Periodista
Jose Murugarren: "En la evolución de la vida está la magia de la propia existencia"
‘Diario de Navarra’ edita y pone a la venta un libro que recopila casi 70 artículos del periodista que ponen de manifiesto cómo nuestras vidas pasan por etapas diferentes y que destilan una mirada optimista sobre el mundo


Publicado el 09/12/2023 a las 05:00
Las muchas vidas con las que titula Jose Murugarren Leoz su nuevo libro, que este domingo 10 de diciembre se pone a la venta con Diario de Navarra, hablan de que la vida, “corta pero también muy larga” recorre “etapas tan diferentes, que ante situaciones similares uno actuaría hoy de forma diferente a cómo lo hizo antes”, dice el periodista, que fue redactor jefe de Diario de Navarra hasta su jubilación hace unos meses. “La vida es una especie de aprendizaje. Los errores que cometiste en un momento hoy quizá los corregirías o los cometerías de nuevo de otra manera, pero tendrías una respuesta distinta. Eso me permite creer que hay muchas vidas. A partir de esa consideración hablo de muchas cosas y muchos momentos en el libro”, explica el autor de Muchas vidas, que recopila casi 70 artículos que publicó sobre todo en Diario de Navarra. Los ha dividido en tres secciones, La vida imaginada, “en la que juego con relatos o historias más o menos cercanas pero me permito imaginar”, La vida tal cual, “relatos en los que cuento anécdotas” que en su mayoría él mismo ha vivido, y La vida complicada, en la que he recupera textos publicados durante la pandemia, “en los que intento dar recursos para responder a situaciones de dificultad. Siempre hay posibilidades de mirar las cosas con esperanza”.
¿Cómo ha elegido los textos ?
Siempre intento retirar aquellas columnas que respondan a la actualidad muy directa. Al releerlas tiempo después, es como si hubieran ocurrido demasiadas cosas por el camino y perdieran vigencia. Prefiero elegir aquellas historias de las que tengo la sensación de que son más perdurables, que están más pegadas a todos los momentos, y que pueden ocurrirle a cualquiera.
En varias historias mezcla las historias con imaginación. ¿Es una forma de contar la realidad, aunque quizá no sea periodismo?
Lo que hago es periodismo, pero es cierto que son relatos a veces muy pegados a elementos imaginativos. En el periodismo es fundamental el enfoque, que por muy irreal que parezca no deja de ser una forma de mirar algo concreto: miras sobre algo que está ocurriendo y lo cuentas de una manera tuya. Por ejemplo, el relato con el que arranca el libro nace a partir de una esquela, de una persona con nombre de origen extranjero, y a partir de ahí fabulo una historia que probablemente tiene muchos visos de ser real. De hecho, hubo algún lector que me escribió diciéndome que me había equivocado pero por poco. ¿Hay fabulación? Sí, pero también una forma de mirar que analiza realidades que se presentan delante de tus ojos. Es otra forma de contar, porque no te tienes que ceñir al rigor estricto del dato y te permite jugar con otro elemento que periodísticamente está menos considerado, la imaginación.
Otra constante en sus textos son las vidas que se suceden. Lo dice en un tiempo donde triunfa eso de ‘actúa como eres’. ¡Como si fuese fácil!
No es tan fácil y además hay una evolución. El texto Muchas vidas parte de un suceso real, cuando observo a una de mis vecinas abrir la puerta del portal. En ese momento su vida, o la vida que he conocido de ella, pasó por delante de mí. La veía como una persona mayor, ya jubilada, en un momento de su vida que no se parecía nada a la vida muy dinámica que protagonizaba hace unos años, cuando tenía un trabajo de cara al público. Esa diferencia me permite reflexionar sobre mi vida. También he cambiado mucho.
¿Sería capaz de elegir alguna de sus vidas?
Yo creo que no. En la evolución de la vida está la magia de la propia existencia. Lo que sí es interesante es tener siempre ilusión por esa vida. A veces me han dicho que escribo con nostalgia, pero la nostalgia no me gusta, porque significa escribir de recuerdos, de recuerdos insatisfechos. Mientras tienes ilusión, tienes futuro, alegría de vivir. En cambio los recuerdos te hacen viejo, te acercan a la ancianidad. Es buena esa combinación de vidas, es bueno tener siempre una mirada positiva hacia lo que te ha ocurrido y es bueno hacer análisis de lo que estás viviendo y percibirlo con satisfacción.
De hecho, en sus textos se nota optimismo en tiempos que reconoce como pesimistas.
Tengo la sensación de que se ha instalado un pesimismo como si fuera una sobrevestimenta que nos ponemos para hacernos opacos, como si colectivamente hubieramos acordado que hay que contar que las cosas funcionan mal. Es verdad que el debate político está muy crispado y enrevesado, que hay una especie de polarización que se traslada a la sociedad y hace que todos nos veamos un poco más negativamente. Sin embargo, en otro de los relatos, cuento cómo en un día en la Plaza del Castillo vi que la gente se abrazaba, se saludaba, oí una conversación entre una pareja de novios que hablaban de lo que se quieren… Pese a lo que pueda parecer por el ruido que hacemos colectivamente, debajo de todo eso está una gente que se aprecia, padres que quieren a sus hijos, hijos que llaman a su madre... Pero la gente tiene miedo a decir que es optimista, a decir que ve a cosas las cosas bien y que la vida funciona. Por ejemplo, los becarios de Diario de Navarra, que me tocaba entrevistarles, les preguntaba si eran optimistas o pesimistas. Me decían que ni uno ni lo otro, que eran realistas.
Sí se le nota crítico con la política.
En la política me percibo con una mirada desencantada. Soy bastante escéptico sobre las posibilidades de que nuestros políticos nos saquen de situaciones complicada. Se busca mucho el enfrentamiento, la diferenciación con el adversario político, y no la búsqueda de soluciones.
