Desde la Solana

Nuevos usos para la arquitectura conventual

¿Qué hacemos con esos edificios tan significativos histórica y artísticamente hablando, que ocupan lugares estratégicos en nuestros pueblos y ciudades?

Inauguración de la nueva sede de la Mancomunidad en el antiguo convento de las Salesas, en Pamplona.
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Foto de la inauguración de la nueva sede de la Mancomunidad en el antiguo convento de las Salesas, en Pamplona
Inauguración de la nueva sede de la Mancomunidad en el antiguo convento de las Salesas, en Pamplona.

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Román Felones

Publicado el 12/10/2023 a las 19:58

Navarra dispone, fruto de su larga historia, de un patrimonio artístico envidiable. Buena parte del mismo tiene carácter religioso, dado que el cristianismo, presente a partir del siglo III, se convirtió en elemento constitutivo de la nueva sociedad. En este patrimonio tienen posición relevante las iglesias de todo tipo, desde catedrales y colegiatas hasta ermitas, siendo el templo parroquial el elemento dominante del paisaje, tanto en el ámbito urbano como en el rural. El Catálogo Monumental de Navarra, dirigido por la profesora García Gaínza, da buena prueba de todo ello.

Otro grupo importante de edificios religiosos es el constituido por monasterios y conventos, tanto masculinos como femeninos, mucho mayores en número que los primeros. Aunque más conocidos y reputados los medievales, la proliferación de conventos actualmente existentes llega a Navarra con la Contrarreforma, alcanzando su cenit en los siglos XVII y XVIII, sin menospreciar las nuevas fundaciones de los siglos XIX y XX. Las desamortizaciones del siglo XIX constituyeron un duro golpe y provocaron el abandono y la ruina de muchos de ellos, pero la nómina, sobre todo femenina, de los que han llegado a nuestros días continúa siendo muy nutrida.

Pero la situación hoy y a futuro es especialmente preocupante por la falta de vocaciones religiosas a la vida contemplativa. Si la actual tendencia continúa, y nada hace pensar en un cambio a corto plazo, buena parte de esos conventos se verán avocados al cierre. Y la pregunta es obvia: ¿Qué hacemos con esos edificios tan significativos histórica y artísticamente hablando, que ocupan lugares estratégicos en nuestros pueblos y ciudades? Sirve de poco apelar a la fórmula simplista de “que los cuide la Iglesia” y eso por dos razones: porque no tiene recursos para ello y porque forman parte del patrimonio de Navarra que nos compete a todos. No cabe sino enfrentar el problema desde la cooperación entre la diócesis de Pamplona-Tudela y el Gobierno de Navarra para tratar de encontrar una salida a corto y medio plazo que salve buena parte de este patrimonio dándole otros usos necesarios para la sociedad navarra del siglo XXI.

Pongamos dos ejemplos de buen y mal hacer, ambos en Pamplona. Las Salesas, un convento femenino de clausura, obra de Florencio Ansoleaga de comienzos del siglo XX, ocupaba un estratégico lugar en el borde del casco antiguo de la ciudad lindante hoy con el primer ensanche. Pese a que su valor artístico era relativo, su codiciada ubicación ha permitido una exitosa rehabilitación integral como sede de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, que ha salvado el edificio y le ha dado un nuevo uso adecuado a las necesidades de la ciudad y su comarca. Una iniciativa que ha supuesto una fuerte inversión y que se ha saldado con éxito, recuperando además elementos de un solar que ha albergado edificaciones de gran significado en la historia de Pamplona.

Las Agustinas de San Pedro ocuparon desde 1967 un nuevo edificio levantado en Aranzadi, obra del arquitecto Fernando Redón, que constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura conventual contemporánea en Navarra. Con el paso de los años la comunidad disminuyó drásticamente y el convento tuvo que cerrar. Y todo han sido desgracias: una desidia manifiesta de instituciones religiosas y civiles, pese a estar en un lugar idílico como pocos en la ciudad, dio paso a una “ocupación” consentida que ha dejado el hermoso espacio de antaño en un solar abandonado, sucio y desaliñado. Cuanto más se tarde en intervenir, más costosa será una recuperación que la ciudad está obligada a acometer.

Además de estos, me vienen a la memoria otros ejemplos, mucho más valiosos artística e históricamente a los descritos, en muchos otros pueblos y ciudades de Navarra. El asunto trasciende el problema jurídico de la propiedad y afecta al patrimonio histórico de Navarra en su conjunto. En mi opinión, procede por tanto que se constituya una comisión operativa entre la diócesis de Pamplona y Tudela, y el Gobierno de Navarra que con voluntad de acuerdo, lealtad y respeto, aborde la cuestión e intente la búsqueda de soluciones. Aunque tarde, todavía estamos a tiempo de salvaguardar en parte un patrimonio que es de todos.

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