Música
Por qué ir a un concierto es hoy más caro que nunca
Los eventos musicales en directo alcanzan picos históricos de ganancias relacionados con un aumento de costes y mayor producción


Publicado el 11/05/2025 a las 16:33
"Hemos empezado a normalizar que ir a un concierto no esté al alcance de todo el mundo", se lamenta Elena, una joven de 26 años que ha pasado de "pagar 35 euros por una entrada VIP hace 10 años a que ahora, con ese dinero, no pueda comprar siquiera la más barata para Aitana en Barcelona". El mínimo para ver a la extriunfita son 47 euros en la grada de Montjuic y el viernes, en 24 horas, Bad Bunny vendió 600.000 entradas de entre 80 y 600 euros para doce citas en 2026.
Según el anuario de la Asociación de Promotores Musicales (APM), con datos de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), la música en directo facturó 725 millones de euros en 2024, un 25% más que el año anterior y tres veces más que en 2008. No creció el número de conciertos, que con 109.000 son un 20% menos que hace 16 años. Entre tanto, con datos de Ticketmaster, el precio medio de las entradas subió a 84 euros. Eran 80 en 2023 y 58 en 2022. Un aumento sin precedentes de los espectadores explicaría rápidamente la facturación récord, pero durante la crisis económica de 2008 hubo 35,6 millones de asistentes en 138.000 eventos y en 2023 fueron 28,3 millones en 110.000 citas. No está disponible, ni en el anuario de la APM ni al consultar con la SGAE, el número total de 2024.
"Lo que realmente está marcando la diferencia en la facturación en venta de tickets es el tipo de eventos que se están consolidando", advierte Carol Rodríguez, directora de comunicación de la APM. Bruce Springsteen, Karol G y Luis Miguel fueron los artistas internacionales con más espectadores. Superaron los 200.000 asistentes en cinco, cuatro y doce eventos. Entre los artistas nacionales con más entradas, encabezados por Melendi con 500.000 espectadores en 41 conciertos, realizaron una media de 25 eventos al año, frente a los 55 de 2010.
Según Rodríguez, esta tendencia responde a una optimización de recursos y a una mayor demanda, donde las entradas se agotan rápidamente incluso en grandes recintos. La estadística de la APM incluye festivales y macrofestivales (las 300.000 personas del último Arenal Sound, las 268.000 del Primavera Sound, las 180.000 del FIB o las 110.000 del BBK).
Mucho ruido en el Bernabéu Karol G y Taylor Swift hicieron 'sold out' en sus únicas citas en España, con cerca de 350.000 almas en el Santiago Bernabéu. Fue antes de la suspensión por el ruido y la reprogramación de shows como los de Lola Índigo o Aitana en el Metropolitano. Más allá de la polémica, queda sobre la mesa la jugosa oportunidad de albergar estos eventos multitudinarios. El Real Madrid se gastó más de 1.000 millones de euros en su remodelación y acometerá nuevas obras para mejorar la insonorización. Valencia estrenará en septiembre el Roig Arena, con una inversión de 280 millones, y el Valencia CF proyecta un estadio para 2027 como "pilar fundamental en la generación de nuevas vías de ingresos".
"Estuve en uno de los conciertos de Taylor Swift en Madrid y tuve que pagar 225 euros", comenta Elena, consciente de que "no todo el mundo puede permitirse un gasto de este calibre, y se pierde la oportunidad de vivir un directo". Eso sí, añade: "Por otro lado, sí se ha comprobado que la gente sigue yendo". Las 600.000 entradas de Bad Bunny marcarán el récord de asistencia al menos en los últimos 15 años (Fito sumó 550.000 en 2010 con 73 conciertos).
"Hay más ingresos que nunca. Aunque también hay muchos gastos. Creo que antes el público no demandaba tanto show como ahora. Por eso hay una inversión que antes no se hacía. Cada cosa que la gente ve, y que no tiene interiorizada, tiene un gasto", apunta Francisco Blázquez, representante de artistas como Dani Fernández.
Un 25% piensa que son caras Según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España, publicada por el Ministerio de Cultura para el curso 2024-2025, una cuarta parte de los españoles no acude a conciertos por el precio, un 23% no tiene tiempo y un 19%, no tiene interés. Además, casi dos de cada diez han visto conciertos a través de internet, aunque no se aclara si son en directo o grabados. Lejos queda ya aquel show virtual de Dua Lipa en noviembre de 2020 que se podía ver por 17 euros (la entrada en pista para el concierto de este fin de semana en Madrid costaba 90 euros).
Tras la pandemia, la industria "ha sabido responder con agilidad a cambios sociales, tecnológicos y de consumo social", advierte Rodríguez. Explica que estamos viendo una evolución lógica, donde hay un mayor valor por evento, más eficiencia e impacto por cada concierto, "aunque el crecimiento en cifras brutas -como número de espectáculos o público total- sea más pausado".
Ver a Katy Perry en directo es hoy un 25% más caro de media que en 2018, sobre todo en las entradas VIP. Y ello sin entrar en juego los precios dinámicos, una controvertida práctica que busca evitar la reventa y por la que algunos fans vieron cómo entradas que costaban 150 euros subían hasta 500 para entrar al próximo show de Lady Gaga en Barcelona.
EL DIRECTO, "PUNTA DE LANZA"
Explica Blázquez que el directo es "la punta de lanza" de los beneficios, sin olvidar otras vías como los royalties, colaboraciones con marcas o montar un negocio. Por cada euro ingresado por la venta de cedés y vinilos, se ingresan seis en formato digital. La facturación del 'streaming' se ha multiplicado por tres en la última década hasta alcanzar 420,2 millones de euros en 2024._No obstante, la música grabada recaudó un 20% menos que los eventos en directo y según explica en el informe de la APM Genís Roca, vicepresidente de la Fundación Barcelona Music Lab, de los 3.400 euros que generan un millón de reproducciones en Spotify, quedan 544 euros para autores, letristas, intérpretes, productores. Un 16%.
Sobre el futuro, desde la APM indican que el sector mantendrá su fortaleza si se trabaja en "las infraestructuras, en la sostenibilidad del modelo y en el apoyo a la diversidad artística". Siempre que se asegure "un marco legislativo y fiscal estable que permita planificar con garantías".