La Mano de Irulegi también genera dudas

Los expertos dejan en el aire qué lengua se usó en la pieza del siglo I a.de C. hallada en el valle de Aranguren

La Mano de Irulegi, fotografiada el día de su presentación.
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La Mano de Irulegi, fotografiada el día de su presentación.
La Mano de Irulegi, fotografiada el día de su presentación.

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Jesús Rubio

Publicado el 12/01/2024 a las 05:00

No hay nada claro ni definitivo. Varios expertos discuten que las líneas de la Mano de Irulegi se escribiera en vascónico y más aún, varios consideran imposible de demostrar que los signos de la pieza del siglo I a.de C. hallada en 2021 pertenezcan al lenguaje que daría lugar con el paso de los siglos al euskera.

Escriben sus cautelas en el último volumen de la revista Fontes Linguae Vasconum, que edita el Gobierno de Navarra, y son el fruto de un seminario que se celebró en febrero de 2023 en Vitoria, al que fueron invitados expertos en distintas disciplinas, especialmente de la paleohispanística y la vascología. “Algunos de los asistentes al seminario han querido perfilar y plasmar aquellas opiniones e hipótesis en los informes contenidos” en el dosier que publica la revista, señalan sus editores, Joaquín Gorrochategui y Ekaitz Santazilia.

Joaquín Gorrochategui y Javier Velaza: Una ofrenda en un contexto de guerra con uno o más autores

Los dos lingüistas que interpretaron en primer lugar los signos aparecidos en la Mano de Irulegui, además de un análisis de los signos y su valor, llaman la atención en su artículo sobre las dos versiones de las cuatro líneas escritas en la pieza, una esgrafiada y otra punteada, que no coinciden en todos sus signos. “Ello suscita, además de graves dificultades para la interpretación del texto, preguntas relevantes acerca de la autoría de cada una de ellas; es decir, si ambas versiones se deben al mismo autor, que hubiese esgrafiado un borrador más o menos negligente y después hubiese él mismo punteado el texto completando o corrigiendo algunos signos, o a personas diferentes.”

Hacen mención a la posible relación de la Mano con piezas antiguas en las que se representan “escenas de combate con restos de cadáveres, manos cortadas y aves carroñeras”, en los que la mano cortada se utiliza como símbolo de la victoria sobre el enemigo. En ese contexto “tendría sentido la dedicación de un exvoto, una ofrenda”, en la que “la posición aislada y resaltada del término ‘sorioneke’ al inicio del texto expresaría la entidad a la que se dedicaría la inscripción”.

Los autores, que subrayaron desde el principio el carácter vascónico de la Mano, llaman por otra parte la atención sobre el último vocablo de la inscripción (er´aukon), “que admite sorprendentemente una equiparación formal buena con las formas vascas del verbo causativo *eradun ‘hacer tener’ > ‘dar’, que encajaría bien en la semántica de una dedicación. Somos conscientes del peligro de unir esta forma de hace más de dos mil años con las formas atestiguadas en vasco a partir del s. XVI.”

Francisco Beltrán: La mano del soporte, un símbolo de guerra y victoria

El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza se fija sobre todo en la forma de la mano y concluye que tiene que ver con los trofeos de combate y con un ambiente bélico como el que involucraba al poblado de Irulegi en el siglo I a.d.C., cuando las guerras sertorianas azotaron buena parte de esta zona de la Península Ibérica.

Beltrán señala que el soporte de la mano de Irulegi es un “unicum” en el territorio vascónico, una forma que no había aparecido nunca antes, por lo que la pone en relación con otras piezas de esa época y de regiones próximas, que apuntan a que sea interpretada “como símbolo de guerra o de muerte, de manos cortadas a los enemigos y exhibidas como trofeos”. Menciona tres representaciones de manos cortadas procedentes de lugares próximos del valle del Ebro y más o menos coetáneas: la mano de Puyalcalá (Alcubierre, Huesca), la del monumento de La Vispesa (Tamarite de Litera, Huesca) y la de la estela de El Palao (Alcañiz, Teruel). “La amputación de la extremidad diestra del enemigo y su exhibición como trofeo está perfectamente atestiguada coetáneamente a la mano de Irulegi entre dos poblaciones vecinas, celtíberos e iberos, con las que los vascones mantuvieron intercambios fluidos en muchos terrenos. Este contexto guerrero es el que mejor encaja con la mano de Irulegi, invertida y carente de muñeca como los ejemplares de El Palao, La Vispesa y Puyalcalá”, dice Beltrán.

