Oihan Iturbide, editor de Next Door Publishers: "Asumir que debía cerrar la editorial ha sido una cura de humildad"
El editor pamplonés creó esta editorial de divulgación científica hace una década con el reto de "neutralizar la desinformación". Ya ha identificado cuáles son los errores que le han llevado a cerrarla recientemente. Mientras, sigue adelante con el proyecto Yonki, que incluye el sello editorial Yonki Books, con libros "para dinamitar prejuicios".


Publicado el 03/03/2025 a las 05:00
Hace diez años nació en Pamplona la editorial de divulgación científica Next Door Publishers con el objetivo de “neutralizar la desinformación”. Y hace menos de quince días, su editor, Oihan Iturbide, anunció que cerraba porque las cuentas no salen. Durante semanas contó la situación en una serie de emails y buscó cómo reflotarla, hasta que no pudo más. Para dar salida a los libros que aún tiene, en marzo se venden a través de la web, a mitad de precio hasta el 9 de marzo y con menores descuentos desde ese día hasta fin de mes. No abandona su trabajo de editor. Biólogo clínico y adicto rehabilitado, hace tres años montó el podcast Yonki, dando el paso después a crear el sello Yonki Books “para dinamitar prejuicios” con libros en general testimoniales. Hoy Yonki es un proyecto a largo plazo en el que va a incorporar becas para la investigación.
¿Cómo está?
Es difícil para mí decirte cómo estoy porque lo he pasado muy mal en estos seis últimos meses por no querer reconocer lo evidente. Los números nunca mienten, pero me inventaba fórmulas que creía nos iban a sacar del hoyo. Ha sido muy difícil reconocer que ya no había nada que hacer. Ahí lo pasé mal. Ahora estoy en un momento de mucho estrés porque tenemos en torno a 50 autores y autoras y pienso qué salida les puedo dar, si algún otro editor puede reeditar sus libros... Y al mismo tiempo tengo que manejar la sensación de fracaso frente a ellos, que está siendo difícil porque soy una persona muy perfeccionista y tiendo a machacarme. Al asumir que había que cerrar me he hecho una cura de humildad que me ha venido bien.
¿Por qué esa cura de humildad?
Porque a veces me parece que puedo con todo y empiezo a incorporar un volumen de trabajo absolutamente estratosférico, inasumible, pensando que, si no lo hago, no estoy cumpliendo con mi propia expectativa y quizá con las de otros. La cura de humildad no tiene tanto que ver con que no haya sido capaz de hacer algo, sino con el de ser consciente de que no puedo asumirlo todo, de que estoy más cansado que hace 15 años y de que tengo menos energía para tirar de un proyecto.
Pero si los números no dan, por mucha energía que tenga...
Sí. Mi gran error ha sido pensar que hay mucha gente con mis mismas necesidades, hacer productos para la gente que tiene mi forma de ser y no darme cuenta de que tienes que mirar al público, al mercado, a ver si existe esa gente. La divulgación científica tiene público y cada vez más, afortunadamente, pero la forma en la que hemos divulgado en Next Door no tanto. Me resistía a hacer un producto que consideraba que simplificaba demasiado los conceptos científicos —más divertido, más de entretenimiento—, y en realidad hay más público para eso porque estamos más acostumbrados a recibir la información con entretenimiento y se están haciendo grandes cosas.
¿Y cómo era su modo de divulgar en Next Door?
Un tipo de código entre el entretenimiento y lo académico, y a veces, depende de los autores, nos quedábamos muy cerca de lo académico y eso hacía que el público general no comprara. Y cuando empecé a asustarme porque los números no daban, comencé a sacar cosas que me parecían un poco más asequibles —lo llaman popularización de la ciencia—, y el público que me compraba buscando cierto nivel se encontraba con otro, y dejas de ser su editorial de referencia. Si a esto sumo mis inquietudes personales, que tienen mucho más que ver con la experiencia vivencial de las personas, y me dedico a publicar historias de vida como 'Retrón', 'Los días iguales' o 'Soy Nicole', tienes al lector completamente desconcertado. Uno de mis grandes problemas ha sido no observar realmente bien al mercado y no mantener una línea editorial clara.


En el email en el que anunció que cerraba dijo que "hay profesionales haciéndolo mejor". ¿Fruto de esa cura de humildad es poder escribir esa frase?
Ahí se resume bastante bien mi proceso de estos seis meses. Porque con aquella serie de emails que envié haciendo un análisis de lo que estaba pasando en ningún momento consideré que hubiese otros haciéndolo mejor. No lo consideré de verdad. Hice un análisis del modelo de negocio de Next Door y puse todo mi enfoque en que no era sostenible. Y eso está muy bien para aliviarte, y hacerlo es un ejercicio muy bueno, pero si luego ves que es el año que más libros se han vendido, con cifras astronómicas, evidentemente hay algo que no estás haciendo bien y que los demás sí.
