Ermitas en silencio
Seis ermitas medievales navarras que ya no tienen romerías: de Salazar a Ibargoiti
Son 545 las ermitas que se conservan en buen estado en Navarra y a 423 de ellas se acude en romería con regularidad


Actualizado el 19/06/2024 a las 20:46
En el estudio más reciente sobre las romerías de Navarra, publicado por el Arzobispado de Pamplona, se indica que son 545 las ermitas que se conservan en buen estado en Navarra y que a 423 de ellas se acude en romería con regularidad. Esto quiere decir que son 122 los templos donde no se celebran funciones religiosas.
De las 149 emitas medievales existentes, hay 32 a las que no se marcha en romería desde hace ya algunos años; otras 24 sin celebración corresponden al Renacimiento, de las 145 conservadas; 40 de la época barroca están en las mismas circunstancias, de las 164 catalogadas; para finalizar con 26, construidas en los siglos XIX y XX, sin actividad tampoco, de las 87 a las que se acude para conmemorar la festividad de su advocación correspondiente.
Muchas de ellas han sido testigos de una espiritualidad personal y colectiva expresada a lo largo de más de diez siglos que se percibe, unas veces, en el silencio solemne de su nave y arquivoltas y en otras se conserva la paz que desprenden sus muros más sencillos. Son muchos los templos que se mantienen en pie, así que elegimos aquellos cuyas características arquitectónicas resultan más interesantes, además de dejar constancia del recuerdo de las celebraciones religiosas que nos regala la memoria de los feligreses más longevos.
TEMPLOS MEDIEVALES
La ermita de San Pedro de Oronz es una de las iglesias medievales localizadas más al norte de Navarra que no tiene culto. Está situada junto al cementerio y pudo ser construida en el siglo XIV, a tenor de varias de las imágenes góticas que albergaba y que hoy se conservan en la parroquia. La imagen titular es del siglo XVI.
Se trata de una construcción formada por una sola nave rectangular con cubierta de madera y bóveda de cañón con sus fajones y claves. Tiene espadaña a los pies, hoy totalmente oculta por la yedra.
Se acudía el 12 de marzo, festividad de San Pedro de Verona y el 29 de junio, conmemoración del martirio de San Pedro apóstol.
Descendiendo desde el Valle de Salazar al Romanzado puede contemplarse la ermita de San Esteban de Ugarra, a unos dos kilómetros y medio de Napal. Es un edificio protogótico de finales del siglo XII, con su importante espadaña de dos vanos de medio punto para las campanas y saetera inferior. Fue la parroquia de la localidad de Ugarra, despoblada en el siglo XIV.


Se acudía el 3 de agosto y después de la ceremonia religiosa solían rezar a la Virgen de Ujué, desde el lugar donde está situada una cruz.
De allí hasta el Valle de Lónguida e Ibargoiti, para contemplar las iglesias de San Martín de Guerguitiáin y la Purificación de María de Vesolla. Hay que iniciar el trayecto desde Induráin, del que nacen dos pistas en dirección hacia el sur. La primera se encuentra a unos 3 km y la segunda a unos 5 km.
El templo de San Martín fue parroquia del desolado de su mismo nombre, con pobladores hasta finales de 1963, cuyos niños acudían a la escuela de Induráin. Se trata de un edificio románico de finales del siglo XII, de nave única dividida en tres tramos con bóveda de cañón y cabecera de horno.
La iglesia de la Purificación de María de Vesolla luce su belleza románica exterior con ábside semicircular y su portada adornada con puntas de diamante, capiteles tallados y tímpano labrado con el crismón trinitario. Estos trabajos, así como los de la iglesia de Guerguitiáin, se atribuyen al cantero Petrus, cuya firma quedó tallada en esa iglesia.


Perteneció a un antiguo señorío eclesiástico donado al monasterio de Leyre en 1093 por Aznar López de Vesolla y posteriormente señorío nobiliario por concesión del príncipe Carlos de Viana en 1453. En 1702 pasó a convertirse en marquesado al ser nombrado José de Elío y Ayanz, como tal.
Después de la restauración efectuada en 2015, desapareció la casa adosada donde vivían los últimos inquilinos de una población que a finales del siglo XIX contaba con 34 personas.