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Historia

Nellie Bly contra Phileas Fogg, el duelo entre literatura y realidad que bendijo Julio Verne

La pionera del periodismo de investigación en Estados Unidos se embarcó en un viaje alrededor del globo para superar el récord establecido en 'La vuelta al mundo en 80 días'

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Nellie Bly, a finales de la década de 1880Wikipedia
Actualizado el 06/09/2022 a las 15:40
Una mujer revolucionó a finales del siglo XIX el periodismo de investigación en Estados Unidos: se infiltró en el asilo de mujeres dementes de la isla de Blackwell durante diez días y denunció en el New York World, de Joseph Pulitzer, los abusos que sufrían las internas. Ella era Elizabeth Jane Cochran, pero firmaba con el seudónimo de Nellie Bly. Por ese nombre se le recuerda.
Nellie Bly había puesto el listón muy alto con su fantástico Diez días en un manicomio y, sin embargo, consiguió superarse. Puso el ojo en la novela 'La vuelta al mundo en 80 días', que Julio Verne había publicado 16 años antes, en 1872, y se le ocurrió que podía batir al protagonista. A Phileas Fogg. Que era capaz de circunvalar el globo en menos tiempo.
La joven periodista le presentó su idea a Pulitzer, a quien le gustó el plan pero no que fuera una mujer quien lo llevara a cabo. Le parecía demasiado peligroso enviar a una mujer a países extraños; menos aún viajando sola. La respuesta de Bly fue un desafío: si mandaban a un hombre, ella saldría el mismo día y le vencería y, además, escribiría su triunfo para otro periódico. Pulitzer cedió.
El New York World alentó la expetación, organizando un concurso para que los lectores apostaran por Nellie Bly o Phileas Fogg. El premio para el ganador era un viaje por Europa. Pero esta estrategia puso en alerta a la competencia y el Cosmopolitan de Nueva York reaccionó enviando a su propia reportera a competir con Nellie Bly. La diferencia es que esta segunda periodista intentaría dar la vuelta al mundo en sentido contrario. 
Nellie Bly consiguió reducir su equipaje al mínimo, desmintiendo las maledicencias que aseguraban que una mujer sería incapaz de viajar sin enormes maletones repletos de ropa y artículos cosméticos. Y con lo puesto salió de Nueva York, del puerto de Hoboken, el 14 de diciembre de 1889. Embarcó en el Augusta, navío de la línea que unía América y Hamburgo, y comenzó un viaje de 24.899 millas. En seis días llegó a Inglaterra, al puerto de Southampton, donde tomó un tren a Londres. Después, pasó al otro lado del Canal de la Mancha por Calais.
Una vez en Francia, Bly recibió una invitación inesperada: el propio Julio Verne, el autor de la novela que ella no solo pretendía emular sino superar, le pedía que hiciera un alto en el camino y pasara por la ciudad de Amiens, en la que residía el genial escritor. Quería conocerla. ¿Cómo negarse? La joven aceptó sin dudarlo y así se produjo un encuentro que es historia de la literatura y del periodismo.
Verne le dijo que creía que la empresa no era posible. Aun así, le animó a que lo intentara y le aseguró que le felicitaría públicamente si conseguía superar a Fogg aunque fuera por un solo día. Bly salió de Amiens espoleada.
Fue a París y de ahí al sur de Italia, al puerto de Brindisi, donde embarcó en un vapor hacia Port Said, en Egipto. Atravesó el Canal de Suez, bajó por el mar Rojo e hizo escala en Adén, aprovechando que todo aquel  territorio dependía de facto del Imperio Británico. Su siguente parada fue Colombo, en la isla de Ceylan, y después Singapur, en Malasia. Hong Kong y Yokohama, igual que para Phileas Fogg, Passepartout y Aouda en la novela de Verne, también fueron paradas para Bly, de camino a San Francisco
A diferencia de los personajes de la novela, la periodista no vivió emocionantes aventuras en su viaje, aunque sí aprovechó para visitar una colonia de leprosos, comprar un mono en Singapur y reunirse con todos los diplomáticos que le salieron al paso. También se interesó por la situación de la mujer en los países que atravesaba y  los avances en los transportes. Todo ello quedó reflejado en el libro que escribió a su vuelta.
El cruce del Pacífico, aparentemente sencillo, fue más lento de lo esperado y cuando Nellie Bly desembarcó en San Francisco llevaba dos días de retraso respecto del plan previsto. Entonces, Pulitzer tomó cartas en el asunto: pagó un tren que debía cruzar Estados Unidos y lo desvió para que subiera hasta la Ciudad de la Bahía para recoger a la periodista.  Y así, el 25 de enero de 1890, después de 72 días, 6 horas y 11 minutos, llegó a Nueva York, batiendo a Fogg, a Verne y también a la periodista del Cosmopolitan, Elizabeth Bisland. Su experiencia quedó reflejada en un libro, 'Alrededor del mundo en 72 días', que ha servido para mantener viva la proeza de la mujer que desafió a la literatura. Y ganó.
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