Iñaki Urdiroz, propietario del Hostal Burguete, en el comedor junto al piano y el cuadro de Hemingway.	 JESÚS GARZARON
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Iñaki Urdiroz, propietario del Hostal Burguete, en el comedor junto al piano y el cuadro de Hemingway.	 JESÚS GARZARON

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El paraíso de Hemingway

En su libro ‘Fiesta’, el escritor cuenta acerca de Burguete y su paso por el río Irati. La pesca de truchas era uno de sus pasatiempos favoritos

Asier Aldea Esnaola

Publicado el 08/08/2022 a las 06:00

"Para mí, el paraíso sería una gran plaza de toros conmigo teniendo dos asientos de barrera y un arroyo de truchas fuera en el que nadie más estuviera autorizado a pescar”, escribió Hemingway desde Burguete a Scott Fitzgerald en una carta el 1 de julio de 1925. El escritor era un entusiasta de la naturaleza y gran apasionado de la pesca, lo que explica que cayera en “la tierra más malditamente salvaje de los Pirineos”, como él mismo la definiría. Miguel Izu explica, en su libro Hemingway en los sanfermines, que el novelista llegó por primera vez en el año 1924: “Acabada la fiesta, el 14 de julio la mayor parte de la cuadrilla -Stewart y Crystal Ross partieron hacia París - se reunió en Burguete (…) Según cuenta Morris, Hemingway ya había estado en esta localidad antes de los sanfermines para buscar a Dos Passos y a Crystal Ross”. Se hospedaron en el Hotel Burguete, que todavía permanece abierto -ahora llamado Hostal Burguete -, regentado por Iñaki Urdiroz, bisnieto de Victoriano Urdiroz y Marieta Apat, propietarios del hostal en aquellos años. El gusto del escritor por este pueblo quedó reflejado en su obra Fiesta. En el capítulo once, el protagonista, Jake Barnes, emprende un viaje junto con su amigo Bill Gorton desde Pamplona hasta Burguete, desde donde parten a la mañana siguiente para dirigirse a pie hasta el río Irati a pescar truchas. Hoy Burguete se alza como uno de los lugares más emblemáticos de Navarra por los que paseó el escritor.

PRIMERO BURGUETE

Burguete es un pueblo pirenaico atravesado por la N-135, una carretera estrecha que sube para Francia, lo que le convierte en un camino para ir de un país a otro; un lugar de paso, de intercambiar productos, y por el que los camiones deben maniobrar con habilidad la falta de espacio. Así describía Hemingway esta localidad a su llegada: “El autobús entró en un trecho recto de carretera que se adentraba en Burguete. Pasamos un cruce de caminos y un puente que salvaba un riachuelo. Las casas de Burguete estaban a uno y a otro lado de la carretera. No había bocacalles” (Fiesta). Han pasado casi cien años desde aquella descripción y hoy día parecería actual, aunque ahora existen unas pequeñas desviaciones por las que se puede acceder al interior del pueblo. En una de esas casas “a uno y a otro lado de la carretera”, está sentada en un banco Josefina Sagüés, una mujer de noventa años. Desde que nació visita todos los veranos el pueblo.

-Lo que sé de Hemingway es de oídas. Que yo sepa iba a pescar truchas al Irati, comilonas, mucho vino y mucha alegría. Unas temporadas vinieron unas excursiones muy importantes, gente con economía, creo que eran ingleses y hacían la ruta Inglaterra-sur de Francia y venían a Burguete para ver dónde residía Hemingway. Recuerdo que les sacaban la cena que decían que cenaba él. Era sopa de verduras y trucha con jamón. Los americanos hacían fotografías, estaban encantados.

Hablando con los vecinos, el conocimiento que se respira sobre Hemingway parece exiguo, como un rastro que se ha perdido; del que solo quedan algunas huellas borrosas e inconexas a las que agarrarse. Una vecina de Burguete comenta lo siguiente:

-Hay gente que lo recuerda, pero muy poca. En el pueblo no se habla de él. Vamos, yo no he oído nunca una conversación. Mis padres nunca me han hablado de él. Se sabe que estuvo aquí, más bien de paso, pero no conozco a nadie que haya tenido algún contacto o que pueda decir alguna característica que no se sepa de él. Lo que sí, ahora se está tratando de buscar datos y también personas que hayan podido conocerle o que sepan algo de él.

Producto de esa búsqueda de datos surgió una exposición en la Casa de Cultura de Burguete llamada Hemingway Euskal Herrian Erakusketa, organizada por el Ayuntamiento de Burguete y el Ateneo Navarro, que permaneció abierta durante el mes de julio.

-Era el paso de Hemingway por Euskal Herria y esa relación que tuvo con la comunidad vasca. Eran fotografías, textos y algunas vitrinas con los libros que había escrito. El objetivo era despertar el interés por esa figura que vino a nuestro pueblo -explica Josepe Irigaray, alcalde de la localidad-. Burguete lo tenía como centro de operaciones de la zona, estaba alojado en el hotel y se movía por los alrededores.