Joan Ferré i Jané: Mayor afinidad de lo esperado con el idioma ibérico

El catalán, experto en lenguas paleohispánica, recuerda una predicción del lingüísta Koldo Michelena, que aseguró que cuando apareciera una inscripción vascónica tan antigua como el siglo I a. de C., podríamos entender su sentido general. Sin embargo, con la Mano de Irulegi eso no ha ocurrido. “Presenta un mayor grado de afinidad con el ibérico de lo esperado”, dice sobre lo escrito en la mano. “Mi interpretación de esta situación es que se trata de un nuevo dato favorable a la inclusión del ibérico en la familia del vasco. Además, me genera dudas sobre si una lengua similar al protovasco reconstruido para el s. I a. de C. llegó a existir, por lo que, si no fuera así, el vascónico podría ser lo más parecido al protovasco real que podemos esperar encontrar. No obstante, si una lengua similar al protovasco reconstruido existiera y correspondiera, quizás, a alguna de las variantes aquitanas, entonces el vascónico podría ser otra rama lateral de la familia, como el ibérico, pero más cercana al vasco”, argumenta el científico. .

Ferré considera el vascónico como la lengua que “identificaría a las variedades del continuo lingüístico vasco-aquitano al sur de los Pirineos”, que se hablarían en lo que hoy es parte de Navarra y la Aquitania francesa. “Uno de los dialectos del continuo debería ser el protovasco, el ancestro directo del vasco común antiguo”. La lengua ibérica, con distintos dialectos, estaría presente en una amplia zona de la Península Ibérica, desde el interior de Andalucía a Girona, un continuo lingüístico que “podría llegar a enlazar con el continuo dialectal vasco-aquitano con dialectos de transición”.

Eduardo Orduña: Una inscripción de carácter vascónico escrita en dos fases

El investigador recalca el carácter vascónico de la mano de Irulegi. Los signos, señala, son una adaptación “específicamente vascona” del signario ibérico, “manifestada en el uso de algún signo específico, como en nuestro caso T”. Sobre la lengua reflejada en la Mano, apunta que “muestra una morfosintaxis en gran parte compatible con el vasco histórico o con sus escasos testimonios antiguos”. Más posibilidades abre en lo referencie al léxico, ya que identifica elementos vascónico-aquitanos, conservado en vasco histórico, y varios relacionados con el ibérico con distintos matices.

Orduña, que señala que “el carácter vascónico de esta inscripción refuerza la misma atribución para otros testimonios, en particular para el mosaico de Andelo”, trata de indicar por qué los dos textos superpuestos en la mano, uno esgrafiado, al que considera el prioritario, y otro punteado, no coinciden al 100%. “Solo por poner un ejemplo, en un territorio en el que se atestiguan al menos dos lenguas, vascónico y celtibérico, podría ocurrir que el artesano del taller fuera hablante de celtibérico y no de vascónico, o bien que no dominara la escritura, aunque tuviera cierta familiaridad con la forma de los signos, entre otras posibilidades”.

Orduña asegura que el texto se elaboró en dos momentos. El primer texto “sigue el típico formulario” de las ofrendas, en la que se especifica el nombre de quien hace el voto, el nombre del dios y el verbo que indica aquello que se dedica. A este primer texto, con sentido en sí mismo, “se le añadió un nuevo texto”, la segunda línea, especificando qué se daba como ofrenda.

Iván Igartua: Un endiablado acertijo que no aporta luz

El lingüísta se muestra muy cauteloso sobre las conclusiones que puedan inferirse de la Mano de Irulegi. “La pieza integra elementos de una cierta proximidad superficial con euskera y/o ibérico, pero contiene a la vez secuencias que parecen ajenas a cualquier patrón conocido, algo que suele alimentar el espacio de la libre especulación”, advierte.

