El actor y exboxeador Hovik Keuchkerian, hijo de una navarra de Villafranca, cierra Pamplona Negra
“Mi vida está siendo de coger caminos, siguiendo aromas como el oso Yogui”, dice Hovik Keuchkerian, que protagonizará la serie 'Reina roja' y estuvo en 'Antidisturbios' o 'La casa de papel'


Actualizado el 28/01/2024 a las 09:45
El programa de Pamplona Negra tituló la intervención del sábado 27 de enero del actor Hovik Keuchkerian Burgui (Beirut, Líbano, 1972) como Vidas de novela. En realidad, Keuchkerian viene a hablar de cómo adaptar al cine un personaje de novela, como lo es Jon Gutiérrez, el protagonista de Reina Roja, la obra de Juan Gómez Jurado que han llevado a una serie de Amazon Prime Video y que se estrenará a finales de febrero. Una serie, por cierto, de cuya adaptación al formato audiovisual se ha encargado una navarra, Amaya Muruzábal. “Es una máquina”, la alaba. La vida de Keuchkerian sí tiene algo de novela. Nació en Beirut de padre armenio y madre navarra, y la guerra civil en el Líbano le trajo con apenas tres años al pueblo de Alpedrete en Madrid, donde sigue viviendo. Trabajó en el restaurante de su padre, abrió un gimnasio, se metió al boxeo y fue campeón de España de los pesos pesados, para acabar dejándolo y dedicándose a los monólogos, la escritura y la actuación. Ha aparecido en series tan conocidas como La casa de papel (era Bogotá) o Antidisturbios (Salvador Gutiérrez) y en películas como Un amor, de Isabel Coixet.
¿Reconoce que su vida es un poco de novela?
Quizá el espectador la vea así. Yo la veo como la mía. Está siendo una vida de coger caminos, como el oso Yogui que intentaba ir a un lado pero terminaba siguiendo el aroma de la cesta. He seguido intuiciones para acabar yendo hacia donde la vida te lleva. La vida tiene una magnitud, un peso y una gravedad muy poderosos, y es mucho más sabia que tú. En muchas ocasiones, nuestra mente racional nos indica una cosa, pero resulta que esa no es la mejor opción. La vida, por naturaleza y experiencia vital, entiende mucho más .
Su madre es navarra.
De Villafranca. Era una de esas pocas mujeres que en los 60 viajaban, que le gustaba conocer el mundo. Conoció a mi papá en Beirut, la Suiza de Oriente, allá por 1966. Me siento orgulloso de mis orígenes navarros y armenios, me parece una mezcla magnífica.
¿Conoce Villafranca?
Íbamos todos los veranos de niños. Ya con 16 o 17 años empezamos a ir menos. Yo crecí en un pueblo de la sierra de Madrid, Alpedrete, y no es lo mismo ir de un pueblo a otro que de la ciudad al pueblo. Además falleció mi abuelo y mi abuela pasaba más tiempo con nosotros. Con el tiempo he visitado Pamplona o Tudela, en algunas ocasiones, ya sea por bodas familiares o por trabajo, pero a Villafranca llevo años sin ir. Mi hermana sí volvió a la tierra materna, y vive en un pequeño pueblo junto a Estella, Arandigoyen.
Le habrán preguntado mil veces cómo se pasa del boxeo a los monólogos.