Además de este interés por el escritor, algunas personas del pueblo no albergan una especial simpatía por él. Este es el caso de Julio.

-Yo creo que era un escritor bueno, pero tanto como para un Nobel no; un escritor decente, profesional, escribía bien, pero yo creo que estaba un poco sobrevalorado. Pero, claro, eso va también un poco en función de que no me cae excepcionalmente bien y a lo mejor mi opinión está medio ácida por eso.

-¿Y por qué?

-Pues no lo sé. Creo que era una persona un poco superficial y egoísta, que se aprovechaba de la gente para vivir un poco por encima de sus posibilidades, que le invitasen en todos los sitios.

-¿Cree que le ha hecho bien al pueblo que se le relacione con el escritor?

-Eso no influye gran cosa, quizá superficialmente, pero un pueblo está por encima de todo eso. Sobre todo, estos pueblos del norte que son tradición. A Hemingway no hay que sobrevalorarlo en absoluto, aquí ha habido gente también importante, no a ese nivel, pero sí nacional: médicos, escritores, pintores… Primero Burguete y después Hemingway. Es más, yo pondría personajes quizá con menos calado internacional, pero mucho más calado humano y con más relación con Burguete que Hemingway.

LA POSADA DE LA MUJER ENTRADA EN CARNES

“La mujer entrada en carnes que llevaba la posada salió de la cocina y nos dio la mano a los dos. Se quitó las gafas, se las limpió y se las volvió a poner. Hacía frío en la posada, y fuera empezaba a levantarse el viento. La mujer mandó a una chica al piso de arriba para que nos mostrarse la habitación” (Fiesta). Aquella posada a la que se refiere el escritor es el Hostal Burguete y “la mujer entrada en carnes” es muy posible que fuera Marieta Apat, propietaria del hostal junto a su marido Victoriano. Hoy este local lo dirige su bisnieto Iñaki Urdiroz, quien mantiene la tradición familiar de hacer del lugar un recuerdo del paso de Hemingway. Tanto es así que dicen conservar la habitación que se describe en la novela. Además, en el comedor, pegado a una de las paredes, se encuentra un viejo piano de madera que contiene una inscripción tallada que reza lo siguiente: “E. Hemingway 25-7-1923”. Autores como Miguel Izu sostienen que Hemingway no puedo ser el autor de la inscripción.

-Tocaba mucho su primera mujer y un amigo, pero él no tocaba -comenta Urdiroz.

El piano se trata de uno de los mayores atractivos para los extranjeros.

-Los peregrinos americanos solo quieren ver el piano de Hemingway. En cambio, los coreanos sí que se interesan por la habitación.

-¿Viene mucha gente preguntando por el escritor?

-Demasiada -ríe Urdiroz-. La habitación de Hemingway es la más pedida por extranjeros, sobre todo coreanos, japoneses, canadienses y estadounidenses, también sudamericanos: mexicanos y argentinos. En cambio, los europeos no: un francés no te pregunta por Hemingway ni queriendo; españoles tampoco. Algún inglés tal vez.

Al lado del piano hay un cuadro colgado en la pared con el busto del premio Nobel que le proporcionó un hombre en Cuba que había tenido trato con el escritor.

-Allí en La Habana, los que siguen a Hemingway, no saben dónde está Burguete, pero les dices el nombre y saben que te refieres a él. Lo viven muy dentro.

-¿Qué le gustaba comer a Hemingway?

-Le gustaba mucho la trucha, además aquí las truchas salmonadas eran truchas hermosas. Luego comía también mucha carne: cordero, guisados, pollo, conejo. Decía que aquí se comía mejor que en Francia.

nscripción en el piano del Hostal Burguete.	 JESÚS GARZARON
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Inscripción en el piano del Hostal BurgueteJesús Garzaron
nscripción en el piano del Hostal Burguete.	 JESÚS GARZARON

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SIN TRUCHAS

Hemingway pasó largas horas con su caña de pescar en el río Irati en las cercanías de Aribe, aquel “terso delantal de agua”, como contaría, que gozaba de una gran cantidad de truchas. “Hay tantas que salen”, comenta Jake. Hoy este río color esmeralda dista mucho de aquella abundancia de años anteriores. Un informe elaborado por el Área de Gestión Piscícola de Gestión Ambiental de Navarra S.A. revela que en el año 2021 la población de truchas en Aribe “continúa siendo débil”, aunque ha habido una mejora con respecto al informe de 2020 y años anteriores. “La producción de alevines ha conseguido rozar el umbral de densidad mínima establecida, después de cuatro años por debajo. Las fracciones superiores de juveniles y adultos siguen progresando lentamente con una tendencia positiva, pero todavía se encuentran lejos de sus correspondientes umbrales de densidad mínima”, detalla el estudio. El paraíso de Hemingway convertido en terrenal. Mientras tanto, en Fiesta Jake pesca una nueva trucha.

El río Irati cruza el pueblo de Aribe.	JESÚS GARZARON
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El río Irati cruza el pueblo de AribeJesús  Garzaron
El río Irati cruza el pueblo de Aribe.	JESÚS GARZARON

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