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Una historia del tronco principal de la ganadería brava de Navarra

La autora comenta el libro que recoge un completo recorrido por la ganadería brava de Navarra, una cuidada edición de 150 ejemplares numerados, de 650 páginas a tamaño folio

Cartel de festejos taurinos de San Fermín de 1852 en el que se lidiaban, entre otros,15 toros de la ganadería de don Nazario Carriquirri
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Cartel de festejos taurinos de San Fermín de 1852 en el que se lidiaban, entre otros,15 toros de la ganadería de don Nazario Carriquirri
Cartel de festejos taurinos de San Fermín de 1852 en el que se lidiaban, entre otros,15 toros de la ganadería de don Nazario Carriquirri

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Carmen Jusué

Publicado el 02/04/2024 a las 05:00

Más que una historia, estamos ante una completa y gran historia sobre la ganadería brava de Navarra, realizada por el corellano Ramón Ignacio Villanueva Sáenz, miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, del Centro de Estudios Históricos Merindad de Tudela, socio fundador de la Asociación de amigos de la casta navarra y autor de numerosas publicaciones sobre reses bravas, casta navarra y diversas ganaderías navarras y riojanas como la de la familia de los Lizaso, la de Miguel Poyales de Corella, la de Zalduendo o la de Bermejo y Elorz de Peralta, entre otras muchas.

He comentado gran historia porque recientemente ha salido de las prensas su última obra: El tronco principal de la ganadería brava de Navarra. Lecumberri - Guendulain - Carriquirri - Espoz y Mina de 635 páginas tamaño folio, con una cuidada edición de 150 ejemplares numerados y editada por la Unión de Bibliófilos Taurinos. Una sólida historia prologada por Rafael Cabrera Bonet.

Un tronco ganadero sin igual entre los de casta navarra, porque, aunque muchos tuvieron su momento de importancia, ninguno como este supo mantenerse en lugar privilegiado desde finales del siglo XVII hasta comienzos del siglo XX. Una casta creada por Antonio Lecumberri y que mantuvieron a lo largo del tiempo su viuda, Miguel de Miranda, Los Guendulain, Carriquirri y el conde de Espoz y Mina y que acabó desapareciendo en tierras salmantinas.

Cartel de festejos taurinos de San Fermín de 1852 en el que se lidiaban, entre otros,15 toros de la ganadería de don Nazario Carriquirri
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Cartel de festejos taurinos de San Fermín de 1852 en el que se lidiaban, entre otros,15 toros de la ganadería de don Nazario Carriquirri
Cartel de festejos taurinos de San Fermín de 1852 en el que se lidiaban, entre otros,15 toros de la ganadería de don Nazario Carriquirri

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FAMILIAS QUE MANTUVIERON LA GANADERÍA BRAVA NAVARRA

Así, la ganadería más señera de cuantas pastaban en la Ribera navarra fue fundada por Antonio Lecumberri (1651-1709) personaje central de una familia originaria de la Baja Navarra y afincada en Tudela, que debutó como ganadero en Pamplona en 1695 y más tarde en Madrid y en otras muchas plazas españolas. En 1765 su nieto, Antonio Lecumberri Sartolo vendió la ganadería a Miguel de Miranda, vecino de Calahorra que la mantuvo en los pastos navarros y, en 1774, la vendió al tudelano Francisco Javier Guendulain.

La ganadería en manos de esta nueva familia tuvo momentos brillantes con apariciones en multitud de cosos taurinos y será su nieto, Tadeo, el que en 1846 constituye una sociedad ganadera con Nazario Carriquirri que se mantuvo hasta 1850. A partir de dicho momento, los Guendulain mantuvieron la ganadería bastante diezmada, mientras que Carriquirri constituyo una nueva sociedad con Miguel Barrón.

Fallecido Barrón en 1854, su parte de la ganadería pasó a Juan de Dios Moso y a su muerte a su hijo Juan Moso Irure, II conde de Espoz y Mina, que en 1883 compró la parte de Carriquirri y al morir dejo la propiedad de la ganadería a sus cuatros hijos. Ya en 1908 sus hijas Catalina, María y Clotilde Moso Subiza, vendieron la ganadería al salmantino Bernabé Cobaleda.

LOS ÚLTIMOS CARRIQUIRRIS

La alusión de “los últimos carriquirris” hace mención a los toros procedentes de la ganadería de Espoz y Mina lidiados en Pamplona el 7 de julio de 1908. Fueron muchos los medios de comunicación que publicaron la crónica de aquel festejo, concretamente Diario de Navarra, en su edición del día de San Fermín, publicaba: “Los Toros de Hoy. Son Carriquirris, los últimos que vemos por ahora. Los herederos del señor conde de Espoz y Mina merecen un aplauso de la afición por el esmero con que han presentado esta corrida”.

El definitivo traslado de los “carriquirris” desde Navarra a tierras salmantinas debió de realizarse a finales de agosto de 1908 dado que había aparecido publicada la noticia de que Bernabé Cobaleda, ganadero salmantino, había comprado a las hermanas Moso Subiza la antigua y acreditada ganadería de Carriquirri. Durante años se lidiaron toros de Cobaleda hasta que su hijo Juan fue eliminando de su ganadería la casta navarra para continuar con otros encastes, especialmente con reses del Conde de la Corte.

Portada de la obra de Ramón Ignacio Villanueva Sáenz: El tronco principal de la ganadería brava de Navarra. Lecumberri - Guendulain - Carriquirri - Espoz y Mina
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Portada de la obra de Ramón Ignacio Villanueva Sáenz: El tronco principal de la ganadería brava de Navarra. Lecumberri - Guendulain - Carriquirri - Espoz y Mina
Portada de la obra de Ramón Ignacio Villanueva Sáenz: El tronco principal de la ganadería brava de Navarra. Lecumberri - Guendulain - Carriquirri - Espoz y Mina

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DOCUMENTACIÓN EXHAUSTIVA

En cualquier capítulo de la monografía llama la atención el número de citas a la documentación, en su mayor parte inédita, extraída de un importante número de archivos parroquiales, municipales, protocolos notariales y aún de otros menos accesibles, como son los particulares. Ramón Villanueva no se ha arredrado ante cualquier dificultad y ha hecho de la constancia y la tenacidad unos valores que afloran en el estudio. La precisión en las biografías, enlaces y entronques familiares, supera con mucho la propia historia de las ganaderías, con datos de todo orden que servirán para otros estudios de historia social y económica de Navarra. En definitiva, una historia bien armada desde sus cimientos, como recordaba Voltaire al afirmar que “los hechos y las fechas son el esqueleto de la historia”.

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