Jokin Azketa: "Sería capaz de ir al quinto pino persiguiendo una buena historia"
Un baile de engaños compone la relación entre una sicaria y el escritor que quiere que narre su vida. “Se puede traicionar y mentir por escribir un libro”, señala Jokin Azketa por ‘La sangre de los otros’, que presenta este martes en Pamplona


Publicado el 04/03/2024 a las 17:36
Son habituales series de novela negra protagonizadas por un investigador privado, un policía, una policía o una pareja de policías, hombre y mujer, “y así da para el chascarrillo”, lanza risueño Jokin Azketa Furtado (Pamplona, 1957). En su caso, desde 2013 el protagonista de sus obras es Norman Scarf, un escritor que viaja buscando historias. Lo fue con 'Lo que la nieve esconde', Premio Desnivel; con 'La vida en la punta de los dedos' en 2022, y con 'La sangre de los otros' ahora. Como “un hombre bastante cínico, dispuesto a utilizar a cualquiera para sacar su novela adelante, porque antes que ninguna otra cosa es escritor”, describe Azketa a Scarf, a quien en esta nueva obra contacta Celeste, una asesina a sueldo que quiere que él escriba su historia, en un baile de engaños, mentiras y traiciones de ambos. Con muchas referencias a otros libros y a historias reales que Azketa registra en las páginas finales, de esta novela conversa este martes en el Nuevo Casino Principal (19.30 horas).
¿Tiene usted tanto que contar que se crea como protagonista a un escritor para poder narrar dos historias en una novela?
Tenía claro que quería contar unos crímenes imaginarios situados sobre unos paisajes reales que se describen para poderse identificar. También, que hubiera más capas, lo que hace que se pueda leer como un libro de viajes -salen esquinas curiosas del mundo- y como una historia de amor imposible entre dos personajes que se acercan y alejan constantemente, sin llegar a juntarse, que siempre se engañan.
¿Crear a un escritor como protagonista ha sido más cómodo que idear un policía, por ejemplo, por poder partir de su experiencia?
Es la tercera novela en la que aparece, si bien en la primera no era el Norman que es ahora, más bien una especie de ratoncito de biblioteca escarbando cosas y no tan frío como ahora. Me siento cómodo con él porque a los dos nos gusta escribir y a los dos nos gusta viajar, aunque nunca voy a querer que Norman sea mi otro yo ni pongo en su boca palabras que me gustaría decir a mí -o creo que no lo hago, o si lo hago, no lo digo o lo niego [ríe]-. Estoy cómodo con él porque también me gusta viajar para escribir y también sería capaz de ir al quinto pino, sin ninguna sensación de esfuerzo, persiguiendo una buena historia.
Y le evita tener que conocer procedimientos policiales...
Me he liberado de todas esas esclavitudes porque en mi caso el protagonista es un escritor, aunque mucha gente se sentiría escandalizada si Norman fuera un personaje cierto: hay un momento en que tiene datos suficientes como para que puedan atrapar a Celeste, y él se los calla con tal de poder seguir escribiendo. “Soy un escritor, no soy un soplón”, dice. Seguro que hay gente que eso le parecía absolutamente falto de moral. Pero a mí me ayuda a redondear el personaje de Norman y su egoísmo por interesarle solo su novela y darle igual lo demás.
Y usted, ¿habría ido a la policía?
[ríe]. La verdad es que no lo sé... Creo que habría seguido escribiendo, salvo porque, como soy bastante cobarde, pensara que tal vez pudieran acusarme de encubrimiento. Igual por eso sí. Por la novela, seguro que no.
¿Causa fascinación una sicaria?
No es fácil entender qué tiene en la cabeza alguien que mata por dinero. Celeste es muy contradictoria. Norman quiere entenderla, pero como personaje, pues como persona no le interesa demasiado. Celeste es una asesina despiadada y una solitaria con una especie de sentido del humor a la hora de matar que raya el sadismo. Pero otras veces se muestra muchísimo más frágil ante el paso del tiempo y cómo este se come la vida. Por eso ella se dirige a Norman: quiere que este hombre dé testimonio de su vida para que esta tenga un poco de sentido.
Celeste dice que viajar es ideal para quien recibe asesinatos por encargo. Más allá de seguir un rastro, ¿qué supone el viaje y parar en esos sitios de la novela?
La vida de Celeste va a permitir a Norman seguirle el rastro por muchos sitios, y es la clave de esa libertad de actuación de la que tanto él disfruta -ir solo a muchos sitios, moverse a su aire, escarbar lo que quiera, desaparecer cuando quiere...-. También se podría decir que en esto se parece a mí, pero volveré a negarlo [sonríe]. Norman solo va a sitios donde yo he ido y que me gustan, y los capítulos de los sucesivos traslados de Celeste y Norman son casi una invitación a conocerlos. De hecho, creo que en gran medida sigo viajando para poder alimentar a Norman. Con él me hago muchas preguntas. No sé si a los lectores les interesaría saber más de él o si les gusta este personaje que nunca se deja fotografiar ni da entrevistas.
Norman escribe que hay personas para quienes ha desaparecido el misterio de viajar. ¿Lo cree? Él reflexiona sobre los viajes verdaderos, vanidad y entretenimiento, lugares frecuentados...
Dentro de que no dice nada que sea mío [sonríe], hay unas cuantas reflexiones ahí que fácilmente podrían ser mías. Primero porque -y parece injusto decirlo- se ha masificado y quitado el encanto, lo que no quiere decir que tenga derecho a hacer lo que no pueden hacer los demás. Pero encontrarme el mundo tan lleno de gente ha quitado encanto. Aquí [en la novela] está planteado de una manera un poco abrupta, en términos de si tiene o no sentido el viaje. También hay algo de crítica social, en el sentido de que el único viaje real es el de los que cruzan nuestras fronteras en malas condiciones escapando de guerras o quienes hacen alpinismo en sitios remotos sin que nadie se entere. Eso me siguen pareciendo viajes.
Para poder conseguir la historia, usted no habría ido a la policía, y Norman se plantea: “Ahora creo que no todo vale para escribir, ¿o sí?”. Jokin Azketa: ¿sí o no?
[ríe] ¿Qué es todo? No vale que yo asesine a una señora para escribir la escena de un crimen fabuloso. Pero sin llegar a las manos, creo que se pueden hacer muchas cosas por un libro. Porque te arrastra, porque tienes que continuar con algo que te interese y acabarlo. Sí, creo que se puede traicionar y mentir por escribir un libro [sonríe]. Como escritor, no en la vida de todos los días. Y si no, ahí Truman Capote con 'A sangre fría': se implica de tal manera en la historia que quiere sacar un buen libro adelante y espera a ver si ahorcan a uno de los culpables porque eso le da un final perfecto.
'LA SANGRE DE LOS OTROS'
Autor: Jokin Azketa.
Editorial: RBA.
Número de páginas: 192.
Precio: 20 euros.