Igartua también hace referencia al augurio de Michelena de que, de encontrarse un texto vascónico del I a. de C., podríamos entenderlo. En cambio, en la Mano, esa cercanía “cuesta trabajo verla, exceptuada alguna que otra secuencia suelta”. Por eso, aventura dos hipótesis: una, que “el texto inscrito en la Mano de Irulegi representa una lengua que difícilmente puede asociarse al euskera”, y dos, que el vascónico fuera “muy distinto de nuestra imagen reconstruida del vasco hablado en la antigüedad”.

Igartua, parafraseando a Churchill, acaba calificando las líneas escritas en la Mano como “un endiablado acertijo”. “Pese a las expectativas generadas, un texto –vascónico o de la lengua que sea– que no aporta algo de luz sobre ningún aspecto histórico de su relación con formas lingüísticas posteriores o sobre su propia naturaleza, es un testimonio fastidiosamente estéril, al menos de momento”, dice antes de apuntar que “siempre quedará la posibilidad de que la inscripción represente una lengua o variedad lingüística de la que no tenemos conocimiento ni constancia.”

Eneko Zuloaga y Borja Ariztimuño: Unas líneas indescifrables que llaman a la cautela

Los profesores de la Universidad del País Vasco son claros desde las primeras líneas de su artículo: “No es posible descifrar las líneas de la mano de Irulegi a través de lo que sabemos sobre el vasco histórico y sobre el protovasco”. En ese sentido, señalan en su artículo que sorprende, al comparar el material vasco-aquitano de la antigüedad y el texto de la Mano, “cuánto llegamos a aislar y a entender del primero y qué poco entendemos, aun contando con varias líneas de texto, del segundo. Sin salir del territorio vascón, basta comparar, a modo de ejemplo, la Mano de Irulegi con la inscripción de Lerga. Cabría alegar que entre la escritura de la Mano y las inscripciones vasco-aquitanas existe un espacio temporal de varios siglos y que la lengua evolucionó entre tanto; sin embargo, la idea debe desecharse: a pesar de la inexorabilidad del cambio lingüístico, las diferencias parecen demasiado grandes”.

Sí que reconocen que la similitud con el euskera actual de la palabra ‘zorieneko’ “hace pensar, en un primer momento, en la adscripción de la lengua de la Mano al universo paleoeuskérico”. Sin embargo, señalan que “la falta de inteligibilidad de las líneas subsiguientes y la consulta del corpus histórico vasco llaman inmediatamente a la cautela”.

Concluyen, que “no es posible descifrar los textos de la Mano a través de lo que sabemos tanto sobre euskera histórico como sobre el protoeuskera”, aunque animan a continuar investigando “qué pudo ser la lengua vascónica y qué relación pudo tener con las lenguas de su entorno más o menos inmediato”.

Julen Manterola y Céline Mounole: No puede probarse que contenga alguna forma del vasco

Los dos expertos son contundentes en sus conclusiones: “Con los datos a nuestra disposición, no es posible certificar que alguna forma antigua del vasco esté atestiguada en la Mano de Irulegi”, aseguran, aunque matizan que es una posibilidad que “permanece inevitablemente abierta, sin excluir, sin embargo, otras hipótesis igualmente concebibles; entre estas, el camino evidente a explorar es su posible vínculo con otros idiomas paleohispánicos, ya sean conocidos o desconocidos”.

En su artículo, analizan lo que se ha venido a llamar hipótesis de interpretación vasca para descifrar el texto epigráfico contenido en la Mano de Irulegi. Esa idea, la “más exitosa en ganar aceptación en la sociedad en general” viene a decir que el texto se podría intentar interpretar a través del conocimiento existente sobre el vasco histórico y se sustenta en “la aparente similitud de los segmentos iniciales del texto con las palabras modernas en vasco zori ‘fortuna, destino’ y on ‘bueno, agradable”, y en la ubicación del descubrimiento, un contexto geográfico que “favorece” esta hipótesis.

