Raúl de la Fuente y Amaia Remírez: "El premio nos llega al inicio de una segunda fase"
Fundadores de Kanaki Films y autores de relevantes documentales de temática social, los dos cineastas recogerán el premio Príncipe de Viana el 14 de junio en el Palacio Real de Olite


Publicado el 17/05/2025 a las 05:00
Con dos hijos y más de diez películas en común, Raúl de la Fuente Calle (Pamplona, 1974) y Amaia Remírez García (Pamplona, 1982), forman un equipo muy engrasado, en el que él normalmente dirige y ella produce y escribe. “Vamos pillándole la onda”, bromean. En 2009 fundaron Kanaki Films para hacer esos documentales con un sello reconocible que empatizan con las víctimas de las violaciones de derechos humanos de todo el mundo, sobre todo en África y América Latina. A los tres Goyas, el Premio del cine Europeo, el Platino o el premio del Público en el Festival de San Sebastián, suman ahora el Príncipe de Viana.
Ha habido otros Príncipes de Viana en el cine, Montxo Armendariz y Alfredo Landa, pero de un perfil muy distinto, ¿con el suyo se reconoce a los documentalistas?
Amaia Remírez: Pienso que sí, que la intención de la candidatura desde NAPAR (la asociación de productoras de Navarra) ha ido por ahí, por reconocer otro cine, a lo mejor más pequeño, pero que traspasa fronteras, que puede llegar muy lejos en reconocimientos y que es muy difícil de hacer.
Y, además, aquí hay cantera.
Amaia: En Navarra hay mucha tradición y mucha cantera de documentalistas, muchos compañeros y compañeras a los que admiramos un montón y con los que hemos compartido carrera.
Raúl de la Fuente: Sí, nos gustaría extender este premio a compañeros y compañeras de Navarra, creemos que realmente es un premio a la profesión, todos llevamos décadas buscándonos la vida haciendo pelis y nos gustaría que fuera un premio extensivo al resto de compañeros, porque ellos también están ahí, en la trinchera.


¿Estos premios honoríficos no se suelen dar a gente mayor?
Raúl: Sí, yo no me pienso morir pronto, no tengo intención por ahora [risas]. Sí que nos ha sorprendido, es un premio a una trayectoria y no nos veíamos en esa posición todavía.
Amaia: Nos llega en un momento en el que estamos repensándonos un poco por dónde queremos ir en el futuro, sentimos que nos hace falta frenar para elaborar los nuevos caminos, así que es un momento muy bonito para mirar atrás y valorar el curro hecho.
Raúl: Tengo la sensación de que hemos cubierto la mitad de nuestra trayectoria, no sé si en términos matemáticos, pero sí una primera mitad; ahora empieza otra.
Le dan la vuelta al jamón.
Raúl: Esa ya la pasamos, ahora viene una nueva fase, creo que este premio es un impulso potente para hacer lo que realmente queremos, y para tratar de combinar mejor vida personal y profesional. Cuando eres más joven, y más alocado, y no tienes hijos, lo das todo para la profesión. Ha sido un placer hacerlo, pero ahora buscamos otro enfoque, y a la vez queremos seguir haciendo películas que hagan vibrar al espectador. Es un reto todavía mayor.
Mirando a esa primera mitad, ¿qué ven en común en sus películas?
Raúl: Pienso que hay una admiración por el ser humano, el ser humano en condiciones extremas. Kanaki fue un nombre para la productora que se nos ocurrió cuando estrenamos 'Nömadak TX' y fuimos por primera vez a la otra parte del mundo, a Nueva Caledonia, que era el país Kanak. Kanaki significa “ser humano”. Decidimos tomar ese nombre para honrar al ser humano y buscar formas de vida distintas, que merezcan ser contadas. Siempre he sentido una atracción muy fuerte por ese tipo de personas que tienen que luchar hasta el final para sobrevivir. Esa fascinación ha sido un imán.
¿Algún caso concreto?
Raúl: Cuando conocí la historia de Abigail, de 'Minerita', o cuando tuve la oportunidad de entrar en la cárcel en 'El Infierno', o Kapuscinski... otro amor a primera vista. Hemos funcionado siempre por amor, por intuición, por chispazo, por historias que te mueven. Hemos seguido ese impulso y no quiero perderlo. Por mucho que inauguremos esta segunda parte quiero seguir con esta misma esencia de llegar muy fuerte al corazón del espectador, y moverle. Y acercarle historias que quizás nunca conocería porque, además, pienso que corren unos tiempos complicados para el ser humano. Creo que estamos perdiendo muchísimos de los valores con los que arrancamos la vida profesional. Cada vez noto una distancia mayor con el ser humano. Cada vez es más complicado viajar a algunos lugares por la intolerancia, por el fanatismo, por el extremismo religioso... He estado en lugares que sé que no podría volver.