Pero más allá de la política, o de los datos económicos, reivindica la normalidad.
Reivindico que detrás de cada persona hay siempre historias de superación, de buscar cómo salir adelante, cómo ayudar en el entorno cercano, que son las familias, los amigos, los vecinos… Son aspectos positivos, historias pequeñas que rara vez aparecen en los medios de comunicación, aunque sí sintonizan con la manera de hacer periodismo en Diario Navarra, donde hacemos ese periodismo de historias locales, historias personales que puedan convivir con esas otras que genera la política o los grandes acontecimientos. Es una manera de poner en valor la vida de la gente normal. Yo siempre hablo de vecinos, de circunstancias absolutamente reconocibles por cualquier persona, para que el lector se identifique. Tengo la sensación de que las vidas cotidianas son las que te acercan a las historias. No yo, sino también el periódico como tal, siempre ha reivindicado esa proximidad con el ciudadano de a pie, que es el protagonista de las historias más interesantes .
A pesar de tanta tensión, dice que vivimos en el mejor tiempo posible. ¿Lo cree de verdad?
No tengo ninguna duda. No hay más que pararse a pensar cómo fue la Pamplona, la Navarra, la España del siglo XVIII, en la que no había agua corriente y no se podía oprimir ningún interruptor de la luz porque no la había, en la que si tu hijo o tú sufrías una enfermedad, no tenías un centro de salud, no había sanidad universal y la educación era solo para unos cuantos personas que podían permitírselo. Tampoco había comercios alrededor de tu barrio. Contar con unas condiciones mínimas de vida, con una vivienda en la que tienes frigorífico, televisión, lavavajillas, calor en invierno y fresquito en verano… Todo eso hace difícilmente comparable la vida de hoy día con la de hace unos años. Se habla ahora por ejemplo de que la salud mental de los adolescentes esté empeorando, que es cierto, tanto como que antes era impensable que alguien llevara a su niño al psicólogo. La preocupación primera y primordial era alimentar a la criatura. Afortunadamente esa necesidad está resuelta.
Dedica la última parte del libro a la pandemia. ¿Fue el tiempo en que la vida se volvió del revés?
Fue una experiencia única. Hubo muchas víctimas y esa es la parte más trágica de aquella situación no deseable, pero es cierto también que mucha gente aprendió de esa experiencia. La pandemia es una excusa que utilizo para contar y para proponer recursos para salir de situaciones complicadas, pero también hubo gente, en la medida en que no nos afectó directamente, que vivimos el hecho de disponer de más tiempo para uno y para los suyos, para leer en casa, para ver la televisión... Es cierto que no se podía salir a la calle, que la vida estaba restringida a los 80-90 metros cuadrados de vivienda, pero esa misma situación te permitía vivir la vida de una forma que hasta ahora no habías reparado, y ver lo interesante que podía ser hacer 2.000 pasos por el pasillo, o abordar una novela gorda….
"Pamplona pierde con las ideologías"
¿Cómo ve la política municipal en Pamplona?
Pamplona es una sociedad desarrollada, con muchísimos servicios, moderna y con un buen nivel ciudadano de conocimiento de los temas y de las preocupaciones. El Ayuntamiento de Pamplona, como otros, sufre el efecto que produce la polarización política de otros estamentos superiores. Pero es distinto gobernar el Gobierno de Navarra o de la nación que poner el objeto de la mirada en el Ayuntamiento. Gestionar una ciudad habla de gestionar servicios, de dar facilidades para que el ciudadano pueda tener derecho a una prestación, de detectar lo que necesita para sus mayores, de prever una escuela infantil, del derecho a tener una calle en condiciones, de disponer de un carril bici o de una buena plaza bien arbolada y con buenos jardines. Para hacer un jardín la ideología, ser de derechas o de izquierdas, nacionalista o no, no debería influir mucho.
No sé si está pasando eso.
Tengo la sensación de que se están perdiendo oportunidades de desarrollo a partir de que algunos partidos están empeñados en ponerse delante de los ojos la venda de yo soy nacionalista o yo soy de izquierdas o de derechas. Es muy interesante que supieran ser capaces de quitarse esa venda y compartir que para resolver los problemas que tenemos en una calle, una comunidad de vecinos, una plaza o levantar cualquier pequeña infraestructura, el objetivo está por encima de sus metas más políticas.
CLAVES
Jose Murugarren Leoz, hijo de comerciantes, se crio en el barrio pamplonés de la Txantrea, aunque se trasladó a la Rochapea y al Casco Viejo. Estudió primero en Escolapios y Ciencias de la Información en la Universidad. Tras trabajar en Deia , desde 1991 formó parte de la plantilla de Diario de Navarra, donde fue redactor jefe de información local hasta su jubilación. Es coautor de libros como Sanfermines, 204 horas de fiesta y Pamplona, 25 años de democracia municipal y autor de Tras la mirilla y Esa gente que tanto amé. Está casado con Ana Osa, con quien tiene dos hijas, Maider y Ainara.
A la venta desde este domingo 10 de diciembre y Club de Lectura el día 13
El libro se pone a la venta en los puntos de venta habituales de Diario de Navarra desde este domingo 10 de diciembre con el periódico, a un precio de 17,95 euros. El periodista protagonizará el miércoles 13 de diciembre (19 horas), una sesión del Club de Lectura de Diario de Navarra, en la sede histórica de la calle Zapatería. Para acudir hay que inscribirse en https://mundodn.diariodenavarra.es/club-lectura-libro-muchas-vidas.html


'MUCHAS VIDAS'
Autor: Jose Murugarren.
Editorial: Diario de Navarra.
Páginas: 200
Precio: 17,95€