Estela Chocarro: "Al expropiar tu pueblo y no tener dónde ir, te arrancan tus raíces"
Regresa al ‘thriller’ psicológico con ‘La mujer del pantano’, que ambienta en Lanuza, Huesca, donde la construcción del embalse provocó la despoblación forzosa hace cincuenta años. Lo recuerda la protagonista, que huye de su vida


Actualizado el 12/03/2025 a las 18:20
Estela Chocarro Bujanda (Cárcar, 1973) habla entusiasmada del pueblo de Lanuza, en el valle oscense de Tena y del que no sabía nada hasta que se puso a escribir La mujer del pantano. Hoy puede describir sus paseos, la banda de música y la ronda por las casas en las fiestas patronales de agosto, cuántos habitantes viven en invierno, por cuántos se multiplican en verano, el nombre de las viviendas... y que sus vecinos y vecinas nunca le han hecho sentir forastera aún siéndolo. “Es gente muy entrañable que ha recuperado el sentimiento de pertenencia al pueblo, algo que creo que tiene mucho mérito”, se refiere a que la construcción del embalse en 1976 provocó el paulatino y forzado despoblamiento del pueblo hasta quedar deshabitado, siendo recuperado por antiguos moradores en los años noventa. Algunos de aquellos le contaron cómo era la vida allí, retazos que aparecen en La mujer del pantano, donde la muerte de Dorotea y el deseo de desaparecer propician la vuelta de su nieta a Lanuza. Pero los habitantes la tratan con recelo y tampoco puede contar con la inquilina de su abuela, una escritora que ha desaparecido. El anhelo de ahuyentar sus fantasmas despiertan en ella el impulso de apropiarse de la vida de la escritora en una fusión de identidades. Chocarro, que presenta esta obra este miércoles 12 de marzo en Elkar (19 horas), ha construido “una novela dentro de otra novela, una especie de matrioshkas, de historia dentro de la historia”.
La editorial habla de “magistral doppelgänger”. ¿Conocía este término cuando comenzó a escribir la novela?
Para nada. De hecho, cuando la terminé, fue la editora de Roca la que me dijo que tenía “un punto gótico” que valora mucho. “Has hecho un doppelgänger”. Tuve que buscarlo, y significa una especie de doble, y, según algunos contextos, puede ser un doble malvado o siniestro. Y basta que la editora me lo dijo, esa semana escuché la palabra dos veces en la tele [sonríe]. En la novela hay doble, pero el personaje no es ni siniestro ni malvado. Siniestra es la situación.
Escribiendo la novela, ¿se ha imaginado teniendo una doble?
Creo que de pequeños todos hemos pensado en eso alguna vez, pero no empecé el libro por esto. El origen fue el pantano, y no este: pensé un crimen en un pueblo junto a un pantano, y, hablando con gente, un amigo aragonés me sugirió el de Lanuza, busqué en internet y era lo que buscaba. Fui a conocerlo, y ya soy una enamorada del pueblo, al que llevo yendo tres veranos y pienso seguir yendo siempre que pueda porque es mágico.
¿Qué le atraía de esa idea de crimen-pueblo-pantano?
No me acuerdo cómo surgió eso de echar un cuerpo, esconder un cuerpo o caerse alguien a un pantano que está en la puerta de casa. Tenía esa imagen en la cabeza, y también quería escribir una historia de fantasmas, entre comillas. Me estuve documentando con libros de señales del más allá, de almas en el más allá, y se vislumbra algo en el libro, con voces que oye la protagonista y no se sabe si están en su cabeza, si le hablan, si salen del pantano, si son voces de familiares que ya han hecho el tránsito, como dice ella. Para nada este es un libro de fantasmas, pero el ambiente mental de la protagonista le da ese punto de novela gótica. Es un thriller psicológico donde el quid de la trama es si las cosas que ella ve, piensa y siente son reales o no.
Y aquí con un pueblo de cuatro casas contadas le ha valido para montar un misterio. Apenas tiene habitantes a los que pasen cosas.
Hay pocos personajes y, si te pones a descartar, enseguida puedes ver de dónde viene el peligro. Pero el tema es que en la vida real nadie está pensando que su vecino, o su editor, o su ex, es un asesino, mientras que el lector que ha elegido un thriller y ya está prevenido está esperando a ver qué pasa. En narrativa le llaman narrador no fiable, y aquí te cuenta las cosas alguien que no está en su mejor momento, que tiene problemas, que huye de algo, y entre lo que lee, lo que sueña, lo que imagina y lo que le cuentan tiene una visión de lo que le rodea muy fragmentada.
Varias páginas antes de llegar al final ya se sabe quién es quién y qué hace qué, y surgen entonces otras cuestiones: cómo se sobrevive, o no, a determinadas situaciones; la fuerza invisible que aparece cuando alguien piensa que ya está todo perdido...
Es que creo que el tipo de libro Agatha Christie de quién es el asesino está muy visto y es muy difícil sorprender al lector con ellos. Por eso me parece muy interesante que, una vez que se descubre quién es quién, la protagonista se pregunte “¿y ahora qué hago? Si a otra persona le ha pasado lo que creo que le ha pasado, ¿cómo actúo?, ¿de la misma manera? , ¿me importa tanto mi vida como para hacer lo imposible o no me importa?” Porque el personaje tiene sus propios fantasmas y miedos. Es importante la transición que sufre, de cómo empieza a cómo termina, y sus ganas de afrontar la vida no tienen nada que ver desde que llega a Lanuza hasta que termina el libro.
