La cuestionada supremacía del hombre con su entorno
La filóloga Marta Segarra, la filósofa Marta Tafalla y el activista Xavi Animal dialogan este miércoles (17 horas) en Baluarte a propósito de la "mala relación" del ser humano con los animales.


Actualizado el 09/10/2024 a las 20:37
'Humanos y demás animales'. Desde el título, el diálogo de este miércoles en los Encuentros de Pamplona plantea una idea que comparten quienes lo protagonizan, la filósofa Marta Tafalla, la filóloga Marta Segarra y el activista Xavier Animal: la tendencia que tenemos los seres humanos en establecer categorizaciones binarias que son jerárquicas. “Porque los seres humanos nos hemos erigido en una especie excepcional; nos hemos creído no solo la mejor especie, sino la única que tiene derecho a someter a todas las demás especies que existen, seres vivos e incluso no vivos”, ha señalado Segarra, lo que, a juicio de Animal, se define a la perfección con una palabra: supremacía. “Los humanos reconocemos a las personas como alguien, pero a los demás animales no les otorgamos ese nivel: la mayoría los vemos y tratamos como cosas”.
En el encuentro con los medios de comunicación previo a la sesión de las 17 horas en Baluarte, Tafalla, que investiga y enseña sobre cómo deberíamos relacionarnos con las demás especies de animales, intenta entender desde cuándo y por qué esa relación “tan mala” del ser humano con el resto de animales a los que se maltrata de tantas formas diversas, lo que hace “larguísima la lista de grandes negocios que se enriquecen con el maltrato animal”: ganadería, experimentación en animales, zoos, acuarios, “venta de pájaros o de peces para tenerlos enjaulados en casas”, caza, peletería, tauromaquia... “a los que hay que añadir quien se suma a esto por diversión”.
“Tenemos una violencia acumulada que la descargamos contra los animales”, ha sostenido Tafalla, investigadora de la ética animal, para quien hay que concienciar a la sociedad del problema y buscar soluciones de manera “colectiva y urgente” porque son “muchos problemas y muy graves”, pues “la opresión” hacia el resto de animales está muy relacionada también con cómo maltratamos a los ecosistemas — calentamiento global, contaminación...— y con la forma en que discriminamos y oprimimos también a otras personas —proyectos coloniales, racismo...—.
Y es que, ha continuado Segarra, estudiosa del género, estas opresiones y desigualdadas están totalmente relacionadas y “no se puede separar el racismo del especismo, de la misoginia, de la violencia contra las mujeres y contra otros grupos o individuos por razones de sexualidad y de género”. De ahí que sus reflexiones se muevan en torno a por qué entonces la tendencia de los seres humanos es establecer categorizaciones binarias, “por qué dividir la humanidad en hombres y mujeres de forma estanca significa creer que unos son mejores que otras”, o al revés.
De hecho, esa forma de esta sociedad de organizar la vida de forma jerárquica está relacionada con el intento mencionado por Tafalla de desvelar la mala relación de los humanos con los animales.
“Pensamos que arriba de todo está Dios y luego los ángeles, después el ser humano, luego los animales ordenados por tipos, después las plantas y, por último, lo mineral”, de modo que, en esta visión jerárquica sobre la que tanto teorizó Aristóteles, unas vidas importan más que otras; “unos seres tienen dignidad, los otros no; unos están para satisfacer sus proyectos vitales y los otros están para servir”, han compartido Tafalla y Animal.
De ahí que el activista erija la palabra “supremacía” en la perfecta para definir esta situación, asegurando que “muchísimos problemas se acabarían si la gente reconociera a los animales como alguien”. Porque, ha añadido Tafalla, esa idea ya discutida en la Grecia clásica —las mujeres están para servir a los hombres; los esclavos, para servir a los ciudadanos libres; los animales, para servir a los humanos, y los otros pueblos, para servir a los griegos— “se convierte en una justificación de que unos son seres libres y los otros han nacido para ser siervos”.
Pero así como el feminismo lleva décadas cuestionando que el cometido de la mujer es servir al hombre, “que los animales están para servir al ser humano forma parte del sentido común de mucha gente, está muy arraigado culturalmente”, ha remarcado Tafalla, y es un discurso que cuesta desmontar y que se escucha en científicos, intelectuales, artistas y políticos. “Los animales están aquí para servirnos, la naturaleza está aquí para servirnos, casi que el universo entero está aquí para servirnos”, ha puesto palabras la filósofa a esas voces.
Por eso es un trabajo “muy complejo”, en palabras de Segarra, superar “este esquema tan profundo que parece inevitable”, ya que implica “un cambio profundo” en la concepción del ser humano: como autónomo, autosuficiente, dueño de sí, que puede dominar sus pasiones... a sujeto “mucho más poroso, más vulnerable, más interrelacionado con su entorno y con la materia”.
Para Animal, “todo está en educar empatía, justicia y respeto”, lo que no se ha enseñado hacia los animales. Porque, ha añadido, llegó un momento en que se entendió que la esclavitud debía erradicarse, no reducirse, mientras que “con los animales no se busca eso” porque se romantiza su situación. “Ahí están libres”, ha señalado Animal que se escucha. “Pero”, ha seguido el activista, “tienen un número en la oreja, tienen una finalidad para el ser humano: son cosas”. “Son considerados materia prima”, ha anotada Segarra. Y los animales, ha defendido el activista, “son alguien, no algo”. “Están aquí con nosotros y no para nosotros. Si entendiéramos eso, cambiarían muchas cosas”, ha señalado este vegano hace nueve años que hoy hubiera querido que, cuando era niño, alguien le planteara sobre lo que él habla ahora.
La conversación se ha dirigido igualmente a las plantas, pues, si bien “no pueden procesar información ni tener sentimientos”, ha recordado el activista, “explotar animales está causando un consumo excesivo de vegetales”, de modo que dejar de explotar a unos supondría dejar de explotar vegetación. Y aunque la planta no sienta dolor —“surgió de la evolución para que los otros animales se coman algunas partes, la fruta, las semillas, las hojas...”—, no por eso hay que maltratarla, sino respetarla, “incluso por supervivencia”, ha apuntado la filósofa. Además, ha añadido Segarra, las plantas necesitan agua, y si la mayoría de cultivos están destinados a alimentar animales con destino a la alimentación humana, la mayoría del agua también.
¿Y cómo revertir la situación? “Hay muchas prácticas que podemos cambiar y muchos negocios que se pueden reconvertir”, ha apuntado Tafalla sobre comer vegetales y hongos en vez de animales, por ejemplo; sobre cultivar setas en lugar de criar ganado. Para ninguno de los tres es imposible. Porque cuando los primeros defensores de los derechos humanos clamaron que era una barbarie, se pensó que desmontar el sistema esclavista supondría repensar la economía. “Y lo hicieron. Esto también se puede hacer”. Es “cuestión de voluntad”. “Porque la inteligencia la tenemos. Los humanos tenemos la oportunidad —los animales, ninguna— de parar y pensar en todo lo que queremos”, ha anotado el activista. Un querer es poder conjunto, en opinión de Segarara: “Las luchas deben converger, y debe entenderse que la lucha anti-especista es tan importante como la lucha contra la violencia de género".