El misterio del arrecife Bajo Pamplona, recogido en un mapa de Alaska

Una exposición en el Archivo de Navarra recoge mapas sobre las primeras expediciones españolas a las costas

Detalle del arrecife Bajo Pamplona recogido en uno de los mapas de la muestra.
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Detalle del arrecife Bajo Pamplona recogido en uno de los mapas de la muestra.
Detalle del arrecife Bajo Pamplona recogido en uno de los mapas de la muestra.

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Diario de Navarra

Actualizado el 02/04/2024 a las 17:52

Dentro de la muestra de los 250 años de las primeras expediciones españolas a Alaska, que estos días centran una exposición en el Archivo de Navarra, destaca una expedición, a la dirigida en 1779 por el teniente de navío Ignacio de Arteaga y Bazán, a la que se refiere una serie de cuatro mapas de la costa alasqueña que el Archivo General custodia como parte del fondo documental Barones de la Torre y en los que figura representado en el golfo de Alaska un accidente geográfico con el nombre de Bajo Pamplona.

Reciben el nombre de bajos o arrecifes aquellas áreas rocosas del lecho marino que se hallan sumergidas a muy poca profundidad y que, por ello, suponen un grave peligro para la navegación de los barcos, al poder hacerlos embarrancar y naufragar si no son vistos y esquivados.

En este sentido, fue la expedición de Arteaga de 1779 la primera que dio noticia del avistamiento de un peligroso bajo en el sector central del golfo de Alaska, y la que lo bautizó con el nombre de Bajo Pamplona. Posteriormente, tras haber tomado conocimiento de su existencia por las fuentes españolas, la armada británica se referiría a este bajo como Roca Pamplona de los Españoles (‘Roca Pamplona of the Spaniards’).

Sin embargo, un siglo después, cuando en 1867 Estados Unidos adquirió el territorio alasqueño y emprendió la exploración sistemática del área, todos los intentos por localizar el Bajo Pamplona se revelaron infructuosos y el arrecife no pudo ser encontrado. Por ello, pese a que además del de Arteaga se tenía noticia de otro avistamiento posterior del bajo por parte de un buque ruso, se pensó que quizá lo que había visto la expedición de 1779 había sido en realidad un desprendimiento de hielo del cercano glaciar Malaspina o algún efecto o coloración temporal del agua que fue confundido con un arrecife. En consecuencia, el bajo Pamplona o Roca Pamplona de los Españoles fue eliminado de los mapas.

El misterio sólo empezaría a ser resuelto a mediados del siglo XX, cuando el avance de los medios técnicos para el conocimiento del relieve submarino permitió descubrir la existencia de un promontorio o cresta montañosa subacuática cerca de donde la expedición de Arteaga había ubicado al Bajo Pamplona. Así, y aunque la parte más elevada de la cresta se encontraba sumergida a más de 100 metros de profundidad, se apuntó a la posibilidad de que a finales del siglo XVIII hubiera estado mucho más cerca de la superficie del mar, y que hubieran sido los frecuentes movimientos sísmicos de la zona los que luego la hubieran ido hundiendo. De este modo, para denominar a este promontorio submarino se recuperó el nombre con el que la expedición española había bautizado en 1779 al bajo que por entonces quizá constituía; siendo, por ello, conocido hoy como el promontorio o espolón de Pamplona (‘Pamplona Spur’).

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