¿Cuál ha sido el reto en esta novela?
El reto, y que me costó Dios y ayuda, fue tener tantas fuentes de información —está el personaje principal; un libro que está leyendo y en cuya lectura se implica mucho; un diario de otra persona que tiene sus problemas mentales, con lo que esas notas pueden ser fiables o no...—, con personajes en distintas voces y tiempos y conseguir llegar al final. Ha sido la novela más compleja de escribir de las cinco que tengo porque acababa perdiendo la voz del personaje que tenía en ese momento. Y me resultó curioso que, a medida que avanzaba la trama y el personaje principal descubría la historia del otro personaje femenino, en mi cabeza se iban fundiendo ambas, igual que en la de la protagonista, hasta el punto de que esta duda de si ella es quien creía o es otra persona. Espero que el lector vea también esa fusión de dos personalidades.
Su personaje dice: “Despojarse de las raíces es un vacío imposible de llenar”. ¿Alguien se puede despojar de verdad de sus raíces?
En este caso pesa mucho la historia del pueblo de Lanuza, a cuyos habitantes no se preguntó si querían el pantano, sino que directamente se expropió el pueblo. Soy de Cárcar, y me pongo en la situación de que desaparezca bajo las aguas de un pantano, que todos sus habitantes se tengan que marchar obligatoriamente y eso es despojarte de tus raíces de verdad porque no tienes dónde ir el domingo, en vacaciones, en verano o en Navidad. A Lanuza volvieron porque añoraban esas raíces, ese sitio al que regresar, esa infancia o esa vida a la que volver, y reconstruyeron las ruinas con sus manos. Les arrancaron las raíces, les arrebataron el pueblo. El camino de salida fue tremendo, y la vuelta, también.
En la novela se afirma que la muerte nos fascina. ¿Por qué ocurre?
Mientras no te mueres, les pasa a los demás, y es un tránsito hacia lo desconocido. Vivimos en una época en la que la muerte está muy escondida. Cuando yo era pequeña, se velaba en casa. Ahora, en las ciudades y en la vida moderna, todo es vida, y la muerte la ocultamos. El morbo por las desgracias ajenas es intrínseco al ser humano. Nos hace valorar más lo que tenemos al ver la desgracia del resto.
Trata en la novela un tema que se echa de menos en las ciudades: hacerse cargo de las personas del entorno, cuidarlas, incluso si no son familiares.
Hace once años que mi madre tiene alzhéimer, una enfermedad que también se trata en la novela, y mi padre, que falleció hace cuatro años, estuvo dependiente, y, por no sacarlos del pueblo porque a mi madre le podía desorientar más y mi padre era muy muy de Cárcar, teníamos gente que nos ayudaba mientras nosotros [los hijos] estábamos en Pamplona e íbamos los fines de semana. Me pasaba que hablaba con las vecinas y me contaban cosas, "igual me meto donde no me llaman, pero hay una vendedora que viene y a la que tu madre compra siempre...”, o te decían si la persona que ayudaba en casa a mis padres les gustaba más o menos por esto o por aquello. Tal vez también pasa en un pueblo grande, pero en uno pequeño como el mío, los vecinos de alrededor son encantadores, y yo tengo mucho que agradecerles, de verdad. Me he emocionado dándoles las gracias: qué maravilla que se preocupen.
"La ficción debe ser verosímil y la realidad, en demasiadas ocasiones, no lo es, de ahí que pueda llegar a ser mucho más aterradora", escribe también.
Lo comentamos entre los compañeros escritores: hay historias de la realidad que no te sirven para una novela porque no se las cree nadie. Por ejemplo, el crimen de Daniel Sancho en Tailandia: en una novela a cualquiera se le ocurre que no te vas a Tailandia a cometer un crimen, que hay mil cosas que hacer antes de eso en Tailandia, pero en la realidad la gente va a Tailandia y lo hace. Tengo un amigo policía que dice que, por lo general, los criminales son torpes y se les coge por eso, y que el listo probablemente se salga con la suya. Así que, como el lector es listo, en una novela no puedes meter criminales tontos y torpes, no te sirven.
Cuando publicó la anterior novela, 'La mala esposa', en septiembre de 2023, llevaba muchos años sin hacerlo.
Siete.
Y ahora, sin embargo, en menos de dos años ya tiene dos. ¿Qué ha pasado?
Ha sido tan rápido que no he tenido ni que buscar editorial porque me vinieron a buscar, y me hizo tanta ilusión que fuera Roca, del grupo Penguin Random House, que no busqué más y firmé directamente.
Pero aquel parón no fue por falta de ideas.
No, no, si tengo dos novelas en el cajón de esos siete años... Antes me preguntabas sobre los retos, y yo, después de la trilogía de Cárcar, mi reto era hacer algo diferente, y en ese proceso perdí a Maeva porque la editorial quería que siguiera con la serie, y tal vez me desvié mucho de lo que había hecho hasta entonces. Porque una cosa es lo que tú quieras hacer y otra cosa es lo que las editoriales quieran publicar. También es cierto que creo que te encasillas un poco y salir de ahí es difícil, y las series tienen ese efecto: crean una imagen de ti como escritor, y si alguien te quiere, te quiere por eso. Y es lo que me pasó. Pero doy por buena la evolución porque me he divertido mucho [sonríe].
‘La mujer del pantano’
Autora: Estela Chocarro.
Editorial: Roca Editorial.
Número de páginas: 320.
Precio: 21,90 euros.