Arquitectura
Muere el ingeniero navarro Javier Manterola, creador de puentes y premio Príncipe de Viana
El proyectista navarro falleció este 12 de mayo en Madrid a los 87 años de edad


Actualizado el 13/05/2024 a las 08:39
El ingeniero de caminos navarro Javier Manterola Armisén, autor de algunos de los puentes más icónicos de finales del siglo XX y principios del XXI, falleció este domingo 12 de mayo en Madrid a los 87 años de edad. La labor de Manterola fue más allá de los puentes, participó en la realización de más de 230 proyectos de infraestructuras en España y Latinoamérica, sobre todo, que abarcaron desde iglesias y campos de fútbol a grandes edificios como las Torres Blancas de Sáenz de Oiza, estaciones de tren o auditorios, pero fueron los puentes y los viaductos los que convirtieron al ingeniero en una referencia mundial.
Manterola nació en 1936 en la casa familiar de la calle Carlos III de Pamplona. Fue cuarto de seis hijos. Finalizado su bachiller marchó a Madrid a estudiar en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Fue una idea de su padre. Se consideraba entonces una carrera para los que se les daba bien las matemáticas, como era su caso, pero los exámenes de acceso en aquellos años 50 hacían muy difícil el ingreso.
Manterola estuvo cuatro años intentándolo hasta que lo consiguió. Nunca se arrepintió. Al recibir el premio Zahorí de Plata (2009) en Tudela declaró que tenía una doble pertenencia: él era navarro y del mundo de los puentes. “Hay un mundo que la labor de los pontífices, en el sentido estricto de aquellos que hacen puentes para salvar grandes obstáculos, ha construido a lo largo de la historia”, explicó. Y se enmarcó ahí.
El ingeniero pamplonés solía destacar el riesgo que se corre en su profesión. “El ingeniero es el que hace las cosas que no se saben hacer, el que se plantea proyectos que van por delante de lo conocido”, explicaba. Él lo hizo varias veces. El puente de Barrios de Luna, por ejemplo, que diseñó en 1983 en la autopista entre León y Campomanes, batió con 440 metros de luz el récord mundial de puentes atirantados de hormigón (ostentó esa marca durante siete años). Manterola decía que había vivido tres años pensando en ese puente, con muchas noches de insomnio y pensar y repensar todos los detalles del proyecto.
El puente Constitución 1812 con el que unió Cádiz y Puerto Real, fue otro de sus grandes desafíos. Después de ocho años de obras y 511 millones de euros de inversión se convirtió en 2015 en uno de los más altos del mundo. La construcción de este hito de la ingeniería española llegó a precisar de hasta 650 operarios al día, con una longitud de cinco kilómetros - tres de ellos salvando el mar- es más largo que el Golden Gate de San Francisco o el de Brooklyn de Nueva Yori.
A Manterola le gustaba especialmente el puente románico de Puente la Reina, en el que también intervino para recalzarlo, porque habían aparecido unas grietas en las pilas de la margen derecha.
Sus primeros trabajos de prácticas los hizo en la oficina de proyectos de Huarte pero desde 1966, y hasta que se jubiló, Manterola formó parte de la oficina de proyectos Carlos Fernández Casado, ubicada en Madrid, y donde contaban con más de 30 empleados.
Las obras del ingeniero navarro han sido de muy diversa índole. Hizo adaptaciones de obras ya existentes, como el ensanche del puente sobre el Jarama o la restauración del puente de piedra de Zaragoza sobre el Ebro. También ha trabajado en la sustitución de infraestructuras, como el puente sobre el Guadarrama o el de hierro del Pilar sobre el Ebro en Zaragoza. Pero quizá lo que más se asocia a su firma sean los puentes nuevos, de aspecto moderno. Algunas de sus obras se han vuelto icónicas para las ciudades que los acogen, como el Euskalduna de Bilbao, El Escudo en Santander o el de Las Ventas de Madrid. Fuera de España también dejó su sello en puentes como el de Amolanas en Chile, el de la Marquesa de México o el Puente Leonardo en la Toscana.
En Navarra dejó su impronta en proyectos como el puente de Castejón, conocido como de Sancho el Mayor, que construyó con Fernández Troyano entre 1976 y 1978 y que fue el primero atirantado que se construyó en España. También proyectó el puente del Vergel de la Rochapea, el de Los Llanos de Estella o la rotonda y puente en Zizur Mayor.
PREMIOS, EDUCACIÓN, ENSAYOS
A Manterola le impresionó que un premio cultural como el Príncipe de Viana reconociera en el año 2005 a un ingeniero de caminos como él , asumiendo de ese modo que la obra pública, y los puentes, también son creaciones culturales. “Las carreteras que acortan distancias entre los lugares donde viven los hombres o los puentes que les unen están dando paso a transformaciones culturales de gran calado, tantas o más de las que pueda provocar una novela, porque hacen que esas distancias y el propio tiempo del hombre adquieran otra dimensión y que la cualidad de sus relaciones se transformen”, decía. Fue uno de los numerosos premios que recibió, como el Premio de Diseño de Puentes que le entregó en 1996 la Asociación de Ingenieros de Caminos de Londres (fue el primer español en obtenerlo), por ejemplo, o el Nacional de Ingeniería.
En 2006 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y desarrolló también la docencia durante cuatro décadas en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos de Madrid. Casado con Lola Jara, y con tres hijos, Manterola solía decir que tenía la sensación de asistir al final de una época. El momento más apasionante para la ingeniería fue en su opinión el principio del siglo XIX y la revolución industrial, que abrió una revolución que persistía hasta que la aparición de nuevas tecnologías y materiales que estaba viviendo anunciaban el advenimiento de una nueva etapa. Manterola también escribió numerosos ensayos y libros que reflexionan sobre el arte y la ciencia de la ingeniería civil, como El Puente de Hierro.