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Nueva serie

Joyas desubicadas: patrimonio que cambió de lugar en Navarra

Este sábado arranca una serie sobre los bienes que se crearon para una localidad y terminaron en otro sitio dentro de la Comunidad Foral

Ampliar Arqueta de Leire (1004), que pasó del monasterio a Sangüesa, catedral de Pamplona, Diputación y Museo de Navarra
Arqueta de Leire (1004), que pasó del monasterio a Sangüesa, catedral de Pamplona, Diputación y Museo de NavarraJesús Garzaron
  • Ricardo Fernández Gracia
Publicado el 16/07/2022 a las 06:00
El año pasado se dedicó, en este periódico, una serie de once capítulos al patrimonio navarro exiliado fuera de sus fronteras. En esta ocasión el protagonismo va a ser para una serie de bienes culturales que ya no están en el lugar para el que se realizaron, por diversas circunstancias, aunque todos ellos se localizan dentro de las fronteras forales.
Muchos espacios configurados como realidades vividas, con su decoración y amueblamiento, dejaron de serlo cuando se desvincularon de sus entornos obras de arte que hoy se encuentran en otros ámbitos, como salas de museos.
En los bienes eclesiásticos, de ayuntamientos y otras corporaciones, el rastreo resulta fácil por estar abiertos al público y por contar con diversa documentación. Sin embargo, el seguimiento de las colecciones particulares resulta muy difícil por el carácter familiar de las mismas y la supresión de los mayorazgos en el siglo XIX.
LA GRAN CONMOCIÓN CON LA DESAMORTIZACIÓN DECIMONÓNICA
Las consecuencias de la desamortización y exclaustración supusieron un auténtico desastre para los edificios y, más aún, para la mayor parte de sus ajuares. De los pocos que se salvaron, algunos fueron a parar a distintos templos. Retablos, sillerías de coro y otras piezas de amueblamiento se salvaron por haberlos pedido párrocos y otras comunidades que habían perdido en la Guerra de la Independencia sus enseres. En algunos lugares el traslado vino motivado por la supresión de algunas parroquias a consecuencia de los nuevos planes beneficiales, como ocurrió en Tudela.
A los retablos dedicaremos un par de capítulos, otros a conjuntos pictóricos o arquitectónicos y las artes decorativas, las grandes paganas por su vulnerabilidad y por la rentabilidad de vender la plata y el oro. Grandes perjuicios sufrieron las sillerías de coro. Apenas se salvó en su integridad la de Leire -hoy, de nuevo en el monasterio-. Las de la Oliva, Antonianos de Olite y parte de la de Irache, se reubicaron en Olite, Valtierra y Dicastillo.
Por aquellas mismas fechas, la supresión de los mayorazgos que llevaban anejos bienes de gran valor, como retratos, cuadros de diferente temática o joyas, hizo que las ventas de los mismos experimentasen un gran crecimiento para sanear economías maltrechas a raíz de los grandes cambios sociales, saliendo de las mansiones en donde habían pasado siglos. Si a eso añadimos el que muchos nobles emparentaron fuera y sacaron su patrimonio con destino a la corte, nos explicamos cómo a día de hoy es muy difícil el conocimiento de todo aquel acervo.
MUSEOS, DESPOBLACIONES Y CIERRES DE SECULARES TEMPLOS
A fines del siglo XIX, cuando se fue realmente consciente de las desastrosas consecuencias de la desamortización y exclaustración para el patrimonio cultural, la Comisión de Monumentos de Navarra veló por la salvaguarda de muchos objetos dentro de la provincia. En 1910 se creó el Museo Arqueológico en la Cámara de Comptos. Más tarde, en 1956, se inauguraba el Museo de Navarra y, por último, el Museo Diocesano que abrió sus puertas en julio de 1960. Otras tentativas no tuvieron éxito, de momento, como el que se planteaba en la catedral de Tudela en 1967, con el apoyo del Ministerio de Información y Turismo. Con el paso del tiempo, diversas instituciones y entidades abrieron otros, como el monasterio de Tulebras, Gayarre en Roncal, Corella, Roncesvalles … etc. De todos ellos, el de Navarra y el Diocesano de Pamplona fueron los que recogieron patrimonio cultural de diversas localidades y procedencias. No faltaron otras reubicaciones, como el retablo mayor de la catedral que pasó a la parroquia de San Miguel de Pamplona, tras años de almacenamiento y diversas ofertas desde Cascante o Calahorra.
Al Museo de Navarra llegaron piezas emblemáticas como la arqueta de Leire. Esta pieza había sido trasladada a Sangüesa, tras la desamortización de Mendizábal y posteriormente, en 1865, a la catedral de Pamplona. En 1947 pasó a Diputación y en 1966 al Museo. A esta institución llegó un gran conjunto de pinturas murales, de las que dio cuenta Carlos Martínez Álava en este mismo periódico el pasado 9 de mayo de este mismo año. Otra de las piezas sobresalientes del mismo Museo, el retrato del marqués de San Adrián de Goya, fue adquirido por la Diputación Foral en 1953 por dos millones de pesetas, se integró en 1966.
El Diocesano de Pamplona se nutrió tanto de fondos catedralicios, como de diversos objetos recogidos de diferentes pueblos.
Un nuevo panorama en la reubicación de piezas artísticas singulares se viene creando actualmente a raíz de la despoblación y el cierre de algunos conventos. Sus retablos y piezas de ajuar litúrgico se han reubicado, como veremos en uno de los artículos de esta serie, en diferentes parroquias de la archidiócesis de Pamplona.
Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro. Universidad de Navarra.
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