Reflexiones al hilo de ‘Los siguientes’, de Pedro Simón

El periodista y escritor habla, otra vez, sobre la familia. En este caso, sobre cómo repartir los cuidados de un padre viudo. Pero plantea también otros temas, en los que todos nos vemos reflejados si miramos hacia nuestro interior, como nos propone Jaume Plensa al cerrar los ojos de las niñas de sus esculturas

'Los siguientes', de Pedro Simón
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Una de las esculturas de Jaume Plensa,  expuesta en la muestra de la Fundación Telefónica. Y portada de 'Los siguientes', de Pedro Simón, editado por Espasa
'Los siguientes', de Pedro Simón

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Marialuz Vicondoa

Actualizado el 22/11/2024 a las 09:52

Plensa y Simón. Simón y Plensa. Escultura y literatura. Literatura y escultura. Arte, al fin y al cabo. Jaume Plensa explica que sus cabezas de niñas gigantes con los ojos cerrados invitan a mirar hacia el interior de cada uno, un terreno muchas veces sin explorar. Leer los libros de Pedro Simón consigue precisamente eso, leer sobre uno mismo, sobre lo que no se ve pero se siente, cual sortilegio de un escritor que se adentra en tu alma. La casualidad (o lo que llamamos casualidad pero no lo es) ha hecho que en poco tiempo haya disfrutado de las esculturas de Plensa y escuchado sus reflexiones sobre su obra con motivo de la actual exposición en la Fundación Telefónica (Madrid), y haya leído ‘Los siguientes’, el último libro de Pedro Simón (Espasa).

He llorado con la historia de Antonio, de Olivia y de sus tres hijos, que es la historia de tantas familias que, como la de ellos, han vivido, soñado, se han ilusionado, disfrutado y sufrido en la España que se alarga desde los años sesenta del siglo pasado hasta las primeras décadas de este. Ya me había pasado con sus libros anteriores (‘Los ingratos’ y ‘Los incomprendidos’). Lo de llorar. También he tenido que parar de leer, para detener la hemorragia y para, de paso, rumiar las caras poliédricas que presentan la alegría y el dolor. Tenía que darle al 'pause'. La vida no tiene tapas para cerrarlas, para parar la historia y coger aire. Ni un 'stop' en los mandos a distancia. Emotivo, creíble, realista, humano, minucioso en los sentimientos sin ser sentimental, el libro rebosa amor, mucho amor, aunque esté escondido u olvidado, aunque sea el gran incomprendido.

Los libros te abren las ventanas a mundos desconocidos; con ellos viajas a lugares insospechados, algunos que nunca podrás conocer. Pero también hay otros que te arrastran a tu interior, que también puede ser desconocido, aunque lo llevas contigo siempre y forma parte de ti incrustado en tu alma. ‘Los siguientes’ pertenece a este segundo grupo. Te propone un viaje al interior de ti mismo, cerrar los ojos como lo hacen las niñas de Plensa, para adentrarte en la vida de tres hijos que tienen que decidir cómo repartir el cuidado de su padre viudo. A partir de aquí, afloran las diferentes experiencias y relaciones con él, los secretos de familia, los recuerdos y las venganzas, las envidias y las añoranzas. Cada uno siente y lo cuenta a su manera. Ya lo dijo Tolstoi en su Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”.

El paso del tiempo te va dando jalones a los que te aferras para mantener el equilibrio en medio de los vaivenes de la vida. ‘Los siguientes’ va dejando caer, como hizo Pulgarcito para no perderse, migas de pan llenas de sabiduría a las que agarrarse cuando el amor duele. De las muchas que brillan por sus páginas me quedo con su referencia a la felicidad y, por supuesto, con su definición de lo que significa ser padre.

“Solo tienes oportunidad real de ser feliz si vives sin envidia”.

“Ser padre es saber que te cambiarías sin pestañear por la herida del hijo, que dejarías que te traspasaran todos los dolores solo para quitarle el sufrimiento a él. Saber que, si hubiera un pelotón de fusilamiento apuntándole y se pudiesen hacer cambios, allá que te ponías tú en su posición. Eso es ser padre. Decir que sí sin dudarlo en ese momento en que vienen las balas. Liberarle a él. Condenarte tú”.

Porque el libro habla de esto, de ser padres y de ser hijos. Y de ser hermanos. Y de la felicidad. Y de su ausencia. Y de los necesarios silencios. Y de los secretos que sanan. Y de la culpa y de su peso. Y del arrepentimiento y de las segundas oportunidades. Y de la posibilidad de seguir queriendo. A pesar de todo. Y de las no casualidades que, a veces, parecen serlo.

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