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Katixa Agirre: "Si no hay cambios, cuatro locos como Musk nos exprimirán"

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La escritora vasca Katixa Agirre ha publicado recientemente "De nuevo centauro'Ainhoa Resano
Publicado el 27/11/2022 a las 13:00
Después del éxito de la novela 'Las madres no', de la que Mar Coll está preparando una película, la escritora Katixa Agirre pergeñó 'De nuevo centauro', un artefacto literario con el que viaja a un futuro cercano, dominado por lo virtual, aunque los problemas reales sean los de siempre.
En una entrevista con EFE, la autora vasca sostiene que, aunque el marco temporal de las dos obras sea distinto, en su último título sigue abordando cuestiones que le preocupan hace años, desde la maternidad y la muerte al uso que se da a las nuevas tecnologías.
Escrita originalmente en euskera como todas sus obras, 'De nuevo centauro', publicada en castellano por Tránsito y en catalán por "La Segona Perifèria", está protagonizada por Paula, una mujer, como todos los humanos de su sociedad, pegada a unas gafas OFtal, que viaja a París para desarrollar un proyecto de metaverso sobre Mary Wollstoncraft, feminista y madre de Mary Shelley, creadora de Frankenstein.
Paula, casada y madre de tres hijos, piensa mucho en la muerte, algo que Agirre reconoce que está en sus historias, en un momento del capitalismo en el que "se nos dice que la tecnología lo podrá todo y aparecen las corrientes del transhumanismo y del posthumanismo, que apuntan que siendo seres de conciencia digital plena, una vez liberados de nuestro cuerpo, podremos ser inmortales".
Con la novela, quería poner negro sobre blanco "esa idea de que se puede superar a la muerte gracias a la tecnología", advirtiendo que no se coloca ni en un polo ni en el otro, aunque "no es una obra neutral", porque intenta "mostrar todos los matices, ya que gracias a la tecnología vivimos en muchos sentidos mejor que nuestros antepasados".
A modo de ejemplo, rememora: "Hace unos días me sacaron una muela y estuve contenta de que me aplicaran anestesia o cuando parí pensé en que antes muchas mujeres morían de cesárea o por infecciones".
Por todo ello, resume, con esta historia se trataba de mostrar lo bueno del progreso y "también que hay un lado oscuro, muy oscuro y que puede ir a más".
A su juicio, hay aparatos como el hoy omnipresente teléfono móvil que "de por sí no son malos, lo que hay que cambiar es que algunas de sus aplicaciones están diseñadas para generar unas dependencias tremendas. Esto es lo que sí se puede y debe cambiar: quién está detrás de esta tecnología, quién la crea y para qué".
"Ahora mismo -prosigue- lo que está pasando es que cada vez damos más datos nuestros y pasamos más tiempo conectados, con lo que hay quien se está lucrando como no se había visto nunca antes. Eso es lo que hay que cambiar, porque si no vamos a que haya cuatro locos, tipo Elon Musk, que no van a pararse ante nada, que nos van a utilizar como quieran hasta que nos expriman del todo al resto. En esto soy muy crítica y es donde digo que por ahí no podemos seguir".
Fascinada por la figura de Mary Wollstonecraft, es por ella que la novela transcurre en París, ciudad donde la británica llegó sola y vivió los momentos más dramáticos de la Revolución Francesa, y por la que crea al personaje de la joven Max Dox, que acabará teniendo una estrecha relación con Paula, especialmente en un antiguo ascensor de las Galerías Lafayette, convertidas en la antiuniversidad.
Katixa Agirre asegura que Max Dox representa el porvenir, alguien que "enseñará a Paula que hay un camino que no pasa por la alienación total a través de la tecnología, por seguir alimentando al monstruo, sino por una resistencia a estar siempre en el metaverso, generando datos".
Con nuevas ideas en la cabeza, Katixa Agirre avanza que querría trabajar en una historia basada en hechos reales sobre una red de espías de mujeres que hubo en el País Vasco al finalizar la Guerra Civil.
Sobre el hecho de escribir en euskera y que en esta lengua se acabe de descubrir una inscripción de más de 2.000 años de antigüedad, la escritora sostiene que lo que más le interesa es "la salud actual de la lengua y el seguir resistiendo ante unas corrientes históricas que nos deberían haber arrasado hace tiempo".
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