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Una mano para la historia

Ampliar La mano de Irulegi, en bronce, prueba lo que muchos historiadores defendían: que en el territorio que hoy ocupa Pamplona y su comarca, hace 2.000 años, se hablaba vascónico
La mano de Irulegi, en bronce, prueba lo que muchos historiadores defendían: que en el territorio que hoy ocupa Pamplona y su comarca, hace 2.000 años, se hablaba vascónicoMIGUEL OSÉS
Publicado el 31/12/2022 a las 06:00
El descubrimiento arqueológico del año puede verse ya en colgantes o impresa en camisetas, consecuencia de una respuesta entusiasta poco común para los hallazgos históricos. 
La mano de Irulegi, según admiten historiadores y expertos de distintos apegos, es un hito para la historiografía, un descubrimiento excepcional cuya importancia no se puede menoscabar. 
Prueba lo que muchos historiadores defendían, que en el territorio que hoy ocupa Pamplona y su comarca hace 2.000 años se hablaba vascónico, antecesor del actual euskera. 
Y, sobre todo, descubre que aquellas gentes escribían, un extremo del que no había hasta ahora más que pistas difusas. Para hacerlo, aprovecharon los signos que utilizaban los pueblos iberos, vecinos del este.
Aunque se presentó al público en noviembre de 2022, la mano de bronce había aparecido en junio de 2021. La descubrieron durante las excavaciones que desde hace años impulsa el Ayuntamiento de Aranguren y ejecuta la Sociedad de Ciencias Aranzadi, para sacar a la luz un poblado del siglo I antes de Cristo, que debió de ser una población de importancia en la época, comparable a lo que significa Pamplona en la actualidad. Desapareció precisamente en ese siglo I antes de Cristo, incendiado en el marco de la guerras sartorianas, un conflicto intestino entre los romanos que ya se habían hecho con buena parte de la Península Ibérica y que llevó a los poblados a forjar alianzas, y jugarse su suerte, con un general o con otro.
Una aparición como la mano hubiese sido llamativa en cualquiera de los casos, pero se convirtió en sobresaliente cuando se vio que tenía grabados 40 signos, cuatro líneas, cuatro palabras escritas con el signario ibérico, siempre difícil de descifrar. 
Además, en su tercera línea se puede leer una ‘T’, un signo que los iberos no utilizaban pero que sí se ha encontrado en monedas vasconas. Eso se explica, dicen los expertos, si los autores de esa pieza de bronce utilizaron los signos ibéricos para dejar escrita su habla propia, el vascónico. 
Y confirman esa sospecha gracias a la primera palabra, la única que han conseguido entender: ‘Sorioneku’, muy similar al ‘zorioneko’ del euskera, ‘de buena fortuna’ en castellano. Una palabra de buenos deseos que cuadra con aquello para lo que la mano servía: un tipo de adorno, de amuleto incluso, que se colocaba en la entrada de la casa para desear buena fortuna a sus habitantes o recibir con buenos modos a los visitantes.
La mano de Irulegi dice mucho para la historia. Pero no lo dice todo. Javier Velaza, uno de los expertos en lingüística que participó en la investigación posterior al descubrimiento, deja claro que las inscripciones de la mano no revelan el origen del vascónico, no desvelan desde cuando estaba en estos territorio ni qué extensión pudo alcanzar su habla. 
Tampoco desentrañan cómo ese vascónico pudo evolucionar a lo largo de los siglos y convertirse en el euskera que dio sus primeros testimonios extensos en los siglos XV y XVI. Los misterios del vascónico siguen ahí. Quién sabe si los aclararán nuevas ‘manos’ que se desentierren en el futuro.
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