Tatiana Huezo: "El documental es un camino de resistencia"
Ganadora del premio al mejor documental en la Berlinale con ‘El eco’, la directora salvadoreño-mexicana ha abierto esta semana en Pamplona las sesiones maestras de Doklab Navarra


Publicado el 05/09/2024 a las 05:00
El cine de Tatiana Huezo duele y reconforta a la vez. La directora salvadoreña criada en México retrata la vida en comunidades rurales donde las duras condiciones de vida se dan la mano con la poesía, especialmente en documentales como 'El eco' (2023), mejor documental en Berlín y actualmente en cines, 'El lugar más pequeño' (2011) o 'Tempestad' (2016), pero también en la película de ficción 'Noche de fuego' (2022), disponible en Netflix. La cineasta ha compartido cómo escribe sus guiones y construye sus relatos con los cineastas que participan en la residencia Doklab Navarra. Cinco directores más, entre ellos Alan Berliner o Félix Viscarret, completarán las sesiones.
¿Se reconoce en los cineastas que van a escucharle en Doklab?
Sí, siempre es una conexión especial con los chicos, y claro que me veo, y me recuerdo, y me identifico con ese momento donde uno está empezando a dar los primeros pasos y tiene cierta vulnerabilidad. O cuando estás desarrollando un proyecto y estás empezando a encontrar el camino, y tienes que exponerte con los motores de los proyectos, con esas primeras búsquedas, pues es un momento como muy delicado y muy especial del proceso. Se trata de poder compartir los pasos andados, los procesos creativos, los secretos, los atajos y las claves de lo que es indispensable para hacer un cine documental que sea poderoso, que sea honesto. Siempre es muy rico el encuentro y es también una gran retroalimentación de una energía muy vital que hay en los chicos en este momento.
¿Hay algún consejo de oro que dé o que le hubiera gustado recibir?
Siempre les digo que es muy importante salir de su zona de confort y atreverse a salir a la calle, a caminar, a tocar puertas, acercarse al otro, que es en donde están las historias que buscamos, y no tener miedo a que te cierren la puerta. El acercamiento a las otras realidades, a otros seres humanos y poder entrar en lo profundo es la base de cualquier película documental y eso implica mostrarte, y saber estar con el otro durante un tiempo importante, como el profundo conocimiento de lo que hay afuera, en esa realidad, en ese universo en el que te vas a meter, que es ajeno muchas veces a tu vida.


Muchas veces al hablar de películas se habla de las dificultades de armarlas financieramente pero ¿en el caso del documental el verdadero lujo sería tener tiempo?
Sí, son procesos que son largos y el documental, económicamente, es un género que siempre ha sido un poco golpeado, porque esos procesos no se toman en cuenta.Ni tampoco, por ejemplo, el proceso de montaje, que muchas veces es más extenso que los tiempos que requiere una ficción, en donde ruedas mucho menos material. Yo digo que el documental es un poco un camino de resistencia, y tiene mucho que ver con la vocación.
¿Sería algo así como una necesidad de querer explorar la historia?
Yo siempre lo he visto así, hay una inversión tuya que es la primera piedra que se pone, que tiene que ver con esta etapa de búsqueda, de estar. Empezar a convivir y a construir ese vínculo con las personas con las que vas a trabajar, y ya después, si bien te va, empiezas a buscar dinero para empezar a desarrollar el proyecto. Pero no existe proyecto si tú no has hecho esa inversión de irte a sumergir, aunque sea un poco, en ese universo donde piensas trabajar.
¿Tiene algo de jardinería, de sembrar y esperar a que florezca?
Total. El documental te exige muchas veces no tener prisa. Si tú no te detienes a estar, a mirar, o a esperar a que las cosas broten y sucedan, muchas veces difícilmente encuentras las gotas de oro que va a ser tu película. Es un género que tiene esa particularidad, y el lujo también, el lujo de poder esperar, a diferencia de la ficción, que va todo muy rápido, y todo es muy caro, y los equipos de trabajo son enormes, y vas permanentemente contra el reloj. En el documental también hay una presión así, pero el modo de producción, el número de gentes en tu equipo, vuelve en el proceso de rodaje muy diferente, y eso está muy bien.


'Noche de Fuego' aunque sea ficción maneja un poco las claves del documental. ¿Más que entre ficción y documental deberíamos hablar de verdad y mentira?
Para mí el documental es cine, la ficción es cine, son películas, y el objetivo último es el mismo, que es transmitir una experiencia humana, que es caminar de la mano de tus personajes, que es sumergirte en un viaje emocional, sensorial, y a mí personalmente me molestan estas divisiones entre el documental y la ficción, y este estigma con el que carga el documental de ser aburrido, informativo, que se ve feo y que se oye feo. Para mí el documental es un viaje que también te arrastra emocionalmente y con el que te puedes emocionar, puedes amar a los personajes, reír y llorar con ellos. Por eso el objetivo, el fin último es ése, que es el fin de una película.
Llama la atención, por ejemplo, la combinación entre lo macro y lo micro, desde insectos pequeñitos que cargan con su hoja, hasta esas grandes voladuras en una cantera. ¿Son personajes de la misma historia?
Claro. Yo para acabar de escribir el guión de Noche de fuego me fui a vivir al lugar donde se rodó. El scouting lo hice yo porque así empiezo mis películas documentales, encontrando un lugar, explorándolo a fondo, estando con la gente, y necesité encontrar este lugar que se llamaba Neblinas. Me fui a vivir al pequeño pueblito, ahí terminé de escribir el guión.
¿Participó el pueblo?
La mitad de los actores del ensamble actoral, todas las niñas, son hijas de campesinos, no son actrices. Los actores adultos sí que son actores profesionales muy buenos, pero en ese sentido hay algo híbrido. De alguna manera, como el instinto de trabajar con la realidad de tantos años atrás que he adquirido, se volvió la brújula también en esta película, porque es lo que sí conozco. Esta era mi primera ficción y ese instinto de trabajar con la realidad te da un ojo que observa y que sabe identificar cuando algunas verdades o alguna pureza, las acciones en los propios instintos de los personajes brotan. Y la verdad que eso lo agradezco mucho.
En 'El eco' vuelve a retratar a una comunidad, esta vez puramente documental
Sí, es un documental pero parece una ficción. Yo creo que es una de las pelis más bellas que han resultado en mi camino y son unos personajes muy entrañables y un espacio muy especial, muy marciano, muy como congelado en el tiempo.
¿Hasta qué punto marca su cine su origen latinoamericano?
El lugar en donde creces definitivamente marca, pues es parte de tu identidad y por lo tanto es parte de la identidad de tu cine, de lo que haces. En este caso yo nací en El Salvador, crecí en México, llegué a México con cuatro años. Me siento profundamente mexicana y creo que en México está en la esencia de absolutamente todo mi trabajo. Y El eco especialmente habla del universo campesino y de la infancia, siento que atrapa un pedazo del espíritu de una de las cosas más profundas que hay en México, que es la gente campesina, que son además los últimos guardianes de la tierra, del territorio, que tienen una conciencia muy fuerte de que ahí. en la tierra, está la vida.