Una pareja de navarra y malagueño, detrás de las prótesis de 'La sociedad de la nieve': "Fue un rodaje extremo"
El rodaje tenía lugar a 3.200 metros de altura, en una Sierra Nevada disfrazada de los Andes


Actualizado el 15/02/2024 a las 16:47
Hubo un día concreto en el que Cristina Asenjo y Antonio Naranjo se dieron cuenta de la magnitud de lo que estaban contando en la película en la que trabajaban. Esta pareja de maquilladores de efectos especiales participaba en el rodaje de La sociedad de la nieve, la película de Juan Antonio Bayona que arrasó en los Goya y se prepara ahora para asaltar los Oscar. El rodaje tenía lugar a 3.200 metros de altura, en una Sierra Nevada disfrazada de los Andes, porque fue allí donde se estrelló el avión del equipo de rugby obligando a sus pasajeros a sobrevivir como pudieran.
Ese preciso día el rodaje se prolongó hasta pasada la medianoche y ellos se asustaron por las inclemencias meteorológicas, sabiendo que no corrían peligro, y que en el peor de los casos les vendrían a rescatar. En ese momento entendieron mejor la epopeya de aquellos chicos uruguayos, y se pusieron a contar los días de rodaje para hacerse una idea de lo que significaba pasar 72 días perdidos en la montaña.
En un principio ellos no tendrían que haber estado allí. El rodaje empezó en junio de 2021 y seis meses antes Antonio Naranjo Navarro, malagueño de 46 años, y Cristina Asenjo Baila, pamplonesa de 30, se incorporaron reclutados como freelances en el equipo técnico de DDT, la empresa que hizo 'El Laberinto del Fauno', entre otros títulos. No estaba previsto que acudieran al rodaje, ellos iban a colaborar en la fabricación de taller, pero las circunstancias acabaron metiéndoles de lleno. “Hubo una crisis de Covid, porque todos los actores enfermaron, mucho equipo técnico también, entramos nosotros y ya nos quedamos para toda la peli”, explica Cristina Asenjo. En total era un equipo de 300 personas.


Su disciplina sería una especie de puente entre la de maquillaje/ peluquería y la de efectos especiales. En su caso se encargan de las prótesis, simular envejecimiento, dummies (muñecos o maniquíes de aspecto humano), animales ficticios o réplicas, lo tiene que ver con los seres humanos, más que con las explosiones y otro tipo de efectos especiales. En la película usaban una veintena de 'dummies', réplicas de los cadáveres, que ponían a diario en el avión. Diez eran de tipo A, con acabado de pelo y aspecto muy realista.
El rodaje, en cualquier caso, se desarrollaba en condiciones muy duras. “Era muy guay porque el equipo funcionaba muy bien pero era un rodaje duro”, dice ella. “En condiciones extremas”, apostilla él. Casi todos los días iban en telecabina hasta la estación del medio de Sierra Nevada, Borreguiles, y después cogían unos retracks, las máquinas-oruga, que les transportaban durante casi una hora hasta la localización. Una hora ir y una hora volver. Se habían programado 20 días de rodaje en la montaña y finalmente fueron 47.
Bayona intentó rodar casi toda la película en ese escenario natural, y luego disponía de otro plató a una cota más baja, donde se quedaban si había mucha ventisca o calima, y donde rodaban en condiciones más controladas ciertas secuencias que necesitaran un tipo de luz determinada.
Había otro escenario al aire libre que les permitía subir y bajar el avión con unas plataformas hidráulicas, pero allí la nieve artificial que había complicaba las cosas. Es decir, el rodaje contó con tres réplicas del avión siniestrado.