Muchas veces. Cuando boxeaba, nunca imaginé que publicaría cuatro libros de poesía, que me reconocerían como cómico, que me consolidaría con una carrera en la actuación, que haría teatro... Si le hubieras dicho al joven de 30 años que boxeaba que haría todas esas cosas, te mandaría a tomar por el culo. Pero siempre he sido de subirme a trenes. Desde niño, no he sentido un miedo consciente a caer o fracasar, ni temor a hacer el ridículo. Siempre ha habido en mí un grado de inconsciencia, un atrevimiento, de ir. Es verdad que si antes me atraía algo sin saber a dónde me llevaría, igual tardaba un poco más en decir ‘voy’. Pero ahora, con 51 años, ya no: una vez en el barco, no hay doble pensamiento. Si he sentido la necesidad de ir, voy, porque sé que llegaré a algún lugar. Curiosamente, siempre digo que cuando me encabezono; como buen navarro y buen armenio, y digo “esto es lo que tengo que hacer y por mis cojones sale”, las cosas se han cruzado en mi camino y me han hecho daño y me han destruido. Se han impuesto a mí. En cambio las cosas que han surgido en el camino y me han sorprendido , cuando el tren ha parado delante de mí, todo ha fluido muy bien. Por supuesto le he metido mi dosis de trabajo. En el boxeo quería hacer más carrera, pero siempre había cosas que lo impedían. Así, que solté una cosa y te viene otra que nunca hubiese esperado, la comedia. Me invitó un amigo a pisar el escenario.
Jorge Blass, ¿verdad?.
Sí. Es como un hermano para mí. Perseguir un sueño te lleva varios años, implica estar en una rutina, tener una disciplina. Cuando tomas la decisión de dejarlo, o la vida te obliga a tomarla, aceptas la derrota y tiras la toalla, que es un acto noble y necesario en muchas ocasiones, racionalmente procesas la idea de que has dejado de perseguir tus sueños y que te has fallado a ti mismo y a los demás, pero es bla bla bla bla... El dolor viene de lo largo que se hace el día siguiente, y el siguiente es aún más largo. Te queda un hueco, no sabes qué hacer con el tiempo, que antes lo llenabas con algo que te llevaba hacia un objetivo marcado. Pero pasa el tiempo y de repente me vi en un escenario y, al bajarme, pensé: “He estado muy a gusto aquí arriba”. Así ocurrió. Con los monólogos ya tenía el día lleno y recuperé la pasión. Entonces la serie Hispania buscaba un personaje muy determinado, el amigo grandote de Viriato y uno de los guionistas dijo que ese personaje era su profesor de boxeo, que era poeta y cómico. Yo puse toda mi energía, porque es algo que tardé en aprender, pero que he hecho bien bastantes veces: si pones la energía en muchos frentes, pierdes fuelle. Lo que no pensaba ni mucho menos que me iba a enamorar como me enamoré de esta profesión. Que con 37 años se te cruce una profesión nueva, sin fecha de caducidad tope, en la que no dejas de aprender, que está viva, porque construyes vidas, que es muy de niño, de ir a jugar....me siento tocado y afortunado.
Además es escritor. ¿Es verdad que escribe cuentos de cada personaje que encarna?
Mi forma de trabajar se basa en algo tan conocido como es el arte de la repetición. Leo muchísimo los libros y los guiones, para empaparme bien de todo el universo del proyecto. De ahí saco la parte de la trama en la que es la que entra a jugar mi personaje, conociendo su universo y la relación que tiene con todos. Yo escribo un cuento para entender mi personaje , su vida dentro de la película, contándomelo a mí. Lo voy interiorizando y sé exactamente el momento en el que está en relación a la historia. Primero es repetir, repetir repetir... después escribir y el tercero dormirlo porque en las noches cuando las ideas buenas se empapan bien y empiezan a formar parte a formar parte de ti. Luego, claro, llegar al set y estar abierto a lo que pueda ocurrir.
Como en casi todo, ¿el secreto es trabajar?
Creo que este mensaje es erróneo porque nos lo mandan cuando somos niños, cuando no lo entiendes. A un niño le dices que tiene que jugar 12 horas al día y le parecen pocas. La única vez que he tenido la sensación de estar trabajando fue cuando mi padre me dijo que si no iba a estudiar tenía que ayudar en el restaurante. Esos tres años me marcaron , porque con 18 años tenía que tratar con gente de todas las edades, servir mesas... eso me fogueó y me ha servido hasta hoy, pero probablemente fue la única vez que he trabajado de algo que no me gustara. Cuando algo te apasiona y te gusta, le echas las horas sin ningún tipo de problema. ¿Hay que trabajar mucho? Sí, pero si te mola, si te apasiona… te puedes pasar siete leyendo un guion y no te acuerdas de ir a comer.