Los hijos que fueron abandonados en Pamplona

La inclusa nació en el siglo XIX para ayudar a los menores que eran abandonados

La inclusa de la Cuesta de Palacio, fundada por Joaquín Javier de Úriz.
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La inclusa de la Cuesta de Palacio, fundada por Joaquín Javier de Úriz
La inclusa de la Cuesta de Palacio, fundada por Joaquín Javier de Úriz.

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Pedro del Guayo

Actualizado el 12/08/2025 a las 11:32

El abandono de menores por diferentes motivos ha sido una de las prácticas tristemente habituales en todas las épocas de la historia, adquiriendo estas criaturas el calificativo de expósitos (del latín “ex-positum”), cuyo significado literal es “puesto afuera”, en alusión a la forma en que eran dejadas aquellas inocentes víctimas en los centros de acogida

Para ofrecerles un mejor destino, el 12 de junio de 1804 el obispo de Pamplona, Joaquín Javier de Úriz y Lasaga (1747-1829), realizó una donación personal de 50.000 duros para fundar en la capital una institución que acogiera y criara a los abandonados en Navarra, abarcando desde pequeños recién nacidos hasta aquellos con siete años de edad. Surge así la Casa de Maternidad e Inclusa de Navarra (o de Expósitos). Atendía a los desprotegidos y a las embarazadas y recogía a los huérfanos de madre y padre de todo el viejo reino. En principio se ubicó en la Casa de la Doctrina, situada en la calle Comedias, de la que hablaremos más adelante, trasladándose más tarde a la calle del Palacio, donde se construyó un edificio ex profeso. Con el paso de tiempo el espacio en el que se llevaba a cabo tan caritativa labor terminó demostrándose insuficiente, con lo que en 1846 se compraron varios inmuebles vecinos, logrando extenderlo hasta la calle del Carmen, manteniéndose la puerta principal y el torno en la calle del Palacio. Su vida se alargó hasta 1944, cuando la vieja construcción fue derribada y se abrió así la calle Aldapa.

La Inclusa de Pamplona estaba separada del Hospital General (actual Museo de Navarra), pero mantenía una estrecha relación con él. De hecho, los primeros testimonios de recogida de menores por el hospital son de comienzos del siglo XVIII.

Las causas más comunes de abandono eran la ilegitimidad, la miseria o la muerte de la madre. En ocasiones también se desentendían de los hijos legítimos como una manera de regulación familiar, por el perjuicio que suponía para la economía casera tener muchos. No podemos olvidar tampoco a los desasistidos por causas bélicas o por tener a los dos progenitores en la cárcel.

Los recién nacidos eran abandonados dentro de sus capazos, quedando éstos junto a la puerta del hospital o en el entorno de la inclusa. Bastaba con dar un golpe fuerte en la puerta o activar el sonido de la campanilla del habitáculo giratorio para que al poco los depositarios salieran huyendo, dejando así a la criatura de turno.

La existencia de estos expósitos era incierta y tristemente contaba con una mortalidad demasiado elevada. Ya de por si la infantil era muy alta en esa época, pero en estos casos se disparará hasta cifras espeluznantes, pues muchos de ellos llegaban a los centros de acogida en un estado de salud muy deficiente. Así, dos de cada tres expósitos no llegaban a jóvenes.

Pero en aquella vieja Pamplona no solo existía el problema de aquellos pequeños desdichados, ya que también eran numerosos los de una edad más avanzada que pese a no ser abandonados en su momento las desgracias de la vida les habían dejado solos. Para ellos se fundó en 1596 el Seminario de los Niños de la Doctrina Cristiana, conocido popularmente como “los Doctrinos”, sito en una casa en la rúa de las Sederías, actual calle Comedias. Fue creado por el Ayuntamiento para atender a los menores abandonados y que malvivían vagando, tanto por las calles de Pamplona como por las de toda Navarra. Allí les enseñaban a leer y a escribir, además de educarles en la doctrina cristiana y proporcionarles un espacio donde vivir de forma digna. 

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