¿Qué pasó en aquel viaje que hizo muy joven a Etiopía? ¿Ahí se produjo un clic en su cerebro?
Raúl: Pues mira, eso fue en el 98, yo tenía 24, era mi primer viaje a África. Lo que sucedió es que viajé a un destino muy complicado con un proyecto fotográfico. En aquel tiempo en Etiopía no había ni carteles en inglés, era un país realmente alejado de la situación occidental. Tuve un mal viaje relacionado con mis fantasmas. Volví tocado, me afectó muchísimo, me costó recuperarme. Pero en lugar de tirar la toalla lo único que hizo fue alimentar ese deseo de conocer África y América Latina.
¿Qué pasó?
Raúl: El avión tuvo un problema, casi se cae, y eso fue lo que me traumó. Cuando estaba en ese avión, pensaba que nunca más vería aquellas fotos, de aquella chica etíope con pelos largos. Cuando pensaba que me iba a morir solo pensaba en eso, en la fotografía. Me di cuenta hasta qué punto para mí era importante lo que hacía, porque en aquel momento, pensando que la muerte estaba cercana, solo me fastidiaba no ver cómo era esa foto.
Amaia: ¡Esa foto estaba en casa cuando te conocí!
Raúl: ¿Ah, sí? Al final la pude revelar. Esa foto, con esos pelos, desde arriba, con gran angular, simboliza la inocencia de un chavalillo que quiere estar ahí y quiere conocer y que le da igual todo. Esa ilusión todavía pervive y espero que siga iluminándonos.
Su filme más ambicioso fue 'Un día más con vida', desde su casa en Unciti coordinaron a cientos de personas en todo el mundo para hacer una película de animación sobre Kapuscinski. ¿Cuánta energía les quitó?
Amaia: Fue un tiempo de absorción absoluta. Nos levantábamos pensando en Kapuscinski, nos acostábamos pensando en Kapuscinski... No teníamos un plano, más allá de que queríamos contar muy bien aquella historia que nos había atrapado tanto y que nos habíamos acercado al cine y al viaje desde la literatura de Kapuscinski, desde las imágenes que nos trasladaba. Lo único que queríamos era hacerlo muy bien y, más tarde, lo único que queríamos era salir con vida de aquello. Fue un recorrido de diez años. No fue lo único que produjimos en aquel tiempo, pero sí fue un aprendizaje tan intenso que estuvimos años digiriéndolo.


Luego tuvo su recompensa, todo tipo de premios y estreno en Cannes, el mayor festival del mundo.
Raúl: Cuando estábamos en el ajo, pasando los momentos más duros, pensamos que nada merecía la pena, aunque hubiéramos ganado el Oscar. Pero el tiempo hace su trabajo y vas dejando atrás el dolor. Cannes fue un momento histórico en nuestra carrera, igual que cuando estuvimos finalistas en los Oscar, cuando ganamos el primer Goya... El Príncipe de Viana también considerado que es un momento histórico, es el mayor premio a la cultura en nuestra tierra, es un momento de esos que uno se acuerda, son momentos mágicos.
Amaia: Son ocasiones de mirar atrás, y valorar la suerte de dedicarse a esto.
¿Hay que ser muy cabezota?
Raúl: Sí. Hay que ser muy cabezota, hay que trabajar muchos fines de semana, hay que renunciar a muchas historias...
Amaia: Sacrificarse mucho.
Raúl: Sí, lo que hicimos con 'Un día más con vida' ahora no lo podríamos hacer, era una época en la que no teníamos hijos, estábamos volcados en el arte, en el cine al 100%, hasta un punto bastante extremo. Se dio en el momento adecuado. Ahora haremos otras películas, pero no una que abarque diez años y que implique tanto sacrificio.
Amaia: Todo lo que le das al cine tienes que sacarlo de otras partes de tu vida.


Y la parte de negocio, ¿cómo les afectan los cambios, la irrupción de las plataformas y otros hábitos de consumo?
Amaia: Hay más voces, hay más prisa, más búsqueda del tema más candente, se ha contaminado un poco el género, el acceso a las historias y la mirada. Pero, en la parte positiva, también se ha abierto la posibilidad de que muchísima gente haga documentales. Lo que está claro es que es un género que al público le gusta y le fascina. Somos curiosos por naturaleza.
Raúl: Creo que hemos conseguido conectar con las nueves corrientes. Con 'Los Williams', por ejemplo, queríamos hacer una película para plataformas y lo hemos logrado. No quiere decir que la siguiente tenga ese objetivo, pero estoy orgulloso porque nuestro deseo era llegar a un público muy grande. Se ha conseguido y encima creo que mantiene la esencia de Kanaki, la mirada nuestra está ahí, con un formato un poco diferente, quizá más comercial, pero se buscaba eso. Nos ha dado un montón de alegrías porque hemos llegado a muchísimos adolescentes, críos, a nivel masivo.
¿Cómo lo notan?
Amaia: Porque llegan peticiones desde Japón, o desde Guatemala. No te deja de sorprender el camino de las pelis. El otro día nos llegaban noticias de que 'Minerita' se había puesto en Myanmar.
¿En el camino han quedado proyectos fallidos?
Raúl: Sí. Amaia y yo íbamos a producir una ficción en Sierra Leona que nos tenía locos y, con el guion ya finalizado, cuando nos dimos cuenta de la liada, lo complejo que era hacerla, dijimos: “No, es demasiado”. No podemos embarcarnos en una ficción en Sierra Leona con miles de extras. Claro que quedan cadáveres por ahí. Y algunos dan muchísima pena. Mi primer proyecto era Cuba por bulerías, un documental musical entre cubanos y gitanos que siempre estuve persiguiendo, y ahí se quedó.
¿Entonces esta segunda parte de Kanaki por dónde empezará?
Raúl: Va a arrancar en Colombia. Tenemos una película recién filmada allí que tiene que ver con reconciliación y con paz, entre víctimas, victimarios, FARC, militares, madres de desaparecidos... Es muy dura, en un país que amamos, que es Colombia.
Ocho candidaturas
Tras un debate “intenso”, según la consejera de Cultura, Deporte y Turismo, Rebeca Esnaola, el Consejo Navarro de la Cultura y las Artes optó por la candidatura de Kanaki Films para el Príncipe de Viana, entre las ocho candidaturas que se habían presentado. Lo hizo por su “mirada humana y empática de las violaciones de derechos en el mundo a través del documental, por su manera única de narrar con imágenes las realidades más incómodas de ver y contar y por la determinación con la que presentan proyectos documentales a mercados y festivales internacionales”.