Ha hablado de aquella serie de emails en la que contaba qué ocurría. ¿No fue una manera de retrasar lo que ha pasado al final?
Total. Yo mismo, y sobre todo mi entorno más directo me decía que parara ya porque me estaba dejando la salud y no tenía ningún sentido. El último intento fue crear el marketing de afiliados, que creo que hubiese funcionado si hubiese empezado con él. Pero cuando ya te estás ahogando, plantear una fuente de ingresos que requiere tanto esfuerzo es imposible.
El cierre de Next Door, ¿es el fin de un sueño, de una aventura?
El fin de un sueño no ha sido porque nunca fue un sueño. Yonki es un sueño. Next Door fue la inercia. A Next Door llegué por la inercia de la vida y por la necesidad de construirme un lugar en la sociedad, en un estatus un poco alto, o que yo considerara alto, a nivel intelectual —nunca he puesto el foco a nivel económico, pero a nivel intelectual, sí—. Como drogadicto, cuando construirnos es muy difícil porque llevamos lastres muy grandes, Next Door me ponía en un lugar muy agradable en ese sentido: gente muy lista, haciendo cosas muy importantes, de repente te hace un hueco. Todo esto no fue tan premeditado, pero analizándolo ahora veo que hubo mucho de necesidad de encontrar un espacio en el que me sintiese respetado y valorado. Con los años me he ido dando cuenta de que un editor está en un lugar muy privilegiado porque selecciona, “a ti sí, a ti no”, y he cometido otro error muy importante que ha sido intentar hacer “a ti sí" todo el rato, un problemón cuando no sabes decir no. Next Door ha sido un instrumento muy bueno para muchos de mis autores y autoras y ha sido extraordinario para mí, para ocupar un lugar que quería aunque no fuera consciente; para adquirir seguridad; para aprender a trabajar, y para darme valor, porque incluso cerrando he aprendido tantísimo...
¿Por ejemplo?
Aunque sufra mi estrés social, soy capaz de relacionarme con el mundo de manera muy funcional.
En el email de hace quince días escribrió: "Next Door cierra para siempre". ¿Le costó redactar esa frase?
No porque estaba ya muy masticado y también porque soy muy inconsciente, en el sentido literal de la palabra. Estos días me ha escrito gente, algunos diciéndome que lo están pasando fatal, y yo no he llorado ni un segundo. Hice lo mismo con la empresa que monté con 20 años, 'Wendy & Rita', un cómic maravilloso: la cerré al cabo de seis años o así, y nunca lo lloré, pero lo sueño cada dos o tres semanas. Pienso que con Next Door no he hecho un duelo real todavía.
Hablaba antes de la situación de prestigio y de poder del editor. ¿La edición engancha? Porque ya no es editor de Next Door, pero sigue siéndolo de Yonki Books.
Podría haber parte de eso, pero no tanto porque, por lo menos en la comunidad en la que me he movido, Yonki nunca les ha interesado, sino que les ha parecido de divulgación menor. Los libros de Yonki Books son en general testimoniales, mucho traducciones de autora o autor americano porque en España no se escribe todavía demasiado sobre esto, con lo que sabía que ese prestigio no lo tendría con Yonki Books. Lo empecé porque me encantan los libros y cuando vi que el podcast de Yonki, que inicié hace tres años, funcionaba muy bien. No tenía entonces intención de cerrar Next Door, sino que pensé que iba a ser capaz de llevar los dos sellos. Pero no, y empezó a ser cada vez más evidente que Next Door no podía tirar y que la inversión en Yonki había sido una apuesta grande. Luego entró la Fundación Mar, Fundación para las Adicciones, y apoyó el proyecto. Pero sobre el estatus, dejo un espacio que consideraba prestigioso pero me voy a otro en el que vuelvo a ser un poco protagonista. Y esa es mi falta de autoestima [sonríe]. Eso está ahí, y por lo menos hoy soy consciente. Hace diez años, cuando monté Next Door, no. Hoy, con esa consciencia, intento acercarme cada vez más a hacer un trabajo que sea realmente para los demás y que dé unos beneficios, y no tanto para mí. Cambio de lugar, pero no siento que pierda estatus. Y es una mierda decirlo porque quedas como un imbécil, pero es así, y es así para mucha gente.
Y ante lo que ha ocurrido con Next Door, ¿no se instala el miedo con Yonki?
La verdad es que no, pero por un motivo: es un modelo de negocio distinto. Distribuyo mucho Yonki en canal profesional -centros de desintoxicación, unidades de atención de adicciones...-, con lo cual ahí hay una venta asegurada porque es un libro que lee la gente que necesita ayuda. Luego dejo un remanente para librerías para que casualmente la gente lo pueda encontrar. Por eso no tengo ese miedo de que no funcione. Además, Yonki Books es una parte de Yonki, un proyecto a largo plazo en el que voy a incorporar becas para la investigación.