Los Beatles, Guns N' Roses o Metallica, protagonistas de otras infames peleas del rock
Los hermanos Noel y Liam Gallagher de la banda Oasis no son los ni los únicos ni los primeros miembros de una banda que cambian las guitarras por los insultos y los puñetazos


Publicado el 28/08/2024 a las 09:29
Una pandereta arrojada a la cabeza con tanto tino como odio separó a Oasis. Su rivalidad cainita se aceptó como peaje de su genialidad. Daban espectáculo dentro y fuera del escenario. El 28 de agosto de 2009 dijeron que jamás volverían a tocar juntos. Este martes, 27 de agosto, rompieron su promesa. Antes que la suya hubo más rupturas infames en el rock.
Tras la muerte de su mánager y mentor, los Beatles estaban exhaustos. Devorados por la industria. La amistad que hizo soportable "ser más famosos que Jesucristo" flaqueaba. Paul McCartney y John Lennon acaparaban cada portada y bajo su larguísima sombra hacía frío. George Harrison y Ringo Starr se sintieron desplazados, con su música fuera de los discos. Entre tanta tensión llegó el flechazo entre John y la metomentodo Yoko Ono. Eran jóvenes y les pudo el agotamiento. En el documental 'Get Back' vemos cómo las pullas se convirtieron en norma. Harrison abandona el grupo ante la cámara para regresar días después. Lennon hizo lo propio para emprender su carrera en solitario junto a su amada Yoko.
Súmese fama, alcohol y egos gigantes. ¿Resultado?: los Guns N' Roses. Aún resuenan en la industria musical las rabiosas peloteras entre Axel Rose y Slash. En una etapa, la banda residió en la llamada 'Casa infernal'. Cada día un conflicto. Solían quedar para zurrarse o cometer delitos. "Vendíamos drogas y chicas. Si uno estaba en casa haciendo el amor con una tía, le vaciábamos el bolso" confesó el guitarrista Izzy Stradlin. Unos angelitos. Las luchas por el poder y los rifirrafes acabaron con la banda, pero pasando por los juzgados para dilucidar quién se llevaba el mayor trozo del pastel.
Los Metallica iban a terapia mucho antes de acuñarse el término 'salud mental'. Eran colegas, pero se odiaban. El vocalista, James Hetfield, llevaba años batallando contra sus adicciones. Drogado, perdía los estribos y pagaba su mal genio con el batería Lars Ulrich, que también tenía lo suyo. Las disputas escalaron hasta la infame noche del 2 de agosto de 1982, en el Troubadour de West Hollywood. Una riña por el repertorio se saldó a puñetazos entre ambos que, eso sí, jamás se han rendido en su empeño por salvar su mítica y atronadora banda.