Marta Sanz: "En la literatura hay castas y clases. Yo soy la nieta de un mecánico melómano"
La novelista publica unas memorias sobre el mundillo de los escritores, la precariedad del oficio y los vicios del mercado editorial


Publicado el 08/10/2024 a las 09:31
Los escritores se guardan en público de hablar de dinero, de sus condiciones materiales de vida, de las facturas y de la tarea casi imposible de llegar a fin de mes teniendo como oficio las letras. En privado, sin embargo, no comentan otra cosa. Marta Sanz (Madrid, 1967) es de las pocas autoras que se ha atrevido a denunciar en voz alta la precariedad del literato, las miserias del mercado editorial y las desigualdades de clase en el glamuroso gremio intelectual. 'En los íntimos' (Anagrama), Sanz aborda los claroscuros de de un negociado en el que se exige a los hacedores de libros comportarse como estrellas del rock, pero sin las contraprestaciones que reciben los dioses de la música.
¿Cree que el mercado se está comiendo toda propuesta de cultura crítica?
Es una ola, hay picos en los que estamos arriba y momentos en los que estamos abajo. En los últimos años la influencia del mercado se impone de una manera mucho más intensa y subrayada. A partir de la posibilidad de las redes y del uso desvirtuado de ella, vivimos en una sociedad profundamente demagógica.
Ahora que todo es susceptible de medirse con herramientas digitales se pueden hacer libros a la medida.
Es que parece que el único discurso que no es contestable es el del mercado, el del mercado como audiencia, y no es lo mismo lo popular que lo comercial.
¿Cómo se lleva con la industria editorial?
Mis relaciones con ella son agridulces. Oscilo en esa franja que va del resentimiento a la gratitud. En los últimos años estoy muy agradecida a Anagrama porque me ha dado la visibilidad.
No está en sus aspiraciones, pero ¿por qué nunca ganará el Premio Planeta, como quisiera su padre?
Evidentemente, nunca me lo van a ofrecer. Probablemente me costaría aceptarlo y me supondría una violencia bastante grande. ¿Por qué me van a colocar en una tesitura tan incómoda? No creo que nadie me quiera tan mal.
Subtitula el libro 'Memoria del pan y las rosas'. Escribir le ha permitido conocer a mucha gente y visitar un sinfín de países.
Mi autobiografía es mi currículum, y en esa experiencia literaria y vital ha habido momentos dulcísimos y maravillosos, así como amistades absolutamente irrepetibles, pero también muchas zonas de fricción que a veces no se ven porque la vida de quienes escribimos se suele plantear siempre desde una perspectiva muy fotogénica. Se nos saca en nuestros momentos de esplendor, pero no en nuestros momentos de derrota e incluso de precariedad económica.
Le ocurre también a los actores, a los que la gente quiere ver preferiblemente en la alfombra roja.
Claro, es algo parecido. A los que escribimos se nos pide que tengamos la dinámica de las estrellas del rock and roll, un tipo de visibilidad permanente, que nuestras presentaciones sean espectaculares y hablemos muy bien en público. Y resulta que esa parte se está comiendo a otra muy importante del oficio, la del trabajo lento y reposado. Desde la distancia, ¿cómo ve el personaje de usted misma en 'Los íntimos'?
Estoy en un momento de mi vida en el que soy muy consciente de mis fragilidades. Ya no me queda tanto tiempo para hacer ciertas cosas y tampoco tengo tantas energías para responder a las expectativas de esta cultura de mercado absolutamente capitalista en la que nos autoexplotamos. Como escritora y como personaje literario al mismo tiempo, me coloco en los espacios de lo risible y de lo patético. No es un lugar confortable, pero a mí me interesan los libros precisamente que hablan desde lugares no confortables.
¿Los escritores se han vuelto poco reivindicativos sobre sus condiciones de vida?
Es que parece que los escritores tuviéramos que estar agradecidos porque nos dejan espacio para escribir, y que por el hecho de tener una voz pública ya nos podemos dar por pagados. Sí, quizás nos hemos vuelto poco reivindicativos. Si no se compensan económicamente esaa actividad, los únicos que podrán acceder a la escritura serán las clases privilegiadas, que siempre defenderán los mismos intereses y reflejarán el mismo mundo.
¿Y los privilegios también se heredan dentro del mundo de la literatura?
Naturalmente, hay castas y clases sociales dentro del mundo de la literatura. En mi caso, soy una escritora que es la nieta de un mecánico melómano, una especie casi en extinción, la de de esos trabajadores que confiaban en que la cultura sirviera para mejorar la vida cotidiana de las personas. Se ha abaratado mucho el concepto de cultura y esta ya solo se entiende como una forma de entretenimiento. En ese sentido se ha perdido la concepción de la cultura como forma de ampliar las visiones del mundo y del conocimiento a la que nos dan acceso los textos literarios y los objetos artísticos.