Tribuna histórica
¿Cuándo comenzó a celebrarse el Día de Navarra?
El autor recuerda cómo san Francisco Javier fue proclamado patrono de Navarra y cómo en 1625 se celebró la fiesta en todo el territorio. En 1985 el Gobierno foral dio continuidad a la festividad


Actualizado el 03/12/2025 a las 08:09
Una Ley Foral de 1985 declaró “Día de Navarra la fecha del 3 de diciembre, festividad de San Francisco Javier”. El preámbulo de la Ley explicaba que es costumbre de las comunidades “contar con una festividad… que simbolice la unidad y la identidad en un proyecto histórico común”. Añadía que “el respeto a la tradición heredada y el reconocimiento del pasado propio… hace aconsejable la institucionalización… de fechas y motivos asentados en el patrimonio común, de tal modo que contribuyan a fortalecer la concordia, la solidaridad y la conciencia de hermandad”. Reconocía que “San Francisco Javier ha sido para los navarros un ejemplo señero… prototipo de navarro universal”. Por eso “Navarra desea vincular la norma a la tradición y fijar en esa misma fecha el Día de Navarra”.
El Gobierno de Navarra, al impulsar esta Ley, y el Parlamento de Navarra, al aprobarla, no hicieron otra cosa que continuar una fiesta que era oficial en Navarra desde 1624 y que desde entonces se ha venido celebrando ininterrumpidamente.
PATRONO DEL REINO DE NAVARRA
El 25 de octubre de 1619 el papa Paulo V proclamó beato al jesuita Francisco Javier y autorizó la celebración de su fiesta y su misa en Portugal. Los beatos sólo reciben culto en la tierra donde han trabajado, no en toda la Iglesia universal. El 25 de febrero de 1621 las Cortes de Navarra decidieron pedir al papa que la fiesta y la misa se celebraran también en Navarra y que, cuando el papa lo concediese, la Diputación lo jurara como patrono del reino. El 12 de noviembre, una vez que el papa Gregorio XV accedió a lo que se pedía, la Diputación decidió jurar al beato Francisco Javier como patrono del reino de Navarra y pidió a los obispos de Pamplona y diócesis vecinas, que tenían jurisdicción en pueblos de Navarra, que autorizaran la fiesta y el rezo.
Los acontecimientos se sucedieron con rapidez. Apenas cuatro meses después, el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV canonizó a san Francisco Javier, junto con san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Isidro Labrador y san Felipe Neri. Al proclamarlos santos, su culto se extendió a toda la Iglesia. Pero una cosa era celebrar misa en honor del santo y otra convertir su día en fiesta.
SOLEMNE JURAMENTO COMO PATRONO
El 2 de agosto de 1622 en la iglesia de la Compañía la Diputación prestó el juramento acordado nueve meses antes. Era la institución que representaba a las Cortes del Reino mientras no estaban reunidas y su actuación estaba supeditada a los mandatos que habían recibido de ellas. Del mismo modo, sus actos más importantes tenían que ser ratificados por las Cortes. El 11 de julio de 1624 las Cortes de Navarra decidieron que el solemne juramento que ellas querían prestar como representantes del Reino se celebrara el día 21 en la iglesia de la Compañía. Pero el 8 de agosto se cambió de criterio y se acordó que el juramento se celebrara el domingo día 11 de agosto en la catedral.
Ese día los tres brazos de las Cortes salieron de la sala de la Preciosa, donde se reunían, y se dirigieron a la catedral, que estaba adornada con tapices. Se sentaron en el espacio existente entre la “capilla mayor” (o presbiterio) y el coro, disponiendo sus bancos en U, como acostumbraban en sus sesiones. Se celebró misa de pontifical. Tras el credo, el secretario Pedro de Zunzarren entró en la capilla mayor y leyó el juramento:
“Los Tres Estados del Reyno de Navarra, que estamos juntos y congregados celebrando Cortes Generales por mandado de Su Magestad, dezimos que, executando la horden que dimos en las últimas Cortes, la Diputación en nuestro nombre, reçebio por patron al santo Francisco Xabier y le prestó el juramento a tal acto decente, ofreciendo qiue se ratificaría este Reyno estando juntas las Cortes. Y, cumpliendo con esto, ratificando como ratificamos el dicho juramento, de nuevo le prestamos, ofreciendo al santo Francisco Xabier el culto debido a patrón. Y así Dios nos ayude. Amen”.
Tras la lectura del texto todos los miembros de las Cortes juraron y ratificaron de viva voz: “Y, abiendola leydo, estando todos los del Reyno en sus asientos, desde allí respondieron que assi lo juraban y ratificaban. Y, hecho esto, se continuo la misa…”.
DÍA DE FIESTA EN NAVARRA
Pero una cosa era celebrar la fiesta litúrgica del santo y decir su misa ese día y otra cosa diferente era que ese día se convirtiera en una “fiesta de precepto”, es decir, de obligado cumplimiento para los fieles y que llevara aparejado el cese en el trabajo. En el acuerdo del 11 de julio las Cortes iban más allá de la mera celebración litúrgica. Acordaron, eso sí, participar en la celebración litúrgica en la que entonces era iglesia de los jesuitas (hoy albergue de peregrinos en la calle Compañía): “todos los días de su transito de este sancto se celebre fiesta en la Compañía de Jhesus, con asistencia de la Diputación…”. Pero tan importante o más fue pedir al obispo que la declarara fiesta de precepto, es decir, obligatoria: “se supplique a su señoria illustrisima del señor obispo se sirva de poner precepto de fiesta en todo su obispado”. El obispo Cristobal de Lobera, que apenas llevaba un año en Pamplona y estaba presente en la sesión, lo concedió y se comprometió a que la fiesta “se celebrara con octava como de patron”. Las Cortes también aprobaron pedir lo mismo al arzobispo de Zaragoza y a los obispos de Calahorra y Tarazona, para que hicieran lo propio en los pueblos de Navarra pertenecientes a sus diócesis.
Por primera vez la fiesta de san Francisco Javier se celebró como día festivo en toda Navarra el 2 de diciembre de 1624, porque inicialmente se fijó en ese día la muerte del santo y su fiesta, hasta que en 1663 se advirtió el error y el papa Alejandro VII la trasladó al día 3 de diciembre.
Así, la celebración del patrono se convirtió en un día festivo para todos los navarros, de la misma forma que dentro y fuera de España quedó claro que san Francisco Javier era navarro. Ya en 1540 san Ignacio lo presentó en una carta a su sobrino como “nabarro, hijo del señor de Xabier”. Por eso no extraña que a mediados del siglo XVII grabados estampados en Bruselas, lo calificaran como navarro. El de Pierre Dannoot precisaba más al definirlo como “noble navarro”.
Durante cuatro siglos los navarros hemos guardado fiesta para celebrar el día de quien, por voluntad de las Cortes de Navarra, es nuestro patrón, san Francisco Javier, el único navarro que ha tenido talla universal, por encima de cualquiera de nuestros reyes o nuestros gobernantes. Su fiesta del 3 de diciembre era y es exclusiva de Navarra y vivida en toda Navarra. Por ello resulta lógico que en 1985 fuera declarada también Día de Navarra.
Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza es doctor en Historia y académico correspondiente de la Historia