

Narrar el duelo con fotografías
Alexandra Akerreta expone en la Galería Contraluz treinta imágenes en homenaje a su tío fallecido, con tres fases: espera, ausencia y memoria.
Actualizado el 15/01/2025 a las 05:00
Igual que los recién nacidos no vienen con un manual de instrucciones debajo del brazo, cuando llega la muerte de un ser querido no hay manual que nos ayude a “sobrellevar lo insoportable”. Aunque, al final, el tiempo cura el dolor y deja los recuerdos, eso que “permanece, más allá de lo visible, más allá de la imagen”. Son palabras de la artista y fotógrafa Alexandra Aquerreta Escribano (Pamplona, 1990), que expone en la Galería Contraluz de Pamplona 30 fotografías con las que “narra” su vivencia personal al perder a un familiar.
La exposición, además, forma parte de su trabajo final para el Grado de Artes en la Universitat Oberta de Catalunya. También tiene el Grado Superior de Fotografía y Grabado y Técnicas de Estampación (Pamplona) y antes estudió pintura con Juan Tena en Madrid. Su primera exposición fotográfica fue en 2019, con En todas Norabide, una “road movie” sobre un viaje con amigos. Ya en aquel viaje fue descubriendo lugares deshabitados, vacíos, abandonados… que años después acabarían ligados -con esos mensajes tan extraños del universo- a su tío, vecino de Burguete, con quien estaba muy unida. “Este proyecto nace como un homenaje personal”, explica la artista, que prefiere la fotografía de autor y que quiere “contar historias a través de la fotografía”. Añade que es también “un intento de capturar la esencia de lo que significa perder a un ser querido. “Tras la larga enfermedad y fallecimiento de mi tío, mi trabajo se ha transformado en una reflexión sobre tres fases del duelo: la espera, la ausencia y la memoria”. Una reflexión que narra a través no solo de sus palabras (que se pueden leer en la propia exposición(), sino sobre todo a través de las treinta imágenes, divididas en esas tres fases.
Así, el recorrido comienza por varias instantáneas de personas inmóviles, esperando algo. Es la “espera”, ese tiempo que, cuando llega la mala noticia, “se distorsiona”, se dilata, pero no avanza, y cuerpo y mente están como “suspendidos”. Sobre todo, destaca la fotografía de una silla volcada entre unos matorrales, símbolo de “lo que se ha ido y de lo que se mantiene en el aire, esperando ser nombrado”.
Unos pasos más allá nos llevan a otras imágenes que narran la “ausencia”, la toma de conciencia de la pérdida, el vacío que deja, “el reflejo de lo que no está, de lo que se ha ido, pero sigue estando presente en la forma de sombras y reflejos distorsionados”, describe Akerreta. Es entonces cuando nuestra mirada viaja entre fotografías de espacios donde ya no hay personas y sí elementos rotos, quemados, abandonados, vacíos. Como el cerrojo quemado de la puerta del garaje…
Y, sin embargo, añade, “la muerte aquí no es un evento definitivo, sino una huella que reside en los espacios que habitamos. La ausencia se hace presente, pero no en un acto visible, sino en la forma en que el mundo sigue girando mientras lo que se ha ido se desvanece”. Por eso, el tránsito a la siguiente fase ya es más fácil: la “memoria”, recuerdos que son realidades vivas de quienes se han ido y viven en nosotros.
“La memoria se construye a partir de objetos y símbolos que remiten a los recuerdos de mi tío”, dice. Un cuerno de ciervo como los que fotografíaba y grababa, una vela por el 14 de julio, día de su cumpleaños (y del Pobre de Mí), un sombrero, discos de vinilo, la casa del pueblo....-, detalles en los que la artista busca “capturar la esencia de lo que permanece después de la muerte, lo que se queda en la mente y el alma. Cada símbolo es un fragmento de su vida, anidado en mi memoria, como un eco lejano que sigue vivo en mi interior”.
MANUAL Y CONSUELO
El título Manual de instrucciones para seguridad y confort, hace referencia “a la paradoja de la vida y la muerte, como un intento de encontrar consuelo en medio del dolor”. “Como si existiera un manual”, indica Akerreta, “que nos enseñara a sobrellevar lo insoportable”, aunque “sabemos que la experiencia de la pérdida no puede ser entendida con facilidad ni controlada, es algo imprevisible y complejo”.
Preguntada por si este proyecto le ha ayudado a procesar mejor el duelo, admite que sí. Además, establece un paralelismo con la propia fotografía. Las imágenes, reflexiona, son “fragmentos de un tiempo que ya no existe, fragmentos de un ser querido que se ha ido, pero que permanece en la memoria, suspendido entre lo que fue y lo que ya no es”. En cada una de las fotografías -y de muchas otras que sacó aquellos días, cámara en mano y con el corazón triste…- “resuena la ausencia, no como un vacío absoluto, sino como una presencia que se percibe en lo que ya no está”.
La fotografía, concluye, es “’la muerte en la vida’, un momento capturado que es, al mismo tiempo, una pérdida. Cada imagen que contemplamos es un pedazo de tiempo detenido, un trozo de lo que fue y ya no será”.
EN BREVE
Manual de Instrucciones para Seguridad y Confort’
Dónde. Galería Contraluz, Agrupación de Fotografía y Cinematografía de Navarra-AFCN, calle Río Urrobi 3, Pamplona (Milagrosa).
Fechas. Hasta el 7 de febrero.
Horario visitas: Jueves y viernes, de 18 a 20:30 horas.