Sin embargo, los expertos señalan que “la simple coincidencia de una cadena de segmentos de una inscripción con la de palabras históricas en vasco no es suficiente para establecer una relación genética entre los elementos comparados”. Ellos han aplicado un método en el que comparan secuencias de segmentos que pertenecerían, según la hipótesis, al mismo idioma pero representan la misma frase en distintas épocas. “La evidencia no es concluyente en cuanto a si los elementos comparados pertenecen al mismo idioma. La atribución del texto al vasco no queda confirmada”.

Joseba A. Lakarra: 'Sorienku' no equivale al 'zorioneko' actual

El académico de la lengua vasca acota su estudio al significado de la palabra ´sorioneku/ke’ y es claro desde el inicio: “No equivale a zorioneko ‘dichoso, feliz’, ni se relaciona con zorion ‘dicha, felicidad’. Estos son muy tardíos (comienzos o mediados del XVIII)”.

Lakarra apoya con datos su hipótesis sobre la palabra ‘zorionieko”. “Si llevamos los datos anteriores a la periodización estándar de la lengua, no tendríamos ningún caso de ‘zorioneko’ en todo el vasco septentrional arcaico (1400-1600), uno muy dudoso de Harizmendi del año 1658 para el Vasco Antiguo y Clásico (1600-1745, v. § 2.2), dos autores con menos de una docena de casos para todo el Primer Vasco Moderno (1745- 1891) y otros tres con similares cifras para el Segundo Vasco Moderno (1891-1968)”. En cambio, en los textos escritos en los territorios vascos y navarros sí hay alternativas a ese término. “Frente a los escasos o –mejor– inexistentes ‘zorion’ y ‘zorioneko’ anteriores a 1745 encontramos en textos de todos los territorios vascos docenas, si no cientos, de casos de ‘ditxa’, ‘felizitate’, ‘ditxoso’, ‘fortunoso’, ‘afortu natu’, ‘bienabenturatu’, ‘enhorabuena’, ‘fortuna’… documentados en los primeros siglos, y aún muchos otros presentes en las obras y variedades no literarias posteriores”. Por eso, Lakarra considera que tanto ‘zorioneko’ y ‘zorion’ “son no solo mucho más tardíos (milenio y medio largo) que la Mano de Irulegi, sino que en los propios textos vascos son posteriores en varios siglos” a las palabras prestadas de otros idiomas con los que se cubría ese significado.

Mikel Martínez Areta: el aquitano, el antecesor directo del euskera histórico

El filólogo es extremadamente cauto en sus observaciones sobre la Mano de Irulegi. “La única conclusión de carácter global en que habrá consenso absoluto es que la Mano está escrita en una lengua indígena prerromana no indoeuropea”.

Martínez Areta apunta a que los testimonios paleouskericos del siglo III después de Cristo sustentan la teoría de que en Aquitania oriental se pudo mantener la lengua precursora del euskera. Por el contrario, los datos de los siglos II-III en la Cuenca de Pamplona apuntan “a que ocurrió lo normal en Hispania y buena parte del Imperio romano occidental, esto es que la municipalización de la civitas pompelonensis comportó la integración de sus élites indígenas y la eventual latinización del territorio”. El autor aventura que en algún momento del Bajo Imperio o de la Tardoantigüedad, pudo haber un movimiento de población desde Aquitania que euskerizase la Cuenca de Pamplona. “Es cierto que afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria, y tal cosa no la puedo presentar aquí”.

El autor admite que no se puede dar por seguro que el cuerpo principal del texto de la Mano “no esté en paleoeuskera”, pero advierte que si lo estuviera “se hace muy difícil trazar una continuidad entre la lengua de la Mano –de hecho entre cualquier lengua indígena atestiguada en territorio vascón en época tardorrepublicana y en el siglo I d. C.– y el euskera que emerge en la Alta Edad Media”. De hecho, el autor cree “plausible la opción de que sea el aquitano de Aquitania y no el paleoeuskera de territorio vascónico –que posiblemente desapareció con la latinización– el antecesor directo del euskera histórico”.

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