Espectáculo

Dos kilómetros de grabación, 40 altavoces y 198 focos: así era el 'Luz y sonido' del Castillo de Javier

El espectáculo, que duraba 58 minutos, se estrenó en 1963 y duró hasta 1989

'Luz y sonido' en el Castillo de Javier, en una postal de los años 60
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'Luz y sonido' en el Castillo de Javier, en una postal de los años 60
'Luz y sonido' en el Castillo de Javier, en una postal de los años 60

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Fernando Hernández

Publicado el 22/05/2025 a las 18:01

Durante 20 años, entre 1963 y 1983, el Castillo de Javier fue el escenario de un espectáculo sonoro y visual que contaba la historia de san Francisco Javier. Durante todos estos años se podía ver en las carreteras navarras unos anuncios en los que destacaba el logotipo de Philips, que hoy llamaríamos el proveedor tecnológico del espectáculo, y que proclamaban ‘Luz y sonido en el Castillo de Javier’.

Se trataba de una especie de precursor de las técnicas de ‘video mapping’, pero la tecnología de entonces no permitía esas grandes proyecciones a las que estamos acostumbrados ahora. Simplemente, unos focos lanzaban diferentes colores sobre la fachada del castillo, mientras sonaba la narración. Duraba 58 minutos, grabados en dos kilómetros de cinta magnetofónica.

José María Recondo, el jesuita que estaba detrás de esta idea, se inspiró en un espectáculo en el castillo de Blois, en un momento en el que las Pirámides de Egipto y otros grandes monumentos tenían este tipo de proyecciones. En 1971, lo explicaba en uno de los folletos de ‘Temas de cultura popular’.

Recondo consiguió que José María Pemán, que había dedicado la obra de teatro ‘El divino impaciente’ a la vida de san Francisco Javier, escribiera el texto del espectáculo. La música corrió a cargo de Cristóbal Halffter, uno de los compositores españoles más destacados del siglo XX y que entonces tenía 33 años, y todo estaba dirigido por Cayetano Luca de Tena.

Recordemos que era el año 1963. El esfuerzo técnico fue enorme. “Se abrieron zanjas, se trajo fuerza de Iberduero y a los pocos días la instalación de 198 reflectores, pongamos 200 circuitos de cable manguera de plástico, antihumedad que sumaban 12 kilómetros de longitud enterrados, enroscados en las entrañas del castillo, 40 altavoces, 8 columnas sonoras, amplificadores, rectificadores y, previos, potenciómetros y relés, aguardaban el momento, nada aburrido, del primer ensayo”, a mediados de agosto, contaba Recondo.

El estreno, el 26 de agosto de 1963, contó con la presencia de invitados de honor, como el nuncio del Vaticano en España, monseñor Riberi, que había sido nuncio en China y fue detenido y expulsado por el régimen comunista, dijo que “al escuchar el instante de su muerte [la de Javier] en la isla de Shanchuang, frente al mismo litoral de China he revivido mi experiencia. Estoy hondamente emocionado”.

Aunque en algunos lugares aparece que asistió Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo, sino el director general de Empresas y Actividades Turísticas, León Herrera de Esteban, que aseguraba que Navarra estaba porvenir turístico: “Si quiere emplearse a fondo deberá pulsar todos esos resortes a los que antes he aludido: tradición, folklore, gastronomía”.

En 1989, el espectáculo, que ya languidecía, desapareció de Javier.

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