Erburu, “la persona a la que quiero, la madre de mis hijos, y sin la cual yo no sería el que soy”. Recordó a su padre, Alberto Cañada Juste, fallecido el pasado marzo, “de quien heredé la pasión y el interés por investigar, por recuperar los hechos pasados y plasmarlos por escrito”. También dedicó un especial recuerdo al padre Ciriano, director del Cine Club Lux y responsable de aquel curso de Estética del Cine donde Cañada adquirió ese “virus incurable que es la cinefilia”. También nombró a Alberto Zozaya, fallecido en diciembre, quien le invitó a trabajar en la empresa Saide. Asimismo, expresó su emoción por recibir un premio “que tiene el nombre de un cine”, puesto que las salas de cine han sido el gran objeto de sus estudios.
“Navarra se ha puesto en el mapa europeo”
La uruguaya Mariela Besuievsky entró como socia en Tornasol Media, una productora que en 2017 empezó a apostar por Navarra para rodar. En su discurso, Besuievsky confirmó la pujanza lograda por la industria audiovisual en la Comunidad foral. “De rodaje en rodaje, vamos notando cómo el número de técnicos y el número de servicios navarros aumentan”. Lo ilustró con un dato: en el reciente rodaje de la serie Millennial mal, “el equipo navarro estará compuesto en un 85% por técnicos, lo cual es impresionante”. Para Besuievsky, “Navarra se ha puesto en el mapa europeo, siendo uno de los lugares en los que hay que venir a rodar”. Además de aportar beneficios económicos, el sector audiovisual “visibiliza Navarra, atrae turismo, potencia las estructuras de servicio y aporta cultura”, resumió. En sus agradecimientos incluyó al Gobierno de Navarra “por su apoyo y sensibilidad” y dedicó unas palabras a Miguel Iturralde, presidente del Clúster Audiovisual de Navarra, “un gran profesional del cine y un excelente compañero de viaje”.
“En tiempos convulsos, el cine es el refugio”
A Fernando González Molina siempre le ha hecho “muy feliz” rodar en Navarra, “y espero gozar mucho más”. Director de la Trilogía del Baztan, en su discurso comenzó recordando a aquel niño “que quería ser director de cine y contar historias”. Al director le hizo especial ilusión recibir el premio Rex a la dirección “cerquísima del videoclub Policarpo, que ya no existe, donde alquilé mis primeras películas; del Cine Iturrama, donde vi la primera película en 35 mm y al lado de la universidad donde aprendí a amar el cine clásico”, recordó. Entre las personas a las que dedicó el premio, destacó a su familia: “Mis padres, que están aquí y ayudaron a este niño a cumplir su sueño. A mi hermana, que la obligaba a enrollarse en la cortina de casa y a grabarla con la videocámara. Fue la primera estrella de mis películas”, confesó. Se despidió reivindicando el papel del cine, también a nivel personal: “En estos tiempos convulsos y oscuros en los que vivimos, el cine es el refugio. Para mí siempre ha sido cuna, ha sido protección, el lugar en el que me he sentido más cómodo”, compartió.
