Discapacidad

¿Se puede cocinar sin ver?


La Asociación de Hostelería y Turismo de Navarra organiza junto con la asociación Cocinar a ciegas una sesión para experimentar qué es cocinar con problemas de visión

Algunos de los participantes en la elaboración de un pincho, en Burlada
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Algunos de los participantes en la elaboración de un pincho, en Burlada
Algunos de los participantes en la elaboración de un pincho, en Burlada

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Ion Stegmeier

Publicado el 05/02/2025 a las 05:00

Los perros esperan indolentes en el suelo, como si no olfatearan la mezcla de aromas que les llega de los fogones. Son perros-guía, y delante de ellos, una veintena de personas cocina hasta seis platos sin verlos. La Asociación de Hostelería y Turismo de Navarra (AHTN) acogió este martes la iniciativa Cocinar a ciegas, de la mano de la asociación riojana del mismo nombre. Ángel Palacios, que fundó la asociación tras perder la mayor parte de visión y negarse a tener que comer comida enlatada por ello, guio la experiencia. “Es una experiencia única e inspiradora”, explicó Piluka Unzu, de la AHTN. “En la asociación trabajamos para que la gastronomía sea accesible para todas las personas, y éste es el ejemplo”, explicó.

La iniciativa se organizó como antesala de la 25ª Semana del Pincho de Navarra en el Aula Cooperativa de Hostelería de Navarra, en Burlada. Los participantes -hosteleros y miembros de la ONCE- disponían de unas grandes gafas en las que insertaban su teléfono móvil y elegían el tipo de discapacidad visual que querían experimentar, pérdida de visión, de agudeza, fotofobia, visión nocturna, etcétera. Los voluntarios de la asociación riojana les guiaban en las tareas en dos turnos. “Invito a los participantes a tener mente abierta y descubrir que la gastronomía no tiene límites”, les dijo Unzu.

Ángel Palacios presentó Cocinar a ciegas como “una asociación sin ánimo de lucro muy modestita de Logroño”. Se creó hace más de 15 años y hacen este ejercicio con frecuencia, últimamente también fuera de su ciudad. “Poneros en nuestra piel y zapatos”, les pidió a los presentes. “Llegad a vuestra conciencia por el paladar”, añadió, y les compartió la clave: “Sepamos dar ayuda tanto como recibirla”.

Los participantes contaron con la ayuda de voluntarios de Cocinar a ciegas
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Los participantes contaron con la ayuda de voluntarios de Cocinar a ciegaseduardo buxens
Los participantes contaron con la ayuda de voluntarios de Cocinar a ciegas

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César Ortiz de Landázuri, de 52 años, es miembro de Cocinar a ciegas. Recordaba este martes cómo surgió todo desde la delegación de la ONCE, cuando a un animador se le ocurrió organizar un curso de cocina aprovechando el perfil de Ángel Palacios, que había sido profesor en la Escuela de hostelería. “Luego esto ha ido evolucionando y ahora se ha convertido en una asociación, y lo que hacemos es que la gastronomía sea un nexo de unión con la discapacidad y todo este tipo de retos de superación”, apunta.

Ortiz de Landázuri no ve más que puntos de luz. Sus problemas visuales comenzaron a los 30 años con la retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa con la que se va perdiendo visión progresivamente. Para cocinar se arregla bien. “Lo más complicado que tenemos ahora son las nuevas tecnologías de los electrodomésticos, que les ha dado por poner en todos los lados pantallas táctiles y es una barrera insalvable”, lamenta. “Pero a través de ONCE con sus plantillas, o de empresas que hay trabajando en placas vitrocerámicas que se manejan a través de la voz con Alexa, o a través de los teléfonos móviles, vamos saltando eso”, expone. Desde Navarra un grupo de afiliados de la ONCE se ha puesto en contacto con ellos para hacer algo parecido aquí. “Después de 15 años ya tenemos unos conceptos de cocina bastante chulos”, admite.

César Ortiz de Landazuri en pleno cocinado
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César Ortiz de Landazuri en pleno cocinadoeduardo buxens
César Ortiz de Landazuri en pleno cocinado

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En la experiencia de este martes cocinaron hasta seis pequeños platos o pinchos, como un buñuelo en pan hindú circular relleno con mousse de pimiento; panipuri relleno de ajoarriero rematado con un huevo; un matrimonio, pincho típico de Logroño pero aquí tuneado al rellenarse de boquerón y anchoa y tapado con pimiento; una croqueta; takoyaki de pulpo con puré de patata y pimentón y mikoyaki de chocolate.

“Es una locura, al final estás acostumbrada a ver, de repente te pones las gafas y no sabes qué estas haciendo, es bastante complicado”, apuntaba Dakota Zariquiegi, de 29 años, camarera de las instalaciones de Osasuna en Tajonar. “Acabo de hacer este pincho que es una bolita en la que tienes que meter el relleno y es bastante difícil porque no controlas cuándo se llena, ni dónde pones el pimiento que cierra la bolita, ni nada”.

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