Cristina Asenjo y Antonio Naranjo no se trasladaron a Uruguay y Chile, donde también se rodó la película, ni al plató de Netflix en Madrid donde se recreó el accidente. Allí había dos réplicas más del avión mecanizadas, que se movían y hacían el efecto del movimiento del vuelo.
A veces dejaban arriba las réplicas, pero si estaba anunciado temporal los bajaban, porque podía ser complicado después encontrarlos de nuevo. Además había dos unidades rodando al mismo tiempo, y en ocasiones tenían que pasar un 'dummy' de una unidad a otra. “Fue difícil, cada día pasaban cosas y había que cambiar toda la planificación”, recuerdan. Para acabar de complicarlo, la historia se tenía que rodar de manera cronológica, porque los actores iban perdiendo peso y les iba creciendo la barba.
La pareja se encargaba de las heridas, las ampollas, hicieron esas piernas muy delgadas que se ven en el hospital o los pómulos. “Los chicos adelgazaban mucho, pero las caras no adelgazaban tanto, entonces se reforzó con unos pómulos de prótesis para que hiciese el efecto de hundido”, dice Cristina Asenjo. De su mano salieron los dientes de Gustavo, que se movían, los golpes de Nando, los hinchazones en la cara, las llagas de la espalda o del pie, y otras cosas que no se incluyeron al final. “Quizá eran demasiado gore”, admite Antonio Naranjo. “Estuvo bien para que los actores trabajasen con ese material, para que entrasen en situación, pero eso no se montó por respeto a los que no volvieron de la montaña, al final esta peli es para ellos”, revela. La película es un homenaje a todos ellos de 2 horas y 24 minutos.
INDIANA JONES, CULPABLE
Es la película más ambiciosa en la que han trabajado, no lo dudan. No en vano es la más cara del cine español, con 60 millones de euros. “Tenía razón Bayona cuando dice que ahora se produce con muchos menos recursos que cuando él empezaba, esta producción ha sido una maravilla, pero luego cuesta mucho trabajo poner un proyecto de cine en pie”, lamenta Naranjo. “Por nuestra experiencia, cuando hacemos una producción de envergadura normalmente funciona siempre”, añade.
Ha sido un enorme reto para ellos. Para empezar porque están acostumbrados a trabajar en el taller, no a estar presentes en el rodaje día a día, donde pasaron miedo y tensión. “Había días con mucho viento, se ponía a nevar, o tormentas, o se escuchaban los aludes... da respetillo, aunque estamos allí con los expertos que deciden si hay que bajar o un día no se sube”, señala Cristina Asenjo. Les tocaron jornadas a menos 20 grados de temperatura. “No se veía nada, teníamos que ir atados entre nosotros porque a una distancia de 15 metros ya no veías nada y te podías perder, las huellas, que era la manera de volver después, se borraban en poco tiempo”, relata Antonio Naranjo.

A la gala de los Goya no pudieron acudir porque estaban trabajando, pero ahora esta pareja, que está impartiendo este mes un curso sobre su especialidad para la empresa Rodoia en el edificio IWER de Pamplona, ha sido invitada a los Oscar del 10 de marzo.
Además de a mejor película internacional, 'La sociedad de la nieve' tiene otra nominación en maquillaje y peluquería, un departamento con el que ellos tenían contacto directo en el rodaje. Ellos, por ejemplo, ponían unas orejas falsas a Gustavo y maquillaje y peluquería acababan de hacerle la cara y el pelo. Entre unos y otros, los actores se sometían a sesiones de unas tres horas diarias.
Antonio Naranjo tendría 10 u 11 años cuando se quedó impactado con la escena de 'Indiana Jones y el templo maldito' en la que el sumo sacerdote le sacaba el corazón a un hombre. No paraba de pensar cómo podían haber hecho eso. “Ahí se me despertó la curiosidad por el trucaje del cine”, dice. Fue una curiosidad que creció cada fin de semana en el cine con películas de la época como 'Los Gremlins' o 'Robocop'. Poco a poco se fue formando . Empezó por el maquillaje de belleza y marchó a Madrid con 22 años, a buscarse la vida y a ir entrando en el mundillo.
Cristina Asenjo es más de Harry Potter. Hacía pintura desde pequeña, pero todo esto también le llamaba la atención. Entró en la Escuela de Arte de Pamplona y lo vio claro: “Ahí ya dije: ‘Éste es mi sitio”. Estudió fotografía, hizo prácticas en Diario de Navarra, y también se fue Madrid. Hizo un curso tanto de maquillaje como de efectos especiales y se decantó por esta última. Antonio era su profesor. En abril se casan.


La pareja ha trabajado de supervisores en 'Campeonex', donde hicieron una réplica del personaje de Brianaitor. También han aportado su arte en 'Fatum', 'Clanes' (por estrenar), 'Antidisturbios' y 'Los años nuevos', la última serie de Sorogoyen. El 29 de febrero estrenan 'Reina Roja', donde también han participado.
Viven en Madrid donde cuentan con un taller, pero a veces les llaman otros más grandes como DDT en este caso. “Al final somos muy poquitos y si vas viendo lo que hacen unos y otros es muy enriquecedor, porque cada día salen materiales nuevos o alguien te cuenta que hacer las cosas de una manera funciona”, sostiene Cristina Asenjo. Últimamente han incorporado la impresión en 3D, por ejemplo.
“Yo me acerqué a esto por la parte del truco, lo que tiene que ver con la magia”, asevera Antonio Naranjo. “Al final la magia y el cine nacieron casi a la vez, Méliès era mago, me encanta pensar cómo hacer esas cosas”